El Lago de los Cisnes: gran gala en el Municipal de Santiago.

Después de muchos años tuve la oportunidad de volver al Municipal. El teatro se está reinaugurando después de los daños sufridos por el terremoto del 27F y ahora aparece recuperando sus tradicionales galas, remozado, luminoso, admirable. Subir sus escaleras y aposentarse en lo alto, frente a esa lámpara enorme de miles de cristales que parece llenar el espacio bajo los románticos frescos pintados del cielo, llena de orgullo y satisfacción por poder contar en nuestro país de tan digno escenario para las artes escénicas y musicales. Este clásico edificio santiaguino ubicado en la calle Agustinas, entre San Antonio y Tenderini, recuerda la majestuosidad de L´Opera de Garnier, en París. Probablemente muchos teatros fueron inspirados en el modelo de la Ciudad Luz, como es el caso del Colón de Buenos Aires. El sobrio y elegante edificio de Santiago fue diseñado por Claudio Francisco Brunet des Baines siguiendo los dictados imperantes del neoclásico francés e inaugurado en 1857 con la ópera Ernani, de Verdi, montada por una compañía italiana.

El ballet de El Lago de los Cisnes fue representado con gran brillo y belleza escénica en esta ocasión. El ballet de Santiago y la Orquesta Filarmónica se lucieron, al igual que la bailarina Natalia Berríos en el rol de Odette/Odile, junto a los bailarines invitados Alain Honores (de Birmingham), como Rothbart, y Luis Ortigoza (del Colón) como Sigfrido. La música de Tchaikowsky envolvió la atmósfera con sus cadenciosas melodías, tan recordadas y siempre emocionantes, transportando nuestra imaginación hacia ese lago encantado donde flotaban blancos cisnes. Bien logrado los efectos con paneles transparentes y luces de colores, imitando el reflejo de la luna sobre las aguas.

Esta es una de las piezas de ballet más representadas en la historia. Es curioso que no tuviera en el estreno el éxito esperado por el autor. Encargada por la Opera de Moscú, fue estrenada en el Teatro Bolshoi de la capital rusa en 1877. Pero cobró su revancha y re-estrenada en 1895 en San Petersburgo obtuvo un atronador éxito que la mantiene hasta nuestros días como una obra maestra de música y danza.

Volví a trepar hasta el anfiteatro del Municipal. Recordé, una vez más, mis años de universitario, cuando con poco dinero aprovechábamos nuestra condición de estudiantes para asistir al teatro y ver una ópera o escuchar un concierto. Estar ahí representa uno de los placeres del espíritu más significativos para quien ama la música.

Al menos, es lo que me hace sentir.

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