Ciro, el primer mesías.

Ciro el Grande

Nombre de origen persa que se escribe igual en Español, Aragonés, Gallego, Italiano y Portugués. Significa “gran señor, gran rey, sol” y probablemente deriva del persa antiguo “khuru” o trono. Y efectivamente correspondió al gran emperador persa del siglo VI AC (559-529) que llegó a gobernar el más grande imperio de la Antigüedad, el Aqueménida, que se extendía 3.220 km por la meseta de Irán, Asiria, el imperio babilónico y Lidia. Y tengo el orgullo de llevar este nombre.

Pero el gran Ciro no sólo fue un conquistador victorioso, sino que fue también un gobernante sabio y magnánimo. Supo respetar la cultura de los vencidos y dejar que siguieran sus religiones y costumbres. Más que un conquistador se consideraba un libertador, pues liberaba a los pueblos de gobernantes déspotas y crueles, como era costumbre en muchos territorios de Medio oriente. Ciro no se entrometió en la religión de los pueblos conquistados debido a que era observante del mazdeísmo (religión oficial persa desde Darío I) promovía la tolerancia y el respeto a otros credos sin imposición de creencias de ningún tipo. En el sistema de gobierno de Ciro, designaba sátrapas (o delegados provincianos) que lo representaban en cada territorio conquistado y tenían presencia en las decisiones de los gobernantes locales, sobre todo en cuestiones administrativas, legislativas y culturales. De acuerdo al historiador Jenofonte, el primer sistema postal fue idea de este notable emperador para tener comunicadas sus provincias y bajo control a todos sus sátrapas. Ciro es retratado por este historiador y por Herodoto como un gobernante honesto, un gran líder y un hombre generoso y benevolente. Los helenos, a quienes conquistó, lo llamaban “Dador de leyes” y los hebreos lo consideraban un “Ungido del Señor”.

Analicemos este último punto. Según la Biblia, Ciro es el único gentil (no judío) que mereció el nombre de “mesías” o ungido de Jehová (una forma de la palabra hebrea ma·schí·aj, mesías, y de la palabra griega kjri·stós, cristo). Esto parece ser de la mayor relevancia, a mi juicio. Deriva de su conducta benevolente, pues al abolir la esclavitud permitió la liberación de los 40.000 judíos que se encontraban prisioneros en Babilonia desde los tiempos de Nabucodonosor, setenta años atrás. Y esta liberación, a través de un decreto conocido por las evidencias arqueológicas, permitía a los judíos volver a su tierra en Judá y reconstruir el Templo de Jerusalén, arrasado por los babilonios. Pero esto no sería tan espectacular si no fuera QUE HABIA SIDO PROFETIZADO 160 AÑOS ANTES POR EL PROFETA ISAIAS. Veamos los aspectos centrales de esta profecía:

Tomo el texto de mi Sagrada Biblia, Nácar y Colunga, Madrid, 1959, en Isaías 44:26-28 y 45:1-6. Dice así: “26…pero mantengo las palabras dadas a mis siervos y cumplo los designios revelados a mis mensajeros. Yo digo a Jerusalén: serás habitada; y a las ciudades de Judá: sereís reedificadas, yo levantaré sus ruinas. 27. Yo digo al abismo: sécate, y deseco sus aguas. 28. Yo digo a Ciro: tú eres mi pastor, y él hará lo que yo quiera. Yo digo a Jerusalén que será reedificada y que su templo será reconstruido. 45:1. Así dice Yavé a su ungido, Ciro, a quien tomó de su mano para derribar ante él las naciones, para desceñir la cintura de los reyes, para abrir ante él las puertas y dejarle libres las entradas.2. Yo iré delante de ti y te allanaré los caminos montuosos. Yo romperé las puertas de bronce y arrancaré los cerrojos de hierro; 3. Yo te entregaré los tesoros escondidos y las riquezas enterradas, para que sepas que yo soy Yavé, el Dios de Israel que te llamó por tu nombre. 4. Por amor de mi siervo Jacob, por amor de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre y te he dado un nombre glorioso, aunque tú no me conocías; 5, soy yo, Yavé, no es ningún otro; fuera de mí no hay Dios. Yo te he armado, aunque tú no me conocías, 6, para que sepan el levante y el poniente que no hay ninguno fuera de mí”.

