Un fin de semana en la Ruta del Vino de Colchagua.


P1020121Desde hacía mucho tiempo que deseaba conocer Santa Cruz y las viñas del valle de Colchagua. Especialmente después que la cultura del buen vino se fuera imponiendo en Chile y nuestras capacidades de vinificación nos llevaran a un lugar de excelencia en el concierto mundial. Claro que contribuyen los terroirs, el clima, las cepas seleccionadas de uva y, especialmente, la osadía y capacidad de nuestros enólogos. 

P1020116bisTiempo atrás leí que en un concurso efectuado en Escocia para determinar qué vinos tenían la mayor cantidad de polifenoles y taninos, moléculas que son activas para bajar el colesterol y prevenir la formación de radicales libres en el metabolismo oxidativo, responsables del envejecimiento, un vino de Chile, más precisamente del valle de Colchagua, fue el ganador. Eso entrega a esta zona central de nuestro país un galardón muy bien merecido y transforma a este valle en un centro de excelencia en cuanto el tema vitivinícola se trata.

P1020111bisY esta temporada, fines de octubre, nos muestra una naturaleza llena de los más alegres colores,  con una abundancia y variedad de flores sorprendente, un gigante jardín que envuelve todo el paisaje. Hermosa temporada para visitar esta zona. Temperaturas templadas, muy agradables, ríos con buen caudal, parras en crecimiento que reverdecen los campos, aromas e insectos que cantan al nacimiento de la nueva vida.

P1020120bisDejamos la ruta 5 a la altura de Teno para internarnos hacia el mismo centro de la zona más huasa de Chile. Simpáticos poblados, como Chépica, nos van recibiendo en el trayecto, alegrando con floridos cercos y campos el paisaje que rodea el camino. Da gusto recrearse mirando, paseando sin apuro por esta ruta novedosa y tranquila. Al llegar a Santa Cruz, nos fuimos a nuestro albergue contratado por Internet. El hotel Casa de Campo, extraordinario lugar a 5 minutos del centro, donde nos sentimos como en familia junto a Armando Correa y Virginia García, sus dueños. Ricos y abundantes desayunos, gran entorno, amistosa y servicial atención de todos, al más puro estilo campestre de calidad. A nivel de futre, por supuesto. No cuenta con restaurante, por lo que fuimos a ambientarnos un poco con el centro y pasar a cenar algo al Club Social, tradicional lugar de encuentro de la ciudad, en plena Plaza de Armas, bien atendido, sobrio, buena alternativa de emergencia, pues atienden hasta tarde.

P1020134bisAl día siguiente hicimos nuestro pequeño tour de viñas, empezando por el Valle de Apalta, cuna de los mejores caldos. Allí Viña Montes fue un buen inicio, con excelente infraestructura y bello paisaje además de un simpático bistró donde es posible alimentarse. Compré algunos vinos Gran Reserva. Después la exclusiva Viña L’Apostole, lugar severamente controlado a causa de los estándares franceses que impone su asociación con una cadena exclusiva de hoteles boutique de Francia. Vinos premium muy caros, para los cuales no tengo paladar educado y sería un desatino invertir en ellos por ahora. Luego una vuelta a la ligera por Viu Manent, antigua familia de vinicultores venidos desde España hace 90 años que poseen una hermosa llavería antigua, buen restaurante y una historia rica de experiencias ¿Quién de aquéllos de nuestra generación no recuerda al huasito de la botellita amarilla que brindaba ¡salud!, con vinos Viú!? Y su distribución en garrafas que animaban asados y fondas. Eran otros tiempos, hoy hay otra tecnología y el arte del buen vino también se acomodó en esta viña. También visitamos la Viña Laura Hartwig, donde dimos un simpático paseo en coche a caballo con la compañía de don Jerónimo que documentó algunos aspectos de la viña y el lugar.

P1020141bisEspecial mención tiene el complejo desarrollado por el empresario Carlos Cardöen, quien, al decir de todos, ha cambiado el rostro de Santa Cruz y permitido el desarrollo de un polo turístico de excepción que atrae a cada vez más visitantes de todo el mundo. Es tan así que en un desayuno tuvimos oportunidad de compartir con un matrimonio que venía de Kenya. Primero, el museo. Creo que es uno de los museos más ricos y variados que conozco, contiene piezas notables, de múltiples aspectos de la historia y la evolución de animales, hombre, culturas y tecnología. Impresionantes testimonios del rescate de los 33 mineros de Copiapó, con recreación casi perfecta de su encierro y un detallado análisis técnico del rescate. Justo reconocimiento a una verdadera epopeya nacional. También impresiona la recreación perfecta del primer locutorio de Radio El Conquistador FM, primera emisora con este carácter en latinoamérica. La sala Darwin es muy meritoria y, algo sorprendente en todo el museo, no se observan guardias que controlen las invaluables colecciones. Seguramente hay métodos más modernos de control. Y todo el complejo está al servicio de la educación de los estudiantes santacruceños. En efecto, completas delegaciones lo visitan cada día con sus maestros.

P1020166bisLa Viña Santa Cruz, otra de sus inversiones, es en sí misma un lugar de peregrinación turística obligada. Situada a una media hora de camino hacia Lolol, la carretera debe atravesar una pequeña cuesta (La Lajuela) en medio de colinas cargadas de flores silvestres y espinos en flor, muy bellos, que dan al paisaje un tono oro viejo elegante y llamativo. El humilde espino, tan poco agraciado, saca sus mejores galas en estas fechas para demostrar que también puede participar en propiedad en el alhajado de la casa. La viña es todo un complejo organizado donde destaca el Museo del Automóvil, la casona y las bodegas, el restaurante, el cerro Chamán con su teleférico y muestra de culturas pre-hispánicas, el observatorio e impresionantes miradores P1020177bisdel valle. El Museo del Automóvil me trajo especiales recuerdos no exentos de emoción: allí había una camioneta Chevrolet 51 igual a la que manejaba mi padre en esos años (1951-52) en la cual íbamos a Valparaíso corriendo a 150 km/h en la recta de Casablanca. Una locura. También hay una citrola AX 330 de los años 70, igual a la que tenía mi tía Elvira Calderón en Viña del Mar y que me transportara más de una vez cuando iba de visita a su casa en Miraflores.  Un MG 1977 nos recordó nuestro primer auto, uno casi igual de 1974, azul, adquirido en el mineral de El Salvador, con el cual fui por primera vez a Santiago manejando solo. Las motos de Coco Legrand, en un anexo especial, dan un toque curioso a este museo.

P1020173bisAlmorzamos un día en el restaurante de César Antonio Santis (Familia Santis), ricas pizzas. Hicimos recuerdos de cuando tuvimos ocasión de compartir con él una vez en Temuco y Blanca en el Liceo 7 cuando él animaba eventos juveniles por allá por los 60. De regreso de la Viña nos fuimos a degustar unas carnes al Etiqueta Negra, simpático restaurante en medio del campo.

P1020170bisFue un fin de semana diferente y lleno de emociones. Con el placer de conocer un nuevo rincón tan bello de nuestro país. Y ver que se puede siempre mejorar lo que se tiene, sólo basta una idea buena, mucho empuje, un mecenas generoso y bien inspirado (nuestro país tiene a varios notables) y un pueblo cooperador y sano. Santa Cruz es uno de estos lugares. Fue una excelente elección para ir a celebrar los 70 años.

Y ahora a brindar con alguno de los buenos mostos traídos desde las bodegas santacruceñas.

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