Cómo viví el 27 F.

27 FHoy han pasado 5 años del terrible terremoto que nos acaeciera esa fatídica noche de febrero de 2010. Ceremonias de recuerdo y responsos por las 525 víctimas fatales y desaparecidos. Especialmente en las zonas más afectadas, en el epicentro, la Región del Maule costa. Aquí van algunas reflexiones personales frente a esta catástrofe que me tocó vivir en la ciudad de Temuco.Había ido a Temuco por razones de trabajo. Era un sábado y manejé todo el día desde Los Andes. Esperaba pasar un fin de semana tranquilo, descansado y visitando algunos amigos. Esa noche estaba finalizando el festival de Viña del Mar y cerraba Ricardo Arjona. En el lugar donde me alojaba había televisión por cable, así que me instalé cómodamente a ver el Festival, acostado, con un vodka tónica en el velador (suelo viajar con una petaca con algún licor por las emergencias), muy relajado. Como no me gusta mucho Arjona, decidí terminar mi bebida y disponerme a dormir. Total, había sido un día algo pesado con 10 horas de viaje en una carretera algo congestionada por ser fin de verano y de vacaciones de mucha gente todavía.

Me dormí pronto. Creo que el guatemalteco cantó como dos horas. Y terminó como a las 3:20 horas de ese 27 de febrero. Y a las 3:34 minutos desperté con el primer movimiento que fue aumentando bruscamente, haciéndome salir de la cama tambaleándome camino hacia la puerta, que abrí lo más pronto que pude, quedándome en el dintel. Me dí cuenta de inmediato que era un terremoto, el movimiento era muy fuerte, los ruidos de vidrios quebrados y de cosas que caen era manifiesto en mi habitación y en las vecindades, junto a gritos de terror y voces de alarma. Duró mucho, no terminaba nunca. Presagiaba un epicentro próximo, ya que en Temuco no suele temblar fuerte, el subsuelo en muy firme y no hay fallas, Y éste excedía cualquier otra experiencia que hubiera experimentado en mi vida, que no son pocas. Terremoto del 60, que me pilló en San Felipe y sólo fue oscilante en esa latitud, el del 75 en Santiago, el del 79
en El Salvador y Potrerillos. Todos ellos de magnitud sobre 7.

Quedé varado en Temuco hasta el jueves. Obviamente todas las actividades laborales quedaron suspendidas. En la ciudad y vecindades también hubo daños de consideración en escuelas, hospitales, aeropuertos, edificios y viviendas.  Las carreteras de conexión con el centro del país quedaron severamente comprometidas, especialmente varios puentes, y todos sabemos la precariedad de nuestras vías de comunicación a lo largo del territorio. Basta un evento desastroso para que la nación quede fragmentada por vía terrestre.  Escuchando una radio argentina de Tucumán en onda corta – siempre ando con una Sony pequeña, pero con siete bandas potentes – me informé que el epicentro había sido en la costa de Talca. Ellos también lo sintieron en Mendoza y San Juan. Muy preocupado por saber qué había pasado en mi casa y familia en Los Andes. Como a las cuatro de la mañana logré hacer contacto vía celular. Afortunadamente, sólo mucho susto y la caída de unas 40 tejas desde el techo. Allá se sintió sobre magnitud 7 y medio.

El jueves  partí de regreso, temprano, previniendo atascos, desvíos y exceso de tráfico. Hasta Mulchén, todo bien. Allí fui desviado hacia el interior. El puente sobre el Bío Bío en la 5 Sur había perdido sus terraplenes de acceso y estaba cortado. Mulchén mostraba daños, especialmente en sus construcciones de adobe, más antiguas, y se veía ya montones de escombros apilados en algunas esquinas. Tuve que manejar 28 km por un camino polvoriento y lento hacia Quilaco, donde había un puente viable. Cruzé hacia Santa Bárbara y regresé a Los Angeles para seguir ruta al norte, con otra pequeña demora en el puente Claro, cerca de Talca, por colapso de una de las vías. Fueron 15 horas de viaje para llegar a casita. Cansado como perro y muy preocupado por las consecuencias del terrible terremoto y maremoto.

Vino la reconstrucción. Dos palabras respecto a esto. Un reconocimiento, antes que nada, para el gobierno del presidente Piñera. Asumió 15 días después del brutal seísmo. Este comprometió desde la V hasta la IX regiones, donde vive el 75 % de la población del país, causando desastrosos daños a todos los niveles. Los gastos que involucraría la reconstrucción de este vasto territorio para rehabilitar servicios básicos, casi devastados en algunas localidades, como Constitución, por ejemplo, o Talcahuano, no podían estar en ningún presupuesto de la Nación. Sin embargo, en 4 años se logró la reconstrucción del 96 %, entregando obras que mejoraron definitivamente la calidad de vida de los afectados. El actual Gobierno dice que esas cifras son falsas, ya que sólo fue el 92,5 %. Esta crítica me parece una impudicia y de una insolencia grotesca.

El pueblo chileno es mal agradecido, ingenuo e infantil. Deslumbrados por eslóganes populistas y atraído por cantos de sirena trasnochados, no fue capaz de comprender el potencial efectivo de un gobierno de derecha para sacar a Chile de la pobreza y seguir acercándolo hacia el primer mundo. No lo re-eligió. Espero que no lamente su decisión, retrasando en 4 años estos procesos.

Después de un año, las diferencias ya son visibles y manifiestas.

 

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