Nula conciencia ambiental.

Hoy el tema ambiental está de actualidad. Por todas partes se rasgan vestiduras porque se trasgrede el respeto por la naturaleza y se destruye el entorno donde vivimos. Pero hay una inconsecuencia mayúscula en el actuar de los chilenos respecto a estas materias. No demostramos conciencia ambiental alguna.

Efectivamente. La demostración de esta aseveración está a ojos vistas. Los chilenos somos cochinos a más no poder. Contaminamos a diestro y siniestro. Nos sentimos con licencia para ensuciar ¿No está de acuerdo? Sólo mire a su alrededor. Basura por todos lados. Los fumadores van tirando sus colillas por doquier, las calles están casi pavimentadas con estos residuos. Ni hablar a las salidas de oficinas, negocios, bancos…los patios de las universidades son un sumidero de restos de alimentos, puchos, papeles.

Hemos visto en TV reportajes casi kafquianos, con basurales clandestinos vecinos a escuelas. Los bordes de los caminos son depósitos crecientes de materiales de las más variadas índoles, neumáticos, muebles viejos, aparatos de línea blanca, restos de automóviles, cajas, televisores…los he observado, por eso lo menciono. Las calles de las ciudades dan verguenza. Y las actitudes de los ciudadanos, también. Y es toda una cultura de contaminación, es decir, más bien una falta de cultura. Todos contaminan. De  las ventanas de lujosos Mercedes y de impresionantes 4×4 salen disparados envases de galletas, vasos plásticos, papeles, colillas de cigarrillos. Los peatones van tirando sus residuos cotidianos en cualquier vereda. Total, una basurita más junto a las otras apenas se va a notar…Hay basura en todas partes, aún en esos lugrares sacrosantos de la naturaleza que se quiere preservar. He visto bolsas plásticas flotando en los lagos del sur, botellas de bebidas,  envases de jogurt y hasta toallas femeninas y pañales en medio de los bosques, latas de cerveza y cajas de vino en parques nacionales. Y no hablemos, por higiene, de las evidencias de restos de la digestión que a veces amenazan la integridad de nuestro calzado.

Y lo peor de todo es que se hacen marchas y protestas masivas porque algunas empresas van a afectar el equilibrio ecológico. En lugares que nadie de los que protestan conoce. Pero es bueno protestar, gritar y aparecer defendiendo los valores soberanos de la preservación del medio ambiente. Eso mismo que a ellos no les interesa en lo personal, pues tienen una conducta contaminadora cotidiana sin siquiera ponerse siquiera sonrosados. Es una postura hipócrita. Pero es bueno ir en la marcha con un cartel, ojalá en primera fila, capaz que salgamos en la tele. Nos sentiremos justificados y será como ganar una indulgencia para seguir contaminando a más no poder cuando termine la marcha.

Se habla de educar para las futuras generaciones. Eso está bien. Los niños pueden adquirir hábitos saludables. Pero ¿qué pasa si el niño llega a su casa y ve a sus padres tirando basuras por doquier? Confiará más en sus padres, son el ejemplo moral. Por eso, la educación de los niños debe ir acompañada de fiscalización severa de los mayores. Se aprende también a palos. Se dirá que soy retrógrado, pero es lo más efectivo¿ O se cree que en los países llamados civilizados, esos que deseamos imitar, no dan palos? Bote un papel a la calle en USA y si lo sorprenden, la multa no se la despinta nadie. En las carreteras hay letreros claritos que dicen que si arroja residuos por las ventanas hacia el exterior, la multa es de 500 dólares. Y funciona. No como acá que las leyes son letra muerta.

Por eso es que todas estas protestas callejeras en favor del medio ambiente no son más que excusas para presionar a la autoridad, para dar ocasión a determinadas corrientes políticas para justificar su existencia, para ganar pantalla, para figurar. Una farándula más. Se entenderían y parecerían éticas si la población se comportara efectivamente como agente de difusión y ejemplo de conservación ecológica y limpia.Pero no es así, estamos muy lejos de serlo.

Así somos.  Más efectistas que eficaces. Es más importante parecer que ser. Protestar más que vivir sanamente. Como aquel legendario padre Gatica: predica…pero no practica.

 

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