 Está muy claro en el texto bíblico, pero lo más fantástico es que casi ciento sesenta años antes de que ni siquiera naciese el rey Ciro, Dios le declaró al profeta Isaías que levantaría a este hombre, su pastor, para reconstruir la ciudad, aunque en los tiempos de Isaías, Jerusalén estaba prosperando y no sería destruida hasta 100 años después por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Esa sí que es profecía. Y lo que menciona sobre la conquista de Babilonia es digno de ser destacado, pues se escribieron con unos 200 años de antelación y, como ya mencionamos, unos 150 años antes de que Ciro naciera:

  • Un hombre llamado Ciro conquistaría Babilonia y liberaría a los judíos
  • El río Eufrates se secaría y permitiría el paso al ejército de Ciro
  • Las puertas serían abiertas
  • Los soldados babilonios no opondrían resistencia

Efectivamente, la estrategia de Ciro para tomar Babilonia, poco menos que inexpugnable por sus murallas y fosos, fue brillante. Según Herodoto, mediante un canal desvió las aguas del río Eufrates haciendo bajar su nivel hasta permitir que sus soldados vadearan el curso de la corriente, que pasaba por el centro de la ciudad, y penetraran por el lecho fluvial evitando las murallas. Las puertas de bronce (o cobre) que daban al río estaban abiertas y casi toda la gente estaba en el centro de la ciudad, puesto que se celebraba una fiesta y confiaban en la seguridad de las defensas. Jenofonte relata estos hechos más o menos de la misma manera, siendo tomada Babilonia casi sin resistencia. Los hechos se ajustaron maravillosamente al relato profético. Además, al decretar el fin del exilio judío, Ciro cumplió su comisión como ‘pastor ungido’ de Jehová para Israel. (2Cr 36: 22-23; Esd 1: 1-4), terminando con el cautiverio de 70 años ya profetizado por Jeremías (Jer 25: 12).

Cilindro de CiroMuchos de estos hechos aparecen relatados en una pieza arqueológica llamada “cilindro de Ciro”, cilindro de arcilla datado alrededor de 520 años AC y que contiene en caracteres cuneiformes acadio babilonio, una declaración del rey persa Ciro el Grande, donde legitima la conquista de Babilonia y toma medidas políticas para ganarse el favor de sus súbditos. Descubierto en restos de la muralla de babilonia por el arqueólogo Hormuz Rassam, se encuentra actualmente en el Museo Británico.

Pero el feliz hallazgo de esta afamada pieza tendría otras implicancias en la actualidad. Ciro liberó a los esclavos, declaró que todas las personas tenían el derecho a escoger su propia religión y estableció la igualdad racial. Éstos y otros decretos fueron grabados en el cilindro de barro y por eso este texto antiguo ha sido reconocido en la actualidad como el primer documento de los derechos humanos en el mundo. Está traducido en los seis idiomas oficiales de las Naciones Unidas y sus disposiciones son análogas a los primeros cuatro artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. De ahí que el Premio Nobel de la Paz 2003, la iraní Shirin Ebadi, en su discurso de aceptación, afirmó: “Soy iraní. Descendiente de Ciro el Grande. El mismo emperador que hace 2.500 años proclamó en la cumbre del poder que “… él no reinaría sobre un pueblo que no lo deseara”. Y se comprometió a no obligar a ninguna persona a cambiar de religión y fe y garantizó la libertad para todos. La Carta de Ciro el Grande es uno de los documentos más importantes que deberían ser estudiados en la historia de los Derechos Humanos”.

Notable, ¿verdad? Como mi nombre.

CIRO

 

 

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