La fiesta de los decibeles: ¡cuidado con asistir a muchas!

He observado un fenómeno que se repite cada vez que hay una fiesta en la cual un grupo musical, orquesta o cantante, animan el baile. Es costumbre que lo haga a un volumen excesivo, de tal manera que no es posible mantener una conversación con la pareja o los amigos, considerando que no todos en el salón están bailando. La comunicación es indispensable para hacer entretenida una reunión social.El oído humano es un órgano delicado. Y el sentido de la audición, indispensable para llevar una vida normal y placentera. Las ondas sonoras rebotan en el tímpano ubicado al fondo del conducto auditivo a modo de membrana de un tambor. Esta vibración se trasmite a través de los huesecillos del oído medio, yunque, martillo y estribo, el cual imprime esta energía en un líquido que baña el oído interno, la endolinfa, cuyos vaivenes van finalmente a activar las células nerviosas del órgano de Corti ubicadas en el caracol. Cada grupo de células se activa por diferentes longitudes de onda, permitiendo que esta información sea llevada por el nervio auditivo e interpretada en el cerebro como diferentes sonidos. Maravillosa complejidad que nos conecta con los cantos de la naturaleza, con la creación sonora transformada en música y con el lenguaje

La longitud de una onda, dentro del espectro audible, define el tono del sonido. La energía de la onda es su volumen y se mide en decibelios o decibeles. Una conversación generalmente emplea un volumen normal de hasta 60 decibelios. La voz humana es audible a partir de los 25 decibelios. Sobre los 80 decibelios el oído empieza a sufrir daños y sobre los 100, definitivamente hay pérdida paulatina de las células del órgano de Corti, lo cual se manifiesta en sordera progresiva con la exposición prolongada o frecuente a estas intensidades. Cuando en una fiesta hay que gritar para hacerse oír en la conversación, probablemente los parlantes están sonando a más de 90 decibeles. Y ya sabemos que sobre 80, ya aparece el daño con pérdida de la capacidad auditiva. Los jóvenes menores de 30 años tienen una resistencia mayor a estas altas intensidades y no presentan los síntomas propios del trauma acústico: mareo, intenso dolor de cabeza, vértigo, ruido y zumbido de oídos. Pero van perdiendo capacidad auditiva paulatinamente, transformándose  en sordos sin casi saberlo. Los mayores de 45 años, además de perder células auditivas, sufren los síntomas ya descritos a causa de la exposición prolongada a estas intensidades sonoras.

Ir a una fiesta hoy, para nosotros los mayores, implica pagar un costo en capacidad auditiva y salud. No es raro que debamos retirarnos antes de tiempo de la sala porque empezamos a sentir la cabeza pesada y nos zumban los oídos. Hemos decidido comenzar a llevar tapones protectores para aislarnos de la intensidad  del sonido y poder disfrutar más tiempo de las fiestas. No ha significado un trastorno mayor. Total, igual no se puede conversar mucho. Nadie escucha.

Y ni hablar de las discoteques, donde estos fenómenos llegan a alturas insospechadas.

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