Mi pasado azul.

No quiero que se diga que ahora todos son azules y quién más quién menos se subirá al carro de la victoria. No señor. Yo sí tuve un pasado azul. Y a mucha honra. Eran los años sesenta, poco después del Mundial del 62, cuando entré a estudiar Medicina en la Universidad de Chile. Y ahí me hice azul. No quiere decir en absoluto que abandonara los colores del alma, ese verde como los pinos porteño, el  glorioso ESEAENE, SAN que retumba por los cerros cuando wanderito sale al pasto de Playa Ancha. No, eso no es posible, ya que va pegado a la piel como un trasplante definitivo. Pero lo cierto es que junto con los papeles de admisión a la Escuela de Medicina venía una solicitud para pertenecer al Club Deportivo de la Universidad de Chile como universitario, a tarifa rebajada muy económica y gozando de todos los beneficios de la infraestructura disponible, bastante precaria, por lo demás. Pero como me gustaba el fútbol, era una oportunidad magnífica de poder ir al estadio a bajo precio. Firmé y me hice socio de la U.

Fueron 7 años de membresía, los que duró la carrera. Y disfruté una de las décadas más gloriosas de la historia de la U y del fútbol chileno. Viví la inolvidable gesta del Ballet Azul, dirigido por Luis “Zorro” Alamos, con aquellos jugadores inolvidables: Leonel, el gran Fifo Eyzaguirre, Sergio Navarro, el capitán, “Beto” Donoso, “Pluto” Contreras, Rubén Marcos, Roberto Hodge, Alberto Quintano, Braulio Musso, Manuel Astorga, el pequeño gran arquero, Juan y Manuel Rodríguez, el “guerrillero” azul, Jaime Ramírez, Carlitos Campos, un jugador algo atípico y un poco torpe, pero que tenía una gracia: la metía dentro especialmente con la cabeza. Le ví hacer un gol de cabeza a Campitos a 50 cm del suelo. Para él era más certero lanzarse en palomita que meter la pierna. Muchos de estos jugadores habían destacado en la selección nacional del 62: Eyzaguirre, Donoso, Navarro, Contreras, Ramírez, Sánchez.

Esta fue una época de gran fútbol en Chile. Lo practicamos también jugando en el heroico FC Rassalague, de nuestra creación en 1963 y que participó en ligas amateurs con base de estudiantes de Medicina. Fueron las épocas de los grandes torneos de verano en el Estadio Nacional, con participación de los mejores equipos de América y Europa que animaban liguillas de 5 ó 6 equipos. Me las ví todas. Disfruté la magia de Pelé en ese Santos inolvidable, especialmente en aquel partido con la selección de Checoslovaquia que terminara 6-4 afavor de Santos. Leamos lo que escribió Patricio Jara en Qué Pasa del 16.6.2011 respecto de este partido, que tuve el privilegio de presenciar: “Generaciones completas han crecido escuchando que el mejor partido de fútbol jugado en la historia de Chile, aquél inolvidable por siempre jamás, fue el 16 de enero de 1965: el Santos de Pelé contra la selección de Checoslovaquia. Un 6-4 a favor de los brasileños, convertido en el techo de cualquier aspiración estética que pueda tener el fútbol en nuestras canchas. Un momento, un partido que quienes tuvieron la suerte de presenciarlo se lo llevarán a la tumba. Cuenta el relator Hans Marwitz al diario La Nación: “El Estadio Nacional no estaba lleno, había como 35 mil personas. No recuerdo si hice puesto de cancha o lo relaté, pero tengo ese partido grabado porque nunca se verá uno igual. Estaba Pelé y los checos dijeron que no le iban a pegar, Pelé hizo cuatro goles de gran factura, y los checos le hicieron un solo foul. Fueron 20 minutos donde la pelota no salió de la cancha y en el intertanto hubo cuatro goles, jugaban de lujo, fuimos privilegiados, fue un partido de fantasía”. Si existiera un video de ese juego, sería best seller hoy.

Las noches cálidas del Santiago estival invitaban a caminar y a eludir las avalanchas de hinchas que se encaramaban a las micros amarillas situadas a un costado y frente al estadio. Iban hacia todos los sectores y lugares vecinos, como Buin, Curacaví, Colina…Nosotros caminábamos por calles semidesiertas hasta la Plaza Italia. Allí hacíamos un alto y nos solíamos merendar a medias algún sandwich de “potito” adquirido en la liquidación final a la salida del estadio. Sabía a gloria después de la caminata. Llegaba a casa como a las tres de la mañana, acompañado de un amigo vecino, allá por Erasmo Escala con Bulnes. Con tranquilidad, sin temor a ser asaltado, alegres. Otros tiempos, en verdad. Un Santiago más amable, menos convulsionado, más seguro.

Ir al estadio era una fiesta. No existían las barras bravas y se trataba con educación a los equipos extranjeros. La clásica rivalidad con la Universidad Católica se vivía dos veces al año con el Clásico Universitario, una producción musical y coreográfica que encantaba a toda la familia. La versión nocturna era especialmente demandada, ya que era un espectáculo notable de luz y sonido. Muchas canciones de moda derivaron de esos Clásicos, compuestas por afamados compositores nacionales, como Rodolfo Soto y Ariel Arancibia, en “El Mago Musical”. La cultura se asociaba al fútbol, enriqueciendo un encuentro deportivo en el ámbito universitario, como correspondía a tan nobles instituciones. Echo de menos esos tiempos de grata convivencia, donde el placer de compartir, escuchar, disfrutar y convivir era más auténtico y sano. Alejado de un consumismo comercial que tiraniza todo espectáculo o de la TV que ordena nuestra vidas.

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Una respuesta a “Mi pasado azul.

  1. Enrique Valenzuela Escalup

    Amigo entre los que nombrasye se te olvidó el gran Ernesto Alvarez

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