El parto de la tierra y la cultura de seguridad en Chile.

La tierra se aprontó a parir a 33 almas heroicas que durante 69 días germinaron en el interior del cerro. La nave exploradora enviada hacia el centro del planeta semejaba un cohete que fuera dirigido cabeza abajo. Y que debía traer a la superficie a los 33 navegantes telúricos que nunca imaginaron transformarse en primeros actores de un acontecimiento único en la historia de la minería a nivel mundial. La alegría del reencuentro hará olvidar los días de angustia y los momentos de desesperación en las primeras dos semanas cuando no se sabía si estaban con vida o no. La epopeya de los logros paulatinos, una vez establecido el contacto con los residentes de las profundidades, fue creando todo un registro de impacto creciente hasta llegar a involucrar a todo el país. Y, tal vez, al mundo entero. Opacando a las demás noticias cotidianas, obnubilando a los noticieros, a la prensa.

Después de encontrarnos recuperados de los momentos más emocionantes vendrá el análisis de los orígenes de todo esto. De las causas del accidente, del por qué de los porqués. Ya ha empezado a debatirse el tema de la seguridad en la minería y en la actividad industrial en general. El Presidente ha prometido modificar la ley que regula estos conceptos y la ministra del ramo aseguró que se aumentará la fiscalización. Conductas atinadas para educar a un pueblo desordenado y casi anárquico, que vuelve rápidamente a sus viciadas prácticas de imprudencia cuando la autoridad mira para otro lado.

Es una cuestión de actitud. De conciencia real de eficiencia. De hacer las cosas como deben ser hechas. Sin necesidad de tener encima al fiscal. Porque hacerlo bien y con minimización de los riesgos es más rápido y económico a la larga. Pero es cuestión de años crear esos hábitos. El chileno es arrojado, imprudente, hace cosas peligrosas y arriesga su vida a veces por gratificarse con un beneficio mínimo, como atravesar la autopista sorteando vehículos que circulan a gran velocidad por ahorrarse dos cuadras de camino hasta la pasarela segura. O sacarse el casco porque hace calor, o no amarrarse en los andamios porque es algo incómodo, o subirse de repente a la aventura en  un techo para reparar una teja por no darse el tiempo para esperar ayuda, o esmerilar sin lentes de protección, soldar sin escafandra, taladrar sin tapones acústicos…no se mide los riesgos, se ignora las normas de seguridad. Menos las del tránsito, caso de ciclistas, ni del comportamiento urbano, cruzando calles a destiempo, no respetando luces verdes para los automovilistas, saltando con vehículos en marcha…en fin, pareciera que muchas veces sus vidas valen menos que los objetos que poseen, los cuales son cuidados con más respeto y atención.

Así somos, hay un mejor futuro deseable de lograr, pero la tarea será larga y tediosa. Y dura, para poder cambiar malos hábitos a fuerza de severidad y control, necesarios cuando las malas conductas están tan arraigadas en nuestra gente. Habrá que introducir fuertemente contenidos de seguridad en la educación escolar y enterder que enseñar estas cosas es más vital para un niño chileno que aprender a saber cómo se vive en Europa. Y educar a los padres con el palo en la mano (multa), ya que ellos desvirtúan rápidamente las enseñanzas escolares. Los he visto arrojando desperdicios desde vehículos en marcha en calles y carreteras con sus hijos a bordo, o atravesando la autopista a la carrera con los niños de la mano o hasta con los bebés en brazos. Así ¿quién aprende? ¿No es obligación de un padre o una madre enseñar conductas saludables a asus hijos?¿No es parte de los derechos de un niño recibir una educación sólida y ética que lo aparte de conductas no deseadas por la comunidad? ES LA ÚNICA MANERA DE CONSTRUIR UNA SOCIEDAD MAS RESPETABLE Y SEGURA.

Los países admirados, como algunos europeos o de Oceanía, donde el devenir diario es más fluido y cada ciudadano se mueve con un margen mayor de respeto y consideración, tienen libertades acotadas. No hay libertinaje para hacer lo que a cada cual le venga en ganas. No señor. Si bien es cierto que la policía no anda encima y la fiscalización parece no existir, las faltas a la confianza depositada por la sociedad son severamente castigadas, sin apelación. No hay mano blanda, como en nuestro continente, donde hecha la ley, hecha la trampa. El palo y el fuego, con los cuales se mantiene a raya a los animales feroces, está también muy vigente en esas sociedades, aunque no sea aparente. Lo que sucede es que los habitantes respetan las reglas fijadas por ellos mismos y no es necesario estar encima de cada cual. Por eso los consideramos “más civilizados”. Pero han sido educados en estos valores desde la cuna por siglos.

Pero por algo hay que empezar. Para recorrer 1.000 kilómetros, dice un proverbio chino, siempre hay que dar el primer paso en esa dirección ¿Será el presidente Piñera quien comience dando este paso?  Porque hasta ahora da la impresión que siempre nos hemos movido en círculos.

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