Termas Geométricas: Pitágoras al vapor.

Llegamos a Coñaripe para pasar la tarde en las termas. En medio del pueblito sale un camino que lleva al Parque Nacional Villarrica y que se adentra a la vera de los volcanes Quetrupillán y Villarrica para llegar hasta el mismo Pucón, entrando por Palguín. A 14 kilómetros de Coñaripe se encuenran las instalaciones de Termas Vergara y tres km más adelante, las de Termas geométricas.Su nombre se debe a la originalidad del arquitecto Germán del Sol, quien diseñara este conjunto de 20 piscinas de diferentes formas geométricas unidas por pasarelas de madera que van adentrándose unos 450 metros hasta el fondo de una pequeña quebrada por donde fluyen las vertientes de aguas termales, más de 60, hasta temperaturas tan elevadas como 80º C. Al fondo se llega a una ruidosa cascada de trasparentes aguas que da un poco de ritmo al apacible paisaje del lugar.

No es difícil llegar, pero el camino es algo áspero y los vehículos  pequeños deben transitar con cuidado, ya que hay piedras sobresalientes y ripio suelto en algunos tramos, sin contar con muchas curvas cerradas. Pero en media hora se hace sin problemas. Y el paisaje es recreativo en demasía. Grandes coihues y añosos robles van dando sombría compañía a lo largo del camino y las aguas del estero vecino que van bajando desde la montaña, cantan melodías refrescantes en cada recodo con sus pequeñas cascadas y rápidos.

A la llegada una pequeña sorpesa: los visitantes de 3ª edad teníamos un 40 % de descuento en la entrada, hecho no menor, dado el arancel algo subido del recinto, mayor que en otros centros termanles de la Araucanía. Las aguas están en las piscinas entre 37-41 grados. Bastante cálidas, de verdad, pero muy saludables. Despiden un inconfundible tufillo sulfuroso, que traduce su verdadero origen en el centro de la tierra , próximo al magma incandescente que bulle en el corazón de los volcanes.

Hay un buen quincho con servicios básicos de alimentación y refrescos. Fue levantado solamente con madera de coihue ensamblado, sin clavos. Un original fogón central, hecho con restos de una tina caliente recubierta con piedras planas, entrega el ambiente preciso para degustar una empanada o beber una cerveza reponedora después del baño. Hay aguas filtradas y frescas a disposición de los visitantes y cómodos asientos con hemosa vista hacia las termas.

Es una experiencia digna de ser explorada en cualquier visita a la región de las araucarias, volcanes y transparentes lagos. Entrar en este rincón de vegetación embriagante con gigantescas nalcas, chilcos y helechos, poder contemplar los vapores de agua que se elevan sobre la quebrada y que van destilando gota a gota desde las rocas suspendidas en la erosión milenaria del socavón, elevar la vista hacia el cielo y contemplar aquellos magníficos centinelas verdes centenarios que coronan la montaña, es un espectáculo en sí mismo que paga con creces el valor de la entrada.

Dan ganas de volver.

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