Los alienígenas del cerro Paidahuén.

50%La vista del valle de Aconcahua desde la cumbre del cerro Paidahuén resulta impresionante. La cordillera, muy nevada ahora, es un magnífico telón de fondo de este espectacular anfiteatro natural gigante. Las vides de la Viña San Esteban, dueña del predio y custodio del parque arqueológico del cerro, rodean el paisaje duro y cactáceo de los alrededores. La proximidad del río, allá abajo, da la impresión de estar en una isla suspendida en el aire. 40%La nave sobrevoló el valle, perdiendo rapidamente altura. Sus tripulantes, venidos de una lejana galaxia, contemplaban absortos la majestuosidad de las montañas nevadas desde el visor circular de sus escafandras . Necesitaban agua para realizar la reducción atómica que propulsaba la nave y le permitiría atravesar el umbral de la dimensión que los llevaría de regreso a su distante planeta.

P1000756– Allá hay una planicie en altura – dijo el capitán – pero está lejos del agua. Era el cerro Mesa.  Por eso giraron hacia la derecha y se fueron a posar sobre el actual Paidahuén, un promontorio adecuado, cerca del río, un poco aislado de las chozas que se veían más allá de sus riberas. Si bien es cierto que había algún riesgo de ser descubiertos por los primitivos habitantes de este mundo, una civilización que se desarrollaba como había sido la de su planeta hacía 20 mil años,  eso no constituía para ellos una preocupación importante,  tampoco temían encontrar alguna belicosidad. Llevaban armas poderosas de rayos doble epsilon, capaces de disolver el cuerpo de los terrícolas de un solo disparo. O de las fieras que pudieran existir en estas latitudes.

serAncalao y su pandilla de jóvenes rapaces indígenas habían cruzado el río en la balsa pública amarrada a un grueso poste en la otra ribera, para ir al Paidahuén en ese atardecer y tratar de capturar una lechuza. Había un buen número de ellas en estos contornos rocosos y de cactus altos, sobre los que se paraban a otear los alrededores en búsqueda de algún roedor hambriento. Que también abundaban. Ellos habían preparado una trampa original con tres ratones que habían sido sumergidos previamente en un extracto de raíces somníferas, proporcionadas por el machi de la tribu, muy potente. La habían probado previamente en una gallina que había caído en sopor a los diez minutos. Soltarían un ratón en las proximidades de un rapaz encaramado en uno de los cactus, hasta que lo capturara y cayera después adormecido a los pies de su ocasional atalaya. Eran ideas de ellos, juegos de adolescente, nadie aseguraba su éxito, pero Ancalao era el líder y él estaba dispuesto a demostrar a todos que su genial idea era la mejor manera de capturar un magnífico búho sin hacerle daño.

Copia de P1000740Los muchachos habían subido al cerro con su pequeña jaula de cañas amarradas con finas tiras de cuero de cabra y con los  tres ratones dentro. Deambulaban con sigilo entre los roqueríos a la búsqueda de algún ave. Pero de pronto un ruido siseante venido de las alturas los hizo mirar hacia el cielo. Y la vieron. Un disco brillante de grandes dimensiones que giraba lentamente despidiendo reflejos amarillos semejante a rayos en su panza, como un neón de discoteca, descendiendo con suavidad hasta posarse en una planicie en la cumbre del cerro, levantando una pequeña nube de polvo, que brilló con tonos rojizos a la luz del sol poniente que ya se ocultaba tras los cerros de Rinconada.

Copia de P1000750Se escondieron muy quietos, paralizados por el terror, pero observando atentamente. Del aparato vieron bajar una especie de escalera por donde descendieron unos seres extraños, con trajes ajustados y del color de las piedras, con grandes cabezas de un solo ojo enorme hacia adelante que emitía reflejos brillantes. Bajaron hacia el río llevando en la mano una especie de tiesto redondo, como ese donde los hombres del pueblo ponían el mudai. Regresaron después de un rato que les pareció breve, fascinados con el monstruo volador que se encontraba despidiendo luces tenues por sus costados, y vieron como se metían otra vez dentro. Al poco rato, empezó a sisear nuevamente de forma más aguda, se levantó una nube de polvo desde abajo y comenzó a elevarse sobre el suelo sobrepasando la altura de los cactus más altos y girando en dirección hacia el nevado Mocohuen, se perdió en el cielo.

P1000696Quedaron trémulos y asustados. Imposible poder explicar a nadie lo que habían visto. Ninguno en el pueblo entendería nada. Se olvidaron de la lechuza y de los ratones. Y decidieron empezar a pintar en las rocas de este mismo lugar lo que habían visto para comunicar, poco a poco, su experiencia a los demás. Quizás así llegaran a entender alguna vez que ellos sí habían estado en contacto con los dioses. Y ahora sabían cómo eran en verdad y podrían creer en ellos sin poner en dudas los relatos de los machis.

P1000745

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s