Comelibros 2011.

Creo que éste fue un año bien leído. El recuento lo dirá, por la cantidad y calidad del material degustado en largas horas de lectura, siempre apasionantes, siempre instructivas ¡Cuántos mundos se nos abren a través de las páginas de un buen libro! No importa el contenido, su verdadero valor se conocerá una vez terminado de digerir.

Comencemos la revisión.El año comenzó con La Catedral del Mar, de Ildefonso Falcones, una trama apasionante comparable al estilo de Follett, recreando la Barcelona medieval y la construcción de la catedral gótica de Santa María del Mar, construida por los habitantes del puerto, en contraposición a la catedral de Barcelona, vinculada a la nobleza y al alto clero. Cambiando de estilo, encontramos nuevamente a Sidney Shelton, un escritor de vivas letras y apasionantes relatos de acción y Lazos de Sangre fue la aventura escogida en esta ocasión . Desempolvé después otro tomo de la saga de Alatriste, de Arturo Pérez Reverte y El Oro del Rey, que me llevó a la Sevilla de fines del siglo XVI. Abrimos febrero con un simpático libro feminista que es útil también para los varones: Por qué los Hombres Aman a las Cabronas, de Sherry Argov. Recomendable. Y después, El Conquistador, de Federico Andahazi, una fantasía maya con un final sorprendente que pone en relieve que los mesoamericanos fueron, tal vez, menos crueles que los europeos en las mismas fechas. La Otra Mujer, de Roberto Ampuero, con su pluma envolvente, fue un buen texto para recibir marzo. El resto del mes transcurrió con la compañía del ahora Premio Nóbel Mario Vargas Llosa y El Sueño del Celta, uno de sus trabajos más recientes, con desconocidos aspectos de la independencia de Irlanda y la vida del controvertido Roger Cassement. Volviendo a los temas medievalistas, Los Templarios: Monjes y Guerreros, de Pier Paul Read, fue una buena elección. A mediados de mayo terminamos la obra tremenda de Ken Follett La Caída de los Gigantes, que tomó su tiempo por las obvias razones  de su gran dimensión. El resto del mes lo ocupé en El Muro de Adriano, de William Dietrich, con aventuras de conquista en la Inglaterra romana. Junio fue empleado para saborear, literalmente, El Mundo de Sofia, de Jostein Gaarder. Hermosa historia de la filosofía contada a través de un relato un tanto mágico, curioso, pero novedoso e intrigante. El Enigma de Copérnico, de Jean Pierre Luminet, resultó una sorpresa, con inquietantes aspectos de la vida de este revolucionario de la cosmovisión universal. Para aligerar el ánimo, una novela circunstancial de Ruth Rendell: Un Beso para mi Asesino. Después, las Leciones Mortales del doctor Richard Selzer me resultaron de un humor macabro que no dejó de tener algo de interés. Más técnico, y en la época del conflicto estudiantil, Basta de Historias, de Andrés Oppenheimer, abrió perspectivas mal definidas referentes al tema de la educación superior que valdría la pena revisar más en profundidad. Bueno y aclaratorio. Antes de viajar a Europa, uno breve: La Elegancia del Erizo, de Muriel Barbery, muy comentado, pero lo encontré algo soso. Me recordó alguno de esos cuadros de los cubistas tan admirados y célebres, pero de difícil digestión. Durante las vacaciones en Madrid, Copenhaguen y el Báltico en crucero, me despaché Invierno en Madrid, de C. J. Samsun, en su edición en Librinos, muy prácticas para viajes.  En la onda de la Revolucón Española y el auge del franquismo. El gran Max Gallo me deleitó después con La Cruz de Occidente, relato intenso sobre las guerras de religión en la Europa renacentista. Estamos en septiembre y atacamos la trilogía de Millenium de Stieg Larsson. Primero, Los Hombres que no Amaban a las Mujeres, con un pequeño paréntesis de Agatha Christie y Pasajero para Frankfurt, leido en un viaje en bus desde el sur. Poco demoré en finalizar La Chica que Soñaba con una Cerilla y un Bidón de Gasolina, para llegar, finalmente, a La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire. Demás está decir que todo lo que se ha dicho de estas novelas, es cierto. Trepidante. Para sacudirse un poco los fríos aires suecos, los cuentos de Frederick Forsyth El Emperador y Otros Relatos, fueron adecuados. Con las sensaciones originadas con los libros de Larsson todavía a flor de piel, tomé el resto del año en La Columna de Hierro, de Taylor Caldwell, documentada  e inspirada gran novela sobre la vida de Cicerón, el multifacético genio orador de los finales de la República Romana, con intrincadas maquinaciones políticas, entre las cuales destaca la figura de Julio César, su amigo de la infancia, a quien criticó durante  su auge y lloró ante su triste caída cobardemente asesinado. Mismo fin que le tocaría vivir a él poco tiempo después.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s