Alcoholemia y “tufómetro”: ¿son compatibles?

Mucha polémica está comenzando a tener el tema de la discordancia entre la alcoholemia y las mediciones del alcohotest que se realiza al conductor en terreno, en el automóvil, al volante. Todo parece indicar que el test da un valor más elevado que la medición de alcohol directamente en la sangre. Y que es la única que tiene valor legal, en todo caso, para dirimir el estado de ebriedad o de conducción bajo efectos del alcohol. Es mi deseo aportar en este debate con datos fisiológicos referentes al metabolismo del alcohol.

El alcohol etílico es una molécula pequeña que posee una parte hidrosoluble y otra liposoluble, lo que le permite llegar practicamente a todos los lugares del cuerpo. Una vez ingerido, se absorbe un 10 % directamente en el estómago y el resto por la mucosa del duodeno y el intestino delgado. Pasa la barrera digestiva por simple difusión y circula por los líquidos orgánicos en estado libre, llegando primero al hígado a través de la circulación portal y desde ahí a la circulación. La mayor concentración en la sangre se logra probablemente entre 45  y 60 minutos después de una ingesta.

Algunos tips respecto a la velocidad de absorción del alcohol: es más rápida si la ingestión es única, si la bebida contiene bicarbonato, si en la bebida está en concentraciones de 15 – 30 %, el alimento la retarda, el ayuno la favorece. Los órganos más vascularizados se afectan primero: pulmón, explicando la utilidad del “tufómetro” al captar la eliminación respiratoria, cerebro y el hígado. En los músculos se concentra muy poco y en los obesos suele llegar a un valor sanguíneo mayor que en el sujeto delgado para la misma cantidad de alcohol por unidad de peso. Lo mismo ocurre en la mujer respecto del hombre y en ella los valores son más altos debido a su menor cantidad de agua corporal.

El hígado es el principal órgano capaz de metabolizar el alcohol y transformarlo en acetaldehido mediante la deshidrogenasa alcohólica (DHA) que está en el citoplasma del hepatocito. Esta molécula es tóxica y rápidamente la enzima aldehido deshidrogenasa (ADH), presente en las mitocondrias, la convierte en acetato que ingresa al ciclo oxidativo de Krebs. En el tratamiento del alcoholismo se utiliza una sustancia que inhibe la acción de la ADH, el disulfiram, que tiene un efecto conocido como “antiabuso” (Antabuse R), permitiendo la acumulación de acetaldehido que provoca en el sujeto vasodilatación con calor facial, rubicundez y taquicardias muy molestias y desagradables después de la ingestión de alcohol, resultando un buen método aversivo.

La velocidad de metabolización del alcohol probablemente puede estimarse en 10 gramos por hora, es decir que la alcoholemia puede llegar a disminuir hasta en 0,15 g/l/h, pero estas cifras son muy variables y dependen de muchos factores, entre ellos la ingesta de alcohol previa (bebedores), factores genéticos y estado nutritivo. Supongamos que un sujeto de 70 kilos posea un espacio hídrico de 40 litros, lo cual es aceptable. Si bebiera una botella de vino (14 % en 750 ml) serían 105 gramos de alcohol. Distribuidos en 40 litros (la captación por el tejido graso no excede el 4 % y podríamos despreciarla), sería 105/40 = 2.625, lo cual da una cifra de embriaguez. A una velocidad de metabolización de 0.15 g/l/h serían 17,5 horas las necesarias para librarse de la carga alcohólica. Si el control de “tufómetro” se realizara 2 horas después de la ingesta, se podría detectar 2.625 – 0.30 = 2.3 (ebrio). Pero si la alcoholemia, único sistema legal para juzgar, se tomara 8 horas después de la “tufometría”, sería 2.3 – (0.15 x 8) = 1.1 (ebrio igual, pero no coincidente).

Si la ingesta de alcohol es menor y las concentraciones sanguíneas anduvieran por los 0.75, suficiente para una sanción importante, y la alcoholemia se tomara unas 5 horas después, daría 0,0 (total temperancia). Es por esto que se ha planteado la discusión, aduciendo inexactitud del “tufómetro” a través de una leguleyada algo tinterilla, aduciendo que lo legal es la alcoholemia y que el valor obtenida con ella es lo único que vale para ser juzgado. Quizás ha llegado el momento de modificar la ley o mejor ¿capacitar a los carabineros para tomar la alcoholemia en terreno? Hay sistemas de vacuum muy seguros y rápidos. ¿Acaso ellos no atienden partos, acción muchísimo más compleja que sacar un poco de sangre del brazo? Por lo demás, pueden obtener un adiestramiento reconocido en cualquier escuela de paramédicos y quedar a salvo de críticas de no idoneidad en estas materias.

Lo importante es acatar la ley en su letra y en su espíritu. El objetivo es disminuir los accidentes causados por manejar bajo los efectos del alcohol.

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