Una excursión de verdadero relajo: cerro López, Bariloche.

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Estábamos de vacaciones en Bariloche, un lugar donde es imposible aburrirse, creo yo. El hotel Rupu Pehuén, en la Avenida de Los Pioneros, fue un lugar satisfactorio, sin el ruido citadino y en la ruta hacia las atracciones mayores de la localidad, cerro Otto, Catedral, Llao Llao…No era la primera vez que estaba allá y conocía bastante. Pero para sacarnos la tensión y fatiga del viaje desde Chile decidí contratar una excursión diferente, algo nuevo, para pasar un día grato con buenas vistas para tomar fotografías. Me puse de acuerdo con la agencia del resort y reservé en la excursión a Cerro López.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAl día siguiente, después del desayuno en una mañana radiante, de grata atmósfera sin viento, proyectando nuestras expectativas sobre el paseo, llegaron a recogernos a la recepción. Ibamos preparados, con ropa adecuada, sin olvidarnos de sombrero, gafas y una campera liviana para la tarde o para la cumbre del cerro, donde seguramente correría alguna brisa más fresca. Y ahí estaba el guía, Hindio, así con “h”, para diferenciarse de otros indios más vulgares. Claro que él tenía poco de aborigen. Como buen argentino que maneja el tema del turismo, tenía una buena percha e inspiraba confianza con un verbo envolvente y juguetón. Un verdadero guía de safari en la benigna selva patagónica lacustre. El vehículo propuesto para esta excursión era un viejo jeep inglés, un fornido Land Rover Defender, como el que fuera popular vehículo militar en los años 50. Verde, amplio, en buen estado pese a su edad, seguramente muy enchulado, pero impresionante. Jamás había andado en un aparato así. Entramos por el portalón trasero al área del habitáculo para los viajeros, compartiendo con una familia joven de vacaciones, proveniente de Buenos Aires. Duros asientos recubiertos con una colchoneta desgastada de un color indefinible, pero la impresión de lo que ya se estaba presentando con la excursión, no nos hizo reparar en menudencias.

llao-llaoHindio nos hizo presentarnos, creando un ambiente de camaradería de inmediato al hacer ingeniosos comentarios sobre los chilenos y los porteños. Resumió el trayecto a seguir: primero, un paseo agradable por el Circuito Chico, Llao Llao, lago Nahuel Huapi, con detenciones para tomar fotografías. Después, un paseo trepando a la montaña para llegar a la cumbre de Cerro López, tomar chocolate y caminar en los alrededores del refugio. Impresionante perspectiva. Al bajar, visita a Aldea Suiza y lago Perito Moreno. Partimos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASeguimos la avenida hasta Benito Book, donde bajamos hasta la avenida Ezequiel Bustillo, una costanera que va bordeando el lago Nahuel Huapi con muchas vistas a la playa, restaurantes, bares, hoteles, clubes, ventas diversas. El agua del lago se veía de color turquesa, con pequeñas olas en las zonas más alejadas del litoral que iban dejando rastros de espuma, como pinceladas blancas en un lienzo azul. Un verdadero relajo y regalos para la vista y el espíritu. Pronto llegamos a Puerto Pañuelo, en Llao Llao, pequeña y primorosa rada que hace honor a su nombre. Desde aquí parte el catamarán turístico que navega hasta el bosque de arrayanes e Isla Victoria (paseo muy recomendable que hiciéramos en otra ocasión), y se veía justo dispuesto a zarpar. Se despedía con sonoros toques de sirena. A la izquierda, el impresionante Gran Hotel Llao Llao, uno de los top 100 del mundo, con un club de golf de película. Al fondo, la imponente figura del Tronador, con sus glaciares eternos, en la frontera con Chile. Verdaderamente estos paisajes son postales inolvidables de una belleza majestuosa que te deja sin aliento.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASeguimos dando la vuelta hasta llegar al puente sobre el corto río que separa al gran lago del pequeño Perito Moreno, igualmente muy bello. Siguiendo su ribera sur, algo escarpada, nos acercamos a un cruce con un cartel que indicaba “Cerro López”. Hindio nos advirtió, en son de broma, que podíamos zarandearnos un poco en esta subida, ya que el camino era sinuoso y no en muy buen estado. Y que él era la primera vez que lo hacía…con una risotada que más que divertirnos nos dejó marcando ocupado. Una broma, por supuesto. Pocos conductores hay como él. Doblamos hacia la izquierda y nos adentramos por un sendero de ripio en medio de un bosque de coníferas. ¡Y aquí sí que empezó lo bueno!

OLYMPUS DIGITAL CAMERAHindio metió acelerador y empezó a trepar por el cerro sin importarle una higa el estado de los pasajeros. Esa era la adrenalina que hacía falta. Y comenzó a hacer chistes tales como “en la siguiente curva es cuando se suelen cortar los frenos” y paraba a centímetros del barranco, desde donde los lagos se veían allá abajo, lejos ya. O se encaramaba en la ladera del cerro con dos ruedas y nos hacía batirnos dentro como cubos de hielo en una coctelera. En otras ocasiones el trayecto era tan empinado que nos advertía que no siempre lograba subir…riendo después a mandíbula batiente. A ratos nos hacía sentir que estábamos en las manos de un loco del volante, un OLYMPUS DIGITAL CAMERAmoderno Goofy  transformado en un maniático suicida, lamentando habernos embarcado en esta nave desquiciada. Pero al final logramos llegar empolvados, pero sin un rasguño, a una pequeña explanada donde había una cafetería sensacional, ambientada con notable decoración montañesa, pintoresca y con una vista de película. Ideal para recuperar el ritmo cardíaco que en esos momentos estaba en franca taquicardia, pasar al baño y beber un refresco.” Hay que seguir un pequeño tramo más para llegar a la cumbre”, dijo Hindio con cara de villano de Bat Man. Pero este segmento ya fue más relajado, sin diabluras ni peripecias escalofriantes.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAArriba, un refugio de montaña típico alpino, con buen café y chocolate. Aprovechamos de tomar uno y deleitarnos con la vista de águila que es posible obtener en estos parajes. Caminamos un poco subiendo aún más, respiramos ese fresco aire de cordillera que solamente se encuentra en las alturas nevadas de Los Andes y fue nuestra recompensa por habernos atrevido a pasear con Hindio.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAl regresar, ya todos familiarizados un poco con el trayecto y en confianza con el conductor y guía, fuimos riendo y haciendo bromas. Cuando faltaban unas pocas curvas para llegar y aparecieron los pinos del bosque, Hindio dijo “voy a hacer un atajo, porque es tarde” y bruscamente giró el volante a la izquierda y se dejó literalmente caer de la cuesta a través del bosque sorteando los árboles a modo de un slalom demencial a una velocidad que nos pareció de una osadía irresponsable. Pero el hombre sabía lo que hacía y llegamos al cruce en unos pocos minutos, pálidos, sudorosos, con el corazón desbocado y espantados por esta última experiencia, algo fuerte para la que no estábamos preparados. Creo que Hindio recibió más de un insulto de algunos de nosotros, especialmente de las damas. Continuamos más tranquilos hasta Aldea Suiza, donde nos relajamos con otro chocolate y contemplamos a la luz del atardecer los magníficos campos de lavanda.

Fue un paseo especialmente relajador. Para botar el estrés del viaje a Bariloche. Después tendríamos que hacer otro paseo para botar el estrés del paseo a Cerro López.

Hindio, nunca te olvidaremos, tal por cual.

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