Hermanos Maristas en Chile: 100 años de educación de excelencia.

Como ex-alumno marista quiero entregar mi reconocimiento a una vida al amparo de la educación recibida en el Instituto Alonso de Ercilla, dirigido por los HH. Maristas. Fueron años de imborrables experiencias y de amigos irreemplazables. Y de maestros únicos, destacados, cercanos, serios y formadores de nuestro carácter.Esta congregación de educadores llega a Chile el 27 de febrero de 1911, hace ya un siglo. Lo hacen a la ciudad de Los Andes, donde vivimos actualmente, para instalarse en el Instituto Chacabuco, primer colegio marista en Chile. Su fundación aparece registrada el 25 de marzo de ese año. Actualmente hay también colegios maristas en Santiago (Instituto Alonso de Ercilla, IAE), Rancagua (I. O’Higgins), San Fernando (I. San Fernando), Curicó (I. San Martín), Quillota (I. Rafael Ariztía y Fundación Diego Echeverría), Villa Alemana (Colegio Champagnat), Limache (I.  Santa María), Alto Hospicio (Colegio Hermano Fernando), Tocopilla (Colegio Sagrada Familia), La Serena (Colegio Nuestra Señora de Andacollo), La Pintana (Colegio Marcelino Champagnat).

Fundada en Francia por San Marcelino Champagnat, en La Vallé cercana a Lyon, en 1817. Su deseo fue mejorar la deteriorada educación rural después de la Revolución, preocupándose del amor a Dios y respeto por la religión. Marcelino fue beatificado por Pío XII en 1955 y santificado por Juan Pablo II el 18 de abril de 1999, celebrándose su día el 6 de junio.

En 1903 fueron expulsados de Francia y fue en España donde lograron una mayor expansión y muchos de ellos llegaron a Chile desde allí. Entre ellos los que fundaron el Instituto Chacabuco (ICh). Muchos hermanos han muerto en ejercicio de su acción evangelizadora en lugares remotos o conflictivos, como en el Africa. Ese fue el caso de cuatro hermanos de origen español que fueron asesinados mientras atendían un campo de refugiados ruandeses en Nyamirangwe, en Zaire,  el 31 de octubre de 1996. Los Hermanos Fernando de la Fuente,  Miguel Ángel Isla, Servando Mayor y Julio Rodríguez  son recordados hasta el día de hoy por la comunidad marista como “Los Mártires de Bugobe (o de Zaire)”. Uno de ellos, el Hno. Fernando, está íntimamente ligado a la comunidad andina, ya que fue rector del ICh entre 1990-92, donde le correspondió organizar las celebraciones de los 80 años del colegio, el a. bicentenario de la ciudad y la Canonización de Santa Teresa de Los Andes. Fue también profesor en el I. O’Higgins de Rancagua y rector en el I. San Fernando antes de partir al Africa.

No es posible olvidar mis años en el IAE. Estuve allí todos los estudios, desde las Preparatorias. Al egresar en 1962 estaba preparado para entrar a la universidad. Grandes maestros fueron nuestros guías en esos años, como el inolvidable Gilberto Pozas, rector  y luego Director del Departamento de Psicología en la Pontificia U. Católica de Santiago, donde mi esposa tuvo oportunidad de conocerlo y recibir su orientación cuando pasó por esas aulas. Y el gran Martín Panero, “el Mudo”, profesor de Filosofia y Literatura en el colegio, erudito que gozó de gran prestigio en el medio cultural chileno y universitario. Y mi estimadísimo Hno. Luis Miguel Izquierdo, mi profesor de básica y después, creciendo juntos, profesor de Historia en el segundo ciclo de Humanidades. Tengo la satisfacción y orgullo de ser su amigo hoy día y juntarnos en Los Andes para recordar viejos tiempos escolares. Y el buen Hno. Abel Morales, mi profesor jefe, que fue después rector del ICh, un hombre grande, pero con corazón de niño. Vivió en Inglaterra antes de venir a Chile y fue nuestro profesor de Inglés y Matemáticas. Sus grandes manos rompieron una vez un banco al tratar de imponer orden en la jauría del curso al descargar su puño en la tapa abatible mientras Hilario Juez, habitante del escritorio, se protegía debajo. Fue un momento memorable, por eso aún recuerdo el incidente.

La educación marista marca un sello en los que han pasado por los colegios temporadas prolongadas. Los valores impartidos y la forma de ver la vida desde un ángulo ético y religioso, perduran para siempre, aunque no haya después un compromiso personal formal con la fe católica. Los compañeros de curso, especialmente aquéllos que estuvieron con nosotros muchos años, son, hasta el día de hoy, entrañables amigos.

Los colegios maristas hoy son mixtos. Eso ha permitido que mis nietas Tamara y Francisca hayan pasado a integrar también la familia marista en el ICh, facilitado por mi condición de ex-alumno marista. Eso me llena de orgullo y satisfación. Garantiza para ellas una educación de excelencia y un seguro éxito en la vida,  representando una especie de herencia espiritual de su abuelo.

¡Celebremos con alegría este centenario marista!

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