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Comprendo la efervescencia popular en Aysén. Probablemente no comparta el estilo de todas las manifestaciones, soy contrario a la violencia y a la destrucción insana de todo lo que se atraviesa en el equivocado énfasis por llamar la atención del Gobierno. Caen muchos inocentes y hay daño, incluso, para los mismos que protestan.

Pero nadie con un mínimo de cordura y de conocimiento de la región, podría cuestionar la justicia del movimiento. Conocí la región de Aysén hace muchos años, es verdad. Fue en 1976. Chile se recuperaba recién del caos del gobierno de la Unidad Popular y del balbuceante comienzo de la recuperación económica después del golpe militar. En esos años era posible comprender que vivir en Aysén era parte de una aventura que muchos deseaban experimentar. Tal vez el resto del país no era, en ese entonces, algo muy diferente de la realidad aysenina, que atraía porque aportaba un territorio de gran belleza escénica y abundantes recursos naturales. Vida difícil, cierto, pero aceptable desde el punto de vista romántico de los inmigrantes desde otras regiones y tolerada con orgullo por los residentes nativos.

Para nosotros, santiaguinos ignorantes de esa realidad, descubrir Aysén fue toda una sorpresa. Tuve la suerte de recorrer el territorio desde la hacienda Ñirehuao por el norte hasta Cochrane por el sur, navegando el Lago General Carrera hasta Chile Chico, volando en un Twin Otter de la FACH hasta Cochrane y regresando a Coihaique en un Beechcraft Bonanza piloteado por uno de los hijos menores de Heine, de 20 años, pero nacido sobre los aviones de su padre. Cómo olvidar el Lago Elizalde, con sus troncos rodantes. Y las pinturas rupestres prehistóricas de Puerto Ingeniero Ibáñez. Y el atardecer dorado sobre el cerro Castillo. Y admirar la magnificencia del grandioso Baker con sus aguas de color turquesa. En Puerto Aysén, nos hartamos de comer puyes al pil-pil. Especialidad gastronómica reservada sólo para privilegiados. En esa época sólo era posible comerlos en el Centro Vasco de Santiago y a precios fuera de las posibilidades de los bolsillos de clase media. Estas larvas de las anguilas solamente se capturan en esta parte de la costa de Chile y en las rías gallegas, en España. Por eso son tan apreciadas, aparte que constituyen un verdadero manjar.

El territorio de Aysén es muy extenso. Tiene una superficie comparable a toda Bélgica, pero con una densidad habitacional menor de 1 por km cuadrado. Las relaciones con el vecino país de Argentina son muy fluidas. Incluso el aeropuerto de Balmaceda debe ser abordado por las aeronaves chilenas pasando por espacio aéreo argentino para enfilar hacia el cabezal de la pista. El chileno de estas latitudes depende mucho de Argentina, especialmente para adquirir suministros de todo tipo. Recuerdo haber visitado la localidad de Los Antiguos, frente a Chile Chico, vadeando en un jeep el río Jeinimeni. Había que saber por dónde ir, los vados cambiaban año a año. El chofer nos mostraba los techos de muchos camiones sumergidos, naufragios fluviales que recordaban malas decisiones de choferes osados. Harina, azúcar, aceite, café, yerba mate, combustibles, entre otros, eran preciados productos básicos que en el país vecino se adquirían a menos de la mitad del precio que en Chile. Hoy, después de la construcción de la Carretera Austral, hay un moderno puente sobre este río limítrofe.

En esos años nos transportaban en vehículos Toyota Land Cruisier para nuestras diferentes acciones alejadas de Coihaique. Nos contaban que estos eran los únicos vehículos que no se desarmaban en los caminos ayseninos. Sólo la ruta hacia Puerto Aysén estaba asfaltada. Y solamente las calles aledañas a la Plaza de Armas de Coihaique tenían pavimento. Con una fina ironía nos mostraban un cementerio de ambulancias rumanas de la marca ARO que el gobierno de Allende hizo llegar con bombos y platillos. Duraron exactamente 3 meses. Se desarmaban y no había repuestos.

Hoy día la situación es diferente. Chile ha progresado mucho en términos económicos e infraestructura, pero ¿cuánto de eso ha llegado hasta Aysén? Lo ignoro, pero creo que muy poco, teniendo en cuenta el tenor de las protestas. Aquí hay un problema de soberanía. De geopolítica. Argentina tiene gran influencia sobre Aysén. Ellos subsidian a los habitantes de sus provincias de la Patagonia. Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Liberan de impuestos por muchos años a los industriales que allí se instalan, los combustibles son de bajo precio y se preocupan de reforzar la educación y la salud a niveles comparables a las ciudades del norte. Cosa que los habitantes se animen a poblar estas latitudes, que no sea una aventura casi suicida establecerse en poblados alejados y sin recursos. Lamentablemente en Chile hacemos todo lo contrario. Aparte de las dificultades geográficas, agregamos las administrativas.  En vez de estimular, desmotivamos. No. Así no se cuida el país, casi castigando a los que se van a regiones extremas. La conectividad es mala, además. Hay que pasar por Argentina si se desea ir por tierra a Puerto Montt. Recordemos  que ya he hecho referencias en otra entrada que el hospital de Esquel atiende a los chilenos de la Provincia de Palena ¡hasta con FONASA! Y después nos quejamos que los argentinos le tengan los ojos puestos a los Campos de Hielo, que todavía son nuestros y son la reserva de agua dulce más grande del planeta.

Aysén es una región notable. De grandes posibilidades si se emplean en ella programas racionales de soberanía, que no van a dañar al resto del país. El que quiera celeste, que se vaya a Aysén…una vez que el gobierno de Chile (el que sea) se ponga las pilas con esta alejada y sacrificada región de la patria.

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