Una excursión al corazón de Gales (Wales).

El país de Gales forma parte de Reino Unido de Gran Bretaña. Pero no es sinónimo de Inglaterra. Sus orígenes son étnicamente diferentes, ya que proviene de la cultura celta y no de la normando – anglo – sajona. Por eso los galeses tienen un fenotipo distinto y, hay que reconocerlo, también un comportamiento social diferente, más cálido, más natural, quizás algo más ingenuo, pero muy auténtico y amigable. Y el país está lleno de historias, muchas de ellas vinculadas a la paulatina dominación inglesa que quedó plasmada en los numerosos castillos que hacen a Gales ser conocido como “el país de los castillos”. 

La familia de mi esposa es originaria de Gales. Su bisabuelo migró hacia la colonia galesa que se estableció en el Chubut, Argentina, a mediados del siglo XIX. Luego pasó a Chile buscando mejores espectativas y recibió tierras en Nueva Imperial en una incipiente nueva colonia galesa, que lamentablemente no prosperó. Pero quedaron los descendientes de aquel colono.

Con la motivación principal de conocer y recorrer aquellos lugares que vieron nacer a los antepasados de ella, hicimos un viaje a Gales. Y este es el pequeño relato de ese encantador recorrido descubriendo gentes y lugares que están fuera del circuito turístico habitual y que pertenecen casi exclusivamente a quienes viven y desarrollan sus vidas en el corazón de Gales.

Después de pasar nuestra primera noche en un hotelito cercano a Heathrow, para sacarnos el viaje a Europa y dormir bien, volvimos al día siguiente al Terminal 3 donde está la Central Coach Station, para tomar un bus a Swansea, nuestra primera parada galesa. Da gusto tomar estos buses interprovinciales ingleses, de costo razonable y muy cómodos. El baño ocupa todo el ancho del bus al fondo y permite realizar desplazamientos y acciones diversas, como cambiar los pañales de un niño, por ejemplo. Y cuenta con todos los elementos sanitarios correspondiente en medio de una pulcritud admirable.  Viaje escénico a través de autopistas, entrando a Gales por el grandioso puente que cruza el Bristol Channel. “Croeso i Gymru”, nos recibe un gran letrero (bienvenido a Gales), con un Welcome to Wales en inglés en letras de menor tamaño, indicando ya que vamos a encontrar cosas diferentes después de atravesar esa frontera. Viaje escénico, con paradas en Newport, Cardiff y Port Talbot. Finalmente, después de unas cortas 4 horas, llegamos a Swansea. “Mar del cisne”o Abertawe en galés.

Antiguo y activo puerto, duramente bombardeado durante la guerra, es la segunda ciudad de Gales con 250.000 habitantes. Pulcra, amistosa, conserva con equilibrio los restos de su castillo, construido en el siglo XIII, y su área típica con  los nuevos desarrollos del litoral, donde destaca el Paseo Marítimo, a orillas de antiguas dársenas, y una gran playa a los pies de elegantes edificios de características vacacionales. La torre Meridian Quay de 107 metros y un restaurante panorámico en su último piso, es el edificio más alto de Gales. Mucho de su patrimonio cultural gira alrededor de la figura de su insigne poeta Dylan Thomas, que cuenta con todo un centro cultural dedicado a él.  A fines del siglo XIX Swansea era un importante centro de elaboración de cobre, mucho del cual provenía desde Chile. Visitamos su pintoresco mercado, en el mismo centro cívico, el Gran Teatro y caminamos todo el paseo costero hasta llegar al hotel Ibis donde estábamos alojados.

Tomamos un tren al interior, llegando a Llandovery, comenzando nuestra expedición hacia Llanddeussant, lugar de origen de la familia de mi esposa. Pueblo pequeño, tranquilo, pero con personalidad y estilo propios. Nos alojamos en Castle Hotel, el mejor del lugar, donde se respira aún cierto aire medieval con gran chimenea de piedra. En este punto del viaje nos encontramos con nuestro hijo, con quien seguimos el resto del viaje. Una buena amiga, Karen Edwards, nos sirvió de guía y anfitriona de todos los paseos que hicimos desde aquí. Betlehem, Twynllanan, Pont Aber, T’yr Eglwys, Llanddeussant y comprando obsequios en un anticuario notable en Llangadog.

Al día siguiente fuimos a explorar al norte de los Brecons, llegando a Builth Wells, pueblo victoriano con mucho carácter, hermosa iglesia y cementerio. En la ruta nos detuvimos para conocer la mansión de Lord Ashley, marido de Laura Ashley, decoradora de fama mundial, hoy convertido en un hotel encantador: Llangoed Hall. Seguimos hacia Hay-on-Wye, la ciudad de los libros, con más de cien librerías de todo tipo, lugares de venta popular de self-service, un castillo y gran ambiente, muy visitado los fines de semana por todos los amantes de la literatura. Seguimos a Brecon que posee una gran catedral, sobredimensionada para el tamaño del pueblo, donde hay una sequoia gigante de 3 m de diámetro en el cementerio aledaño. Al otro día visitamos la casa natal y vivienda actual de la familia de William Wlliams Panticelyn, poeta, escritor y compositor de himnos religiosos de gran difusión en la Iglesia Metodista, pudiendo compartir con Cynthia, una de sus descendientes directas, quien conserva intactos sus muebles y útiles personales en su gabinete privado. La iglesia memorial en su honor en Llandovery bien vale una visita.

Grandes recuerdos de esta zona, totalmente fuera de los circuitos turísticos y por eso mismo resultando una experiencia auténtica y con gran sabor local, compartiendo con los sencillos, educados y afectuosos habitantes.

Seguimos ruta en un bus de recorrido local muy económico hasta Carmarthen, donde aprovechamos de visitar el castillo y el monumento a Merlín, tallado en un tronco natural. Un segundo bus nos llevó a Aberystwyth, en la costa, simpático pueblo donde Ceris, un amigo galés, nos esperaba para llevarnos al hotel Cardigan, en plena costanera. Hermoso lugar con muchos puntos de interés, como el castillo, la antigua universidad, el original museo instalado en un viejo teatro y la notable aventura de explorar las Cambrian Mountains en el tren turístico a vapor al Valle de Rheidol, visitando el Devil’s Bridge, una de las locaciones de la serie policial galesa Hinterland.

Y nos despedimos de Gales al día siguiente tomando un tren a Liverpool. Y esa ya es otra historia.

 

 

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