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Comelibros 2016.

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Como todos los años, corresponde dar cuenta de las lecturas efectuadas en el periodo. Me gusta, porque mantiene al día la memoria de los libros que llenaron mis horas de esparcimiento y refresca los recuerdos de los que me parecieron los mejores.

Comenzó el año con La Cena Secreta, de Javier Serra, interesante análisis del cenáculo de Milán, no exento de intriga y misterio. Me gustó. Vino después el interés de develar personalmente un mito y ataqué las famosas Cincuenta Sombras de Gray, de E. L. James, deseoso de conocer las razones de tanto revuelo. Me desilusionó. Demasiado sexo, el marqués de Sade aparece como un aprendiz balbuceante al lado de este autor. Y un final previsible, otro habría sido absurdo. Me sumergí en Las Cuevas de Perigord de Marten Walker, para apaciguar la líbido, disfrutando este entretenido relato que explica, noveladamente, el origen de las cavernas paleolíticas del sur de Francia y sus pinturas rupestres. En marzo fue El Verbo Kaifman, de Francisco Ortega, en el cual un buen tema es capaz de terminar en lo fantástico más allá de lo creíble. La Verdad de las Mentiras, de Mario Vargas Llosa me reconfortó con el placer de leer a este Premio Nóbel una vez más. Demoré un poco en digerir El Origen de las Especies y la Selección Natural de Charles Darwin, en versión de e-book, pero fue una deuda que tenía con él que dejé saldada. Un librito que compré en Granada en el 2002 y que tenía pendiente, fue la siguiente elección, obviamente Cuentos de la Alhambra de Washington Irving. Seguí con Fin de Fiesta de Beatriz Guido y a mediados de agosto leí, al fin, a Nicolás Machiavello y su genial El Príncipe, que resultó menos truculento que lo esperado, dada la mala fama de este autor renacentista. Los consejos que da al gobernante, supuestamente a César Borgia, son lógicos bajo el contexto medieval de esos años.  Interesantes aventuras en oriente, con reminiscencias de Sandokán, en El Halcón de Siam de Axel Aylwen, seguido de El Turista Accidental de Anne Tyler. Estuve de viaje por Italia y un crucero por islas griegas, con Efeso en Turquía y volví con ganas de leer algo liviano, encontrando en la relectura de El Conde de Montecristo de A. Dumas, una vuelta a los años juveniles. Para mi cumpleaños me regalaron Sonata del Olvido, el último de Roberto Ampuero, que quise despachar de inmediato. Me entretienen mucho los libros de Roberto. Y para terminar, con una colita para enero, Educación Sentimental de Gustave Flaubert, un poco pesado, muy de época y muy parisiense de mediados del siglo XIX. Pero, en fin, también es necesario leer a los clásicos de vez en cuando.

Eso es todo a-a-a-amigos. Hasta fin de año

 

 

E-books: no hay excusas para no leer.

ebookDesde que era un adolescente me preguntaba por qué no había libros importantes que vinieran en un formato fácilmente asequible para jóvenes con recursos limitados. Veía que siempre se privilegiaba los grandes volúmenes lujosamente empastados, en cuero o tela, pesados y más propios para estar decorando bibliotecas que para leer con soltura. Sigue leyendo