“Patanismo”.

rayados rayados 2rayados 3Me he encontrado con este término que no está en el diccionario, pero que pretende exponer con un nombre el grado de deterioro al que estamos llegando en nuestro comportamiento social. Ya somos una sociedad grosera, malhablada, impertinente, cada vez con menos cultura y pérdida de los valores fundamentales de respeto a las propiedades pública y privada, a las personas y a las autoridades.Patanismo viene de patán, término que la Real Academia define zomo tosco, grosero, rústico. Y el neologismo vendría a significar algo así como “fomento y estímulo a la grosería y la vulgaridad, o vivir en medio de la vulgaridad generalizada”. Don Agustín Squella, columnista del El Mercurio, acuñó esta palabra en su columna del viernes 28 de septiembre de 2013. Y conceptualizó su implicancia. Me siento absolutamente identificado con él, ya que en este mismo blog he manifestado con frecuencia comentarios en torno al mismo parecer. A la decadencia de nuestra sociedad chilena. Squella se queda corto, trata el tema con demasiada benevolencia.

No hablemos de tecnología. Puede que el país se encuentre en medio de una burbuja tecnológica que parece tenernos encandilados a todos sin ver cómo se está socavando aceleradamente nuestro comportamiento social, llevándonos a un atavismo casi tribal. Tener un celular por cabeza, televisores gigantes en 3D, automóviles lujosos, y cualquier otro juguete sofisticado, no nos hace más cultos ni más decentes. Al contrario. Su masificación parece habernos ido embruteciendo cada vez más. Ya casi nadie piensa. Todo está en Google. Tampoco se lee, para qué, es perder un valioso tiempo para jugar con la electrónica, de conectarse a la red, de ver películas absurdas o quedarse pegado en el play station. Y el 60 % de los chilenos no entiende lo que lee. Así de simple. Queda establecido el círculo vicioso y perverso de: no leo, porque no entiendo, así es que menos leo y cada vez entiendo menos. Ya uno de cada dos chilenos es “analfabeto funcional”, incapaz de entender hasta las más simples instrucciones operacionales de artefactos o recetas.

La destrucción sistemática del aspecto decente de nuestras ciudades, mediante el rayado impune de paredes de viviendas, edificios públicos y monumentos, ya es un estilo ciudadano. Causa enormes pérdidas económicas en la reparación y limpieza reiteradas y estériles. Y hace muy poco atractivo para los turistas el pasear por las calles. Si a esto agregamos la odiosa costumbre del chileno de botar la basura en cualquier sitio despejado que encuentre, sea un parque, camino o sitio eriazo privado o público, más las fecas de los animales callejeros, es explicable que muchos extranjeros consideren que las ciudades chilenas son “asquerosas”, como lo he escuchado personalmente. Y esto es consecuencia de una falta de hábitos, de una carencia absoluta de valores de convivencia, de una ausencia de educación sensata. Un auténtico “patanismo”.

Antes las conversaciones telefónicas eran privadas. Hoy no, todo el mundo anda hablando a gritos por los celulares sin importarles si aquéllos que le rodean se imponen de sus intimidades y andanzas. Y en un lenguaje soez, las más de las veces, especialmente en los jóvenes. Y este lenguaje procaz y grosero, irrespetuoso, invasor, desconsiderado, es el habitual de la juventud hoy, especialmente en las mujeres, que han superado con creces el estilo antes privativo de los obreros de la construción. Es posible que algunos de ellos puedan hasta enrojecer de vergüenza al enfrentarse a una de estas jovencitas audaces y modernas. Se ha perdido la femineidad.

¿Y las canciones vociferadas por las barras en elos estadios de fútbol? El vocabulario más indecente gritado a los cuatro vientos. Probablemente fomentado por el léxico vulgar que hoy se observa en las series nacionales de TV. Si no hay una dosis saturante de desnudos y garabatos, no sirve para ganar rating. Es lo único que importa. Da lo mismo si se emiten a una hora familiar o si hay certeza que serán vistas por muchos niños en edad de desarrollo. Ellos van aprendiendo lo que ven o escuchan Si los padres lo hacen, entonces es bueno. Si la TV lo muestra, quiere decir que es lo correcto. Hay autoridad para pervertir las costumbres y los comportamientos.

