Bicentenario en Chile: ¡Toda la carne a la parrilla!

¡Qué gusto da ver a las celebraciones oficiales de este 18 del Bicentenario girar en torno sólo alrededor de los verdaderos valores nacionales! Me siento orgulloso como chileno sentir que ahora se está destacando el nacionalismo sincero sin veleidades excluyentes, dejando de lado menciones al pasar de un pasado reciente disociador y mirando solamente a un futuro de unidad con una convivencia sana y productiva. Todas las manifestaciones que me ha tocado presenciar, y participar en algunas, han sido diferentes a las vividas durante los 20 últimos años. Digámoslo por su nombre. Se nota la diferencia. No me ha parecido evidenciar ninguna mención a temas políticos, al contrario, ha existido una franca expresión de interacción y aceptación de todas las corrientes. Nuestro Presidente, junto a los cuatro ex-presidentes de oposición, inaugurando una bandera chilena gigante frente a La Moneda, retratan el sentir de los nuevos tiempos. El regreso a la nacionalidad, el retorno a los valores patrios más íntimos y tradicionales, la exaltación de nuestros logros históricos como nación, son caminos que da gusto transitar en estos momentos.

La Parada Militar del Bicentenario rompió con todos los esquemas antes vistos. Fue impresionante. Y llena de símbolos de gran significado, como esas 200 banderas chilenas portadas por otro número igual de ciudadanos representativos de todos los niveles, condiciones, edades y etnias que conforman la sociedad de nuestra Patria. Todos juntos en torno a Chile y con Chile en nuestras manos. Como debe ser. Y las palabras del Presidente destacando el rol del Ejército, la pertenencia a todos los chilenos y la identificación con él de la sociedad entera, ya que es el garante de nuestra independencia y supervivencia como Nación autónoma, y de la paz social cuando es necesario, sin contar con la vital asistencia en momentos de catástrofe cuando la civilidad no es capaz de mantener la calma. Esta verdad quedó demostrada en el terremoto de febrero, cuando la incomprensible demora de llamarlo por parte de nuestra anterior gobernante, dejó en evidencia las tristes consecuencias de ello.

La Revista Naval fue todo un acontecimiento. Un espectáculo pocas veces visto por la ciudadanía, que lleva necesariamente a los chilenos a mirar definitivamente hacia su extenso mar, esa riqueza tan visible y tan ignorada. La presentación y desfile de las fuerzas del mar, acompañados de la civilidad flotante, integrada a la Revista Naval, lleva a comprender que todos somos uno, uniformados y civiles, unidos en nuestro océano que aún está esperando que se cumpla la promesa manifestada en la Canción Nacional: “…y ese mar, que tranquilo te baña, te promete el futuro esplendor”.

Me he dado cuenta que este año ha imperado un espíritu festivo muy particular. Hay deseos de divertirse sin altisonantes extremos, sin exageraciones extranjerizantes, un sincero re-encuentro con los sones vibrantes de nuestra cueca que se ha visto bailar en estas fiestas como nunca antes. Hay renovados encuentros entre los chilenos y una esperanza de mejor convivencia ciudadana, sin odiosas exclusiones.

Que el rescate de nuestros mineros atrapados en el norte sea el verdadero símbolo del gran rescate de la chilenidad, del encuentro generoso entre hermanos  que tienen por delante el más exitoso destino común para construir. Basta con que miremos atentamente esa blanca estrella que los Halcones nos mostraron en el cielo de Valparaíso. Ella es la que nos debe guiar siempre.

Son tiempos de cambio, no hay duda.

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