Días de radio.

El 21 de septiembre no sólo comienza la primavera. Es también el “Día del trabajador radial” ¿Sabían ustedes que Chile fue el tercer país del planeta en tener una radioemisora, después de USA y Argentina? ¿Que en Chile hoy hay 2.000 radios? ¿Que cada día 6 millones y medio de chilenos buscan en el dial noticias, entretención y cultura?La radio no murió en 1962 cuando llegó la TV a Chile, como muchos pregonaban con agoreros pronósticos. Al contrario, su desarrollo se incrementó a una velocidad mayor que “la caja boba”, con diversidad, potencia, fidelidad y penetración en la población hasta los lugares más alejados.

La primera trasmisión radial en nuestro país, por la naciente Radio Chilena, fue el 26 de marzo de 1923. Enrique Sazié construyó un precario radiotrasmisor de 5 watts que fue instalado en el edificio de El Mercurio, con antenas en el edificio Ariztía, en calles Nueva York con La Bolsa, y en el Club de la Unión. El primer programa fue con música en vivo, algo de humor y un discurso de Osmán Pérez Freire. El primer hito radial fue el 21 de mayo de 1924, cuando se trasmitió en directo el mensaje presidencial de Arturo Alessandri Palma.

¡Cómo no saber apreciar este medio de comunicación! Fui también hombre de radio, con un programa educativo y de consultas públicas en temas médicos que mantuve por dos años en Radio Agricultura de La Serena. Y me tocó vivir una época de gloria en la radioemisión chilena, cuando toda la familia se reunía alrededor del aparato de radio para escuchar un programa favorito. Recuerdo con nostalgia mi adolescencia pegado al receptor, electrizado con las alternativas de “Adiós al Séptimo de Línea”, o temblando de espanto con la “Tercera Oreja” o “El Siniestro del Dr. Mortis”, estimulando la imaginación juvenil hasta grados superlativos. Quién no recuerda “Radiotanda”, “Residencial La Pichanga”, “La Familia Chilena”, “Hogar, Dulce Hogar”, gran éxito de Eduardo de Calixto por casi 40 años, y más recientemente “La Bandita de Firulete” con el recordado y genial Jorge Romero. O los primeros concursos millonarios, como “De un Martini a Millonario”, o “La Melodía Misteriosa” con Raúl Matas, donde se disfrazaba con gran truculencia una melodía popular muy difícil de acertar. Este último nos regaló durante 25 años con “Discomanía”, que después continuara Ricardo García.

El radioteatro fue el gran evento familiar. Cuántas lágrimas se derramaron con “El Derecho de Nacer”, o con el “Radioteatro del Amor”, con las figuras inmortales de Emilio Gaete y Mireya Latorre. Los domingos en la noche, tarde, antes de dormir, en el silencio de la casa, ponía una radio portátil debajo de la almohada y escuchaba “Cine en su hogar”, dirigido por Elba Gatica, donde se radiotrasmitían películas de la cartelera. No tenía ni tiempo ni dinero para ir al cine, en esos primeros años de universidad, pero así no quedaba “out” en la temática cinematográfica. Un radioteatro notable fue el desarrollado por Orson Welles en Nueva York, cuando trasmitió La Guerra de los Mundos en forma de un noticiario y la gente salió despavorida a las calles huyendo de la invasión marciana, con alarma policial y periodística. Así era la credibilidad y el realismo de esa radio histórica.

Pero eso es pasado. Hoy escuchamos radio en 5.1, en FM estéreo, en todos los puntos del país y podemos acceder a muchísimas radios extranjeras a través de la onda corta. La instantaneidad de la noticia no tiene competidor a la radio. El día del terremoto el 27.2 a los pocos minutos ya pude saber el origen del seísmo al sintonizar una radio de Tucumán, Argentina, que situaba un “sismo con características de terremoto en la zona de Concepción, en el sur de Chile”. Igualmente, podemos considerarla una gran compañía que llena las horas de los solitarios, hace más corta las esperas, educa, entretiene e informa, casi sin ocupar espacio con los nuevos dispositivos con audífonos que apenas ocupan una parte del bolsillo de la camisa.

Vaya, pues, nuestro reconocimiento a los esforzados trabajadores de la radio, locutores, radiocontroladores, DJ, periodistas, noteros en terreno, personal administrativo y técnico, sostenedores y directores. Para ellos, muchas veces, no existe horario cuando hay que cubrir una emergencia. Y realizan su labor con una dedicación y vocación profundas, admirables y poco reconocidas, porque la radio está ahí, como parte del paisaje y forma ya cuerpo con nuestra propia conciencia. Como que estuviera dentro del aparato, que se trae a la vida con solo apretar un pequeño botón, y se silencia y cambia a voluntad. Sin detenerse a pensar en cuántas voluntades y esfuerzos pueden hacer posible esos milagros. Que no terminarán, lo garantizo.

Porque la radio es adictiva.

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Una respuesta a “Días de radio.

  1. En radio del pacifico: romances de atardecer…con alfredo mendoza y Maria llopard…Redio Corporacion: Tarzan…y la voz de julio Young, haciendo de Tarzan

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