¿Fumadores perseguidos? ¡Vaya desfachatez!

cigarrillo4Estamos próximos a la puesta en vigencia de la nueva ley del tabaco en Chile. Mucho más restrictiva que la versión anterior, que autorizaba áreas para fumadores en los espacios cerrados, como restaurantes y otros de uso común. Esta medida legal ha despertado gran debate en los medios de prensa y es entretenido leer los argumentos que dan los fumadores para defender su “derecho” a fumar donde ellos quieran. Se han planteado el problema como un asunto de LIBERTAD. Y no es así, realmente. cigarrillo2Hay dos puntos clave en este tema del cigarrillo: uno es la libertad, como concepto real de libre albedrío, de derecho irrenunciable a poder hacer lo que uno quiera, de decidir qué se desea y qué no. Eso está bien. Pero está mal cuando la satisfacción de mis derechos personales pasa por sobre los derechos de los demás. Si hacer mi voluntad atropella la voluntad del otro, si las consecuencias de mis actos de sujeto libre y autónomo dañan los derechos semejantes de mis vecinos, tan legítimos como los míos. Y, por lo tanto, tan respetables como los míos. El que fuma consume un elemento que es nocivo para él, un tóxico que daña paulatinamente sus estructuras corporales y lo lleva a la enfermedad. Esto funciona generalmente así con muy raras excepciones. El humo es tóxico, contiene nicotina, una droga poderosa frente al sistema circulatorio, respiratorio, digestivo, etc. Y alquitranes, como productos intermedios de la combustión del tabaco y el papel, unos 4.000 compuestos indeseables entre los cuales unos 400 son probados cancerígenos. Las consecuencias del hábito de fumar y el daño de los fumadores pasivos, especialmente si son niños, está descrito con detalle en cualquier parte y no es el objetivo de estos comentarios. cigarrillo3El fumador, entonces, expele humo tóxico que contamina el medio en el cual conviven otras personas con un deseo, igual de legítimo,  de poder respirar aire no contaminado. Si esto es impedido por el fumador, entoces éste está conculcando el derecho del otro que se siente agredido por el humo tóxico. Y no puede escapar de aquello cuando hay muchos fumadores en el área. Es decir, en el área de fumadores libres él no es libre y se siente discriminado, pues debe inclinarse ante el aparente “derecho” del fumador. Por eso, si discutimos el asunto desde el punto de vista de la libertad, el único libre es el fumador público y todos los no fumadores públicos están sometidos a su dictadura del humo. Por eso es que el acto de fumar, un hábito nocivo para el que lo practica y los que le rodean, insisto, debe ser entendido como un acto de libertad solamente en el ámbito privado. Donde el daño sea exclusivo para el que lo practica.

cigarrillo1Pero después está el ineludible tema de la salud. La privada y la pública. La privada es responsabilidad de cada cual. El pellejo es lo único realmente propio que tenemos los seres vivos. Y podemos decidir si lo cuidamos o lo tiramos por la borda, tal como hemos considerado en el punto anterior. Pero la autoridad tiene la obligación y el deber de proteger a los habitantes. Y para eso invierte en recursos preventivos y curativos. Con los preventivos: vacunas, campañas de exámenes, educativas, publicitarias, entrevistas, prensa, etc., pretende evitar que los sujetos enfermen o se dañen. Que ojalá no lleguen a la etapa curativa. Más costosa, menos eficiente y más dolorosa para todos, enfermos y familias. Y eso pretenden las medidas restrictivas para ciertos hábitos nocivos que llevan, indefectiblemente, a aumentar la masa de sujetos que llegan a la fase curativa y que demandan, a causa de eso, los mayores gastos en salud de los países. Y eso es precisamente lo que hacen los fumadores a conciencia, sabiendo lo que les espera, burlescamente con frases como “de algo hay que morirse” o “yo sólo no más me daño” y “tengo el derecho a hacerlo, total, el cuerpo es mío”. Claro, pero cuando ese cuerpito se empieza a echar a perder ¿adónde se recurre para que alguien  sea capaz de repararlo? Al sistema de salud. Y se exige que la reparación sea adecuada para que se pueda volver a echarla a perder con todo el derecho del mundo. Y los países gastan millones de dólares en tratar de recuperar la salud de los fumadores. Millones de dólares que ellos restan a los demás estamentos beneficiarios de la salud no fumadores. Que se beneficiarían enormemente con nuevas inversiones en subsidios de drogas costosas, intervenciones quirúrgicas, trasplantes, tecnologías avanzadas, nuevos hospitales y consultorios, más campañas de vacunación, alimentos especiales, atención de patologías raras y excepcionales…en fin, la lista es muy grande. Y ellos, los lindos fumadores que luchan por sus “derechos de libertad para enfermar”, no tienen la más mínima conciencia que se están consumiendo, voluntariamente, los dineros de los demás habitantes que no desean seguir su ahumado camino. Así no más es. Y si algún fumador no se da cuenta de esto, quiere decir que es muy ignorante o muy irresponsable. O muy adicto sin ser capaz de buscar ayuda, lo que es aún peor.

En esto de la actitud frente al paciente fumador los médicos tenemos un gran rol que cumplir en el momento de ayudar a proteger la salud. Por eso me resulta un contrasentido mayúsculo ver a muchos colegas fumadores públicos. Ni qué decir del personal sanitario, profesional o no, que deja los perímetros de clínicas y consultorios sembrados de colillas de cigarrillos. Porque el fumador no solamente contamina la atmósfera, sino que el medio ambiente físico con sus restos tabáquicos. Estacionamientos, plazas y jardines, parques,  las playas, calles, universidades, salidas de colegios y escuelas, no hay lugar donde no se encuentre un pucho, y muchos han sido causa de grandes incendios.

¿Libertad para ensuciar? ¿Libertad para contaminar? ¿Libertad para causar daño y enfermedades a los fumadores pasivos? NO, DEFINITIVAMENTE, NO.

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