Copenhagen: mucho más que bicicletas.

Vengo regresando de un viaje que me llevó hasta Dinamarca. Pasé una semana en Copenhagen. Reconozco que partí a ese destino un poco obligado, pues el crucero que deseaba tomar por el Báltico levaba anclas desde este puerto. Pero ya que estábamos allí, nos quedamos unos días. Sin muchas pretensiones, Dinamarca no aparece en los circuitos turísticos tradicionales. Y nos hemos llevado una impresión sorprendente que justifica con creces nuestra decisión de estar en esta fabulosa ciudad.Muchos calificativos pueden adornar a Copenhagen, pero lo más destacable, a mi juicio, es la forma de vida que llevan los habitantes de esta ciudad capital de Dinamarca, que se extiende naturalmente a todo el país. Un pueblo decididamente civilizado. La convivencia es ejemplar, las calles limpias, gentes amables y educadas. Nada de estridencias, menos, delincuencia callejera, hay orden y seguridad urbanas. Es destacable la ausencia de policía en todas partes. Si parece que no existiera esta rama de la seguridad pública. El comportamiento civil probablemente es el que determina esta situación. Recuerdo una noche que llegamos a la plaza del Ayuntamiento, la principal del centro cívico, impresionante. Había un espectáculo público dirigido a la gente joven, un recital de un conjunto rock en un escenario gigante en medio de la explanada. Se había reunido facilmente unas 5.000 personas que vibraban con los artistas coreando las canciones, seguramente de moda allí, mientras otra multitud deambulaba alrededor, como hacíamos nosotros. Muchos bebían cerveza, que se expendía libremente en kioskos o restaurantes periféricos, sin embargo no encontramos grupos ebrios ni gente en el suelo, como suele ocurrir en otros lugares, ni individuos de mala catadura merodeando, como es frecuente de ver en espectáculos de este tipo (al menos en nuestro medio). Pero lo más sorprendente era ¡que no había ningún policía! Eso me impresionó, porque es el reflejo que demuestra que en esa sociedad no es necesario que la autoridad esté presente para controlar desmanes, que no se producen, ni para evitar riñas y robos o delitos diversos, porque se reconoce que la población sabe comportarse decentemente. Tampoco vi cámaras de vigilancia y menos, patrullaje armado. Da gusto ser turista en una ciudad segura.

La arquitectura de Copenhagen es sorprendente. Por donde uno mire ve torres y cúpulas decorativas. Hay muchas iglesias de campanarios llamativos y con adornos dorados que brillan con el sol. Los edificios más emblemáticos también tienen torres y veletas decorativas. Hay uniformidad en toda la construcción urbana y las avenidas se abren a lagunas y parques de gran belleza, donde hay obras escultóricas notables, dando al paseo un valor agregado de museos al aire libre. Hay cuatro lagunas urbanas separadas por avenidas a modo de un canal con puentes que amplían la vista y permiten el regocijo de aves variadas. Juegos de agua que en las noches se iluminan dan mayor belleza al entorno. En un extremo de estas lagunas está el planetario Tycho Brahe, construcción moderna que alberga un complejo educativo con la última tecnología de películas en 3D y espectáculos estelares clásicos.

Toda una sorpresa con Copenhague que apenas teníamos grabada en la memoria con la famosa sirenita que se encuentra en el parque Churchill. Y la verdad es que esta pequeña estatua, muy significativa por cierto, porque simboliza la creación de Hans Christian Andersen y sus famosos cuentos infantiles, es lo menos llamativo de toda la ciudad. Hay decenas de monumentos mucho más impresionantes, pero ella motiva verdaderas romerías para ser fotografiada. Por cierto que no pudimos evitar hacer lo mismo y acudir a rendirle nuestro romántico homenaje.

Un capítulo aparte merece el fenómeno de Tivoli, ese más que centenario parque de diversiones ubicado en pleno centro de la ciudad. Es más que eso, mucho más. Es un lugar de encuentro de la familia danesa, donde hay obras de teatro al aire libre, música moderna, conciertos, festivales de todo tipo, restaurantes típicos y de cocinas temáticas en espectaculares edificios, en fin, un lugar para no aburrirse y que tiene entretenciones para todas las edades. Para los que aman la perfusión de adrenalina, la montaña rusa, la torre de benji, el avión loco, etc., los dejará más que satisfechos. Otros para niños más pequeños, como autos chocadores, tiovivos, pequeñas ruedas giratorias, paseros en trencito, y mucho más. Para los que deseen tentar suerte al azar, un casino. Y un sinnúmero de juegos de destreza con premios. Y todo en un entorno lleno de flores, vegetación exuberante, laguna con un gran barco-bar pirata, y vistas a las torres del ayuntamiento. En la noche, la iluminación transforma todo en un paisaje de cuento, como un velado homenaje al gran H. C. Andersen. La verdad es que me recordó a  Disneylandia, más pequeño sin duda, pero mucho más auténtico.

Copenhagen es un lugar para volver, no cabe duda

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Una respuesta a “Copenhagen: mucho más que bicicletas.

  1. gracias por excelente crónica de viaje; un fiel retraqto de una pasada algo fugaz hace cerca de veinte años, pero que concuerda perfectamente con todo lo descrito.
    Pepe

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