Estamos a las puertas de una degradación de alto costo social. Los muchachos de hoy, irrespetuosos, vulgares, incultos, sin valores sólidos, irreverentes y rebeldes, serán los que dirijan la nación en 20 años más. Y lo más triste será que todos ellos nacieron y crecieron en democracia. Hay una deuda educativa feroz a partir de 1990. Hoy tanto que se cacarea acerca de la calidad de la educación, que debe ser gratuita, universal, de excelencia y para todos, tuvo hasta hoy 23 años de falencia imperdonable. Nadie se preocupó realmente de empezar a educar de verdad desde abajo a partir de 1990. Habríamos ganado varias generaciones de jóvenes que hoy estarían defendiendo los valores ciudadanos y ayudando a levantar el plano cultural de la Nación. En vez de destruir lo poco que tenemos para mostrar.

De la delincuencia mejor no meternos aquí. Es un problema mayor y que está escapando ya del control ciudadano. Porque de las autoridades ya escapó. Y ayudados por la ley, incluso. Tenemos legislaciones tan absurdas que los delincuentes tienen más derechos que los habitantes honrados. Sí, ellos tienen una ley que les proporciona un abogado para que defienda sus delitos, y gratis, o más bien, pagados por todos los chilenos. Además, mantener un delincuente en la cárcel cuesta al Estado como 300 mil pesos mensuales, que estarían mejor invertidos en asistir a familias de escasos recursos y elevar el ingreso ético familiar. Es como en la selva, los depredadores sueltos y sin control. Y hay que respetarlos, porque si uno se defiende con la misma violencia que ellos atacan, el enjuiciado es la víctima. O los carabineros, “por violencia innecesaria”. De Ripley.

En Chile hay ya una verdadera “desobediencia civil”, referido esto a que cada uno hace lo que quiere sin fijarse siquiera si tiene derecho a hacerlo. O si está pasando por sobre los derechos de otro. O si está sobrepasando la ley,que justamente está ahí para que podamos vivir decentemente. Hay muchos ejemplos cotidianos de esta impresión de mi parte. Situaciones que no ocurren en países más civilizados que el nuestro, que parece cada vez más lejano de llegar a parecérseles siquiera. Acá va una lista que me viene a la mente sin detenerme a meditar demasiado. Puede ser ampliada a voluntad por cada uno de los eventuales lectores de estas líneas:

1. Casi el 20 % de los usuarios del Transantiago no paga su boleto.  2. Con todo desparpajo los ciclistas van contra del tránsito. 3. Los automovilistas no respetan los estacionamientos para personas discapacitadas y embarazadas.      4. Los conductores manejan descuidadamente, fumando o hablando por celular. 5. Los peatones atraviesan por cualquier parte, en mitad de cuadra, con luz verde, saltan las vallas de las autopistas. 6. No se respeta la velocidad de tránsito, ni en las ciudades ni en las carreteras. 7. Los fumadores tiran las colillas en cualquier parte, ensuciando sistematicamente los rincones, veredas y patios. Esto último es especialmente relevante en las universidades, donde me ha tocado constatarlo personalmente. 8. No hay ningún respeto por las personas de tercera edad, los jóvenes siempre están primero en todas las cosas. 9. Muchas plantas de revisión técnica de vehículos son antros de coimas y subterfugios para autorizar la circulación de móviles en mal estado. 10. En muchos lugares se roba electricidad y agua a vista y paciencia de las autoridades. 11. Uno de cada 20 personas reconoció que manejarían con alcohol en el cuerpo. 12. Hay una sistemática barbarie vandálica durante protestas populares llamadas “pacíficas”, con impotencia ciudadana ante la ineficacia policial que sigue instrucciones de altos mandos para no actuar, por temor de acusaciones de  parte de políticos o de  ciertas organizaciones que defienden “derechos humanos”, como que los inocentes afectados por estos vándalos no vieran afectados sus “derechos humanos” No, esos son menos trascendentes que aquellos de los encapuchados. Otra de Ripley.

No sigo. No quiero deprimirme aun más. Estoy preocupado por el futuro cultural de Chile. Ese Chile en el que vivirán mis nietas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s