Bajar de peso, una ilusión…¿perdida?

gordo-flacoPienso que no, necesariamente. Tal vez muchos gorditos pudieran sentir que ya han tirado la toalla, creyendo que toda ilusión de adelgazar es solamente una quimera de sus estériles afanes. Pero mi experiencia me dice que la gran mayoría de aquellos quienes están sufriendo las horribles consecuencias de estar excedidos de peso, ya fuera en imagen corporal, discapacidades o salud, aún conservan la esperanza, no han perdido totalmente la ilusión de volver a verse esbeltos y saludables…aunque los resultados no sean los esperados. Todavía.  Y están dispuestos hasta a ejecutar acciones heroicas para lograrlo. Bien, acá va una meditación sobre esta epidemia que se expande más y más en forma peligrosa y desbordada: el sobrepeso y la obesidad. Y algunos consejillos prácticos, tips, les llaman, para ayudarlos a lograr el tan anhelado índice de masa corporal (IMC) menor de 24.

Todo lo referente al peso corporal, y por ende, al exceso de peso, tiene que ver finalmente con el postulado de la Primera Ley de la Termodinámica: “La Energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Justamente lo que ocurre con nuestro cuerpo: los alimentos traen la energía necesaria para mantener activos nuestros sistemas corporales, conciencia, pensamientos, movimiento…vida. De acuerdo a la pirámide de Maslow, quien estableció una escala de las necesidades del hombre, la base está constituida por las más elementales, que son las fisiológicas, indispensables para mantener la homeostasis del organismo, su equilibrio interno, la salud física. En una palabra, la supervivencia: AGUA, AIRE, ALIMENTO. Con estos tres elementos podemos mantener la vida, adquiriendo la energía necesaria para hacer funcionar todos nuestros sistemas corporales y metabolismo.

El alimento proporciona la energía base; el oxígeno es el elemento indispensable para la oxidación de los nutrientes y obtener así la energía utilizable que ellos traen; y el agua, base de los fluidos corporales que permitirán la movilización de todos los elementos y la eliminación de los residuos tóxicos. Todo dicho en los más simples y concretos términos fáciles de entender.

Concentrémosnos ahora en la comida. Los alimentos aportan la energía en forma de combustible que hará moverse toda la maquinaria. Y constan de tres componentes energéticos fundamentales, sea cual sea la naturaleza de ellos:       a) hidratos de Carbono, o azúcares, o carbohidratos, harinas, féculas o como quieran llamarlos. Ellos derivarán finalmente a la molécula de GLUCOSA, la molécula de la vida, la que mueve el cuerpo, la energía de corto plazo.                   b) proteínas, compuestos que son indispensables para la construcción del organismo, para su estructura, crecimiento, procreación, mantención y defensa. Aportan los ladrillos, llamados aminoácidos.                                                                       c) lípidos o grasas, elementos de gran valor calórico a largo plazo e indispenzables para la formación y mantención de las membranas celulares, hormonas y anticuerpos. Transportan la energía de un lugar a otro del cuerpo, son la reserva energética y contribuyen a evitar las pérdidas de calor. Acidos grasos, triglicéridos, colesterol.

Un aspecto capital es llegar a comprender que nuestro cuerpo funciona esencialmente con GLUCOSA. Esta molécula es la que permite obtener la energía rápida de corto plazo. Cerebro y músculo se mantienen activos gracias a ella. Y aquí es donde opera el primer principio de la Termodinámica: la energía que sobra a nuestro organismo no se pierde, se transforma. Se guarda –  ¿cómo? –  ¡en forma de grasa! Nuestro cuerpo es avaro con la energía (calorías) y no desperdicia nada. Si ingerimos más calorías que las necesarias para mantener nuestras actividades, ellas son guardadas en forma de grasa. Así de simple. Por el contrario, si ayunamos o no nos estamos alimentando energéticamente bien y finalmente nos falta glucosa fresca para nutrir al cerebro y músculos, nuestro buen HIGADO empieza a transformar las moléculas de grasa en moléculas de glucosa. Para poder seguir vivos, como ya vimos, y la consecuencia de eso es que empezamos ahora a adelgazar.

El control del apetito y del tamaño de las reservas de grasa (tejido adiposo periférico) es complejo. Intervienen muchos mecanismos, especialmente hormonales, como la insulina secretada por las células beta del páncreas, o la leptina, generada en las mismas células grasas (adipocitos) y que disminuye el apetito. Este fino control metabólico regula la entrada y salida de gracia hacia y desde el tejido graso, teniendo al hígado como órgano controlador clave.

Cuando comemos hidratos de carbono, la glucosa que viene de la absorción intestinal va al hígado que la guarda como un polímero llamado “glucógeno”. Estos depósitos hepáticos de glucosa son limitados y si sigue entrando glucosa desde el intestino (comilona), la célula del hígado se ve en la obligación de echar a andar un proceso que transforma el exceso de glucosa en grasas y las manda a los depósitos periféricos, fundamentalmente grasa abdominal y subcutánea. Así la energía extra queda bien guardada para cuando haya escasez de ella…hoy en día casi nunca en forma espontánea.

Los depósitos de glicógeno hepático, y también en el músculo donde igualmente  se guarda en esta forma, sirven para aportar glucosa inmediata a los requerimientos fuera de los periodos de ingesta (ayuno, sueño). Si no hay reposición oportuna de este depósito de glicógeno, y se agota, se debe aportar glucosa a toda costa al torrente sanguíneo para alimentar al cerebro y corazón. Ahí el fiel hígado empieza a transformar las grasas en azúcar, trayéndolas desde la periferia como triglicéridos, en un proceso que se conoce como “neoglucogénesis”. Es decir, en dos palabras, CUANDO NO TENGO GLUCOSA FRESCA DISPONIBLE Y AGOTE LA RESERVA DE GLICOGENO DEL HIGADO, EMPIEZO A QUEMAR GRASAS“.

Por eso es que el ejercicio sirve para adelgazar, puesto que la actividad muscular agota más rapidamente el glicógeno acumulado en el músculo y el hígado, forzando la neoglucogénesis. En resumen, quema grasa más rápido. Los más flojitos ¡pueden quemar grasa durante el sueño! Efectivamente. Sabemos que en reposo las reservas de glicógeno hepático se agotan en unas 4-6 horas.  Al realizar una última comida liviana alrededor de las 8 PM, pero SIN HIDRATOS DE CARBONO, podemos estimar que el glicógeno del hígado duraría hasta las 2 AM aproximadamente. Desde esa hora, entonces, empezaría la neoglucogénesis y…a quemar grasas hasta el desayuno, 6 horas más tarde. Si preparamos un desayuno SIN CARBOHIDRATOS (por ej. huevo, yogurt con cereal, te o café sin azúcar), se puede prolongar este efecto unas 5 horas más, acentuando el fenómeno con la actividad muscular de la vigilia habitual. Es decir, podemos tener 11 horas de lipólisis (quemar grasas) ¡sin gimnasio ni ejercicio extra! Sin medicamentos tóxicos, ¡y sin dietas imposibles, restrictivas y atosigantes, que sólo contribuyen a elevar el nivel de neurosis propio de los obesos!

La clave para adelgazar está en INGERIR LA MENOR CANTIDAD POSIBLE DE CARBOHIDRATOS , tomar bastante agua y realizar ejercicio, en medida de lo posible.

¡A probar todos los golositos que deseen perder peso! Y me comunican los resultados por este medio…si se atreven.

 

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