¡Cambiemos el fútbol ahora!: necesitamos urgentes reformas.

Me gusta el fútbol, como a millones de otros habitantes de este planeta. Y disfruto de un buen partido neutral y me pongo frenético con los de mi propia consigna, como es el caso de la Roja. Y estoy feliz porque llegó a Sudáfrica, consiguiendo el objetivo de un proceso. Pero de ahí a sentirse merecedor de otras alturas…

Los campeonatos mundiales son la justa máxima de este deporte. La ventana donde todos desean lucirse: jugadores, técnicos, preparadores físicos, dirigentes, países, federaciones, estadios nuevos, uniformes, pelotas de avanzada, botines de colores, patrocinadores, auspiciadores, cadenas de TV, la prensa, comentaristas, relatores…en fin, todo el universo llamado fútbol.

Entremezclado con ello, la farándula, artistas consagrados y de los otros, los programas alusivos, los pintamonos de siempre junto a otros de aparición reciente, canciones, versos, elementos de animación que terminan aturdiendo, disfraces, exposiciones con recuerdos de glorias deportivas de antaño y recientes, sobre-exposición de temas futboleros, saturación de las pantallas con el verde de las canchas y de los sistemas de audio con los gritos de gol.

Millones de personas en el planeta girando alrededor de la pelota Javulani y ensordeciendo al estridente sonido de las vuvuzelas. Miles de millones de dólares girando en un remolino que tiene como vórtice a la FIFA. Pero detrás de todo ello, la esencia del juego, el objetivo final. Ganar la Copa Mundial. Ser campeón del Mundo, derrotando a todos, subiendo al primer lugar del podio. Eso es lo que está detrás de todo el ruido y de las cortinas de humo lanzadas por la farándula.

Hay que aprovechar estas justas mundiales y el revuelo que crean para ir perfeccionando un deporte de preferencia masiva, pero que se ha ido quedando atrás en su control fino. Ha ido perdiendo competitividad en justicia. Los cuadros invierten mucho tiempo, dinero y esfuerzos preparándose para la justa final y, muchas veces, para sólo quedar expuestos a decisiones injustificadas de los árbitros, que de un plumazo, deciden la suerte de los partidos. Y al traste todo lo invertido.

En este mundial hemos visto ya de todo, quedando todavía varios partidos por disputar. Goles legítimos que no se cobraron, goles en franca posición adelantada que sí se cobraron, numerosos falsos fuera de juego que abortaron jugadas con peligro de gol, etc. Considero imperdonable que el gol, el objetivo final del juego fútbol, la meta buscada y que da sentido a todo el partido de 90 minutos, quede a merced del criterio de personajes incapaces de evaluar esa opción. Inglaterra hizo un gol legítimo, la pelota pasó un metro la línea de meta, pero no fue sancionado ¡Porque nadie lo vio! Es decir, miles de millones de personas lo vimos, pero eso no valió de nada, porque no lo hicieron los jueces que regulaban el pleito ¿Dejó por eso de ser gol? ¿No lograron, acaso, los jugadores ingleses el objetivo del juego, que es meterla adentro del arco? Sin embargo, fueron despojados injustamente del éxito válido y sin compensación alguna, por un error referil inexcusable.

Y un capítulo aparte, no menos grave, es el tema de las sanciones a jugadas bruscas o riesgosas, al juego rudo o por actitudes antideportivas y deshonrosas. Las tarjetas. El fútbol es deporte, pero también un espectáculo remunerado. Se asiste a un duelo que se pretende sea equilibrado y lleno de emoción. Y esa situación se altera irremediablemente cuando se expulsa a uno de los jugadores. Se acaba bruscamente el equilibrio de las fuerzas, se decide el curso de los partidos, se define precozmente el final de la lucha, se pierde la emoción competitiva en igualdad de condiciones. Y nadie puede poner en duda que estas decisiones se sostienen en el criterio aplicado por personas circunstanciales que estuvieron a la cabeza de las determinantes del caso: los árbitros. Que siguen normas generales un tanto ambiguas. Que se guían por reglamentos laxos y sugerencias que pueden o no aplicar con más o menos rigor. Es decir, poco fiables y dependientes de variables más emocionales que racionales.

¡Qué absurdo! Toda la estructura de un juego muy complejo y que requiere de perfección, arte y colaboración colectiva para que sea bello y efectivo, descansa en la personalidad y capacidad de un sujeto que dirige y controla las diferentes alternativas del proceso. Castiga y sanciona, a veces fatalmente. Un choque casual en el área en el último minuto es sancionado como penal. Y decide la victoria de uno de los rivales. Un gol legítimo no es cobrado y puede definir el curso del partido completo. Un jugador menos en un partido de nivel mundial resulta desventaja insalvable para el equipo afectado, y a pesar que fue por doble amarilla, merecidas por tirar la pelota 5 metros más allá y por un agarrón de camiseta en la mitad de la cancha o por reclamar en tono algo subido o sacarse la camiseta después de celebrar un gol. Situaciones nada gravitantes en el juego mismo, o alejadas del objetivo intrínseco, pero que definen el curso de todo el partido. Si se quiere educar al jugador, promover el juego limpio, mejorar conductas que afean un espectáculo, bueno, hay que buscar medidas que logren eso, pero sin inclinar la balanza hacia uno u otro lado de los rivales.

Otro tanto hay que decir de la ley del “off side”. Un obstáculo inconsecuente que sólo pone trabas a la obtención del gol. Después se ha aliviado un poco al definir que “en línea no es fuera de juego” ¿Y para qué tanta estupidez? Dejemos que los equipos hagan lo que quieran con la estrategia, aprovechen a sus jugadores hábiles, vayan al ataque y sobrepasen las defensas. Esa es la belleza del fútbol, el gol, la habilidad para llegar a las redes. Y si es con un “lauchero”, bueno, hay que modificar las estrategias. Como era antes. Con hartos goles, harta alegría, con el grito de gol en la garganta. Creo que sería mejor que ahora. Destrabar el juego siempre será mejor, entorpecerlo y hacerlo más dificultoso sólo hará los partidos más aburridos. Pero les da más importancia a los árbitros y a los jueces de línea, que se han transformado en los verdaderos actores de los partidos en desmedro de los jugadores, los auténticos ejecutores del evento deportivo.

No estoy diciendo que no se sancione, nada de eso. Sólo que se busque opciones más de acuerdo con la modernidad y la tecnología para evitar decisiones arbitrarias. Para respetar al público que asiste a este espectáculo pagando su entrada y manteniendo todo el sistema del fútbol profesional. Para controlar el juego con verdadera sensatez y equidad. Para hacerlo más competitivo, más emocionante y justo.

Quizás mucha de la violencia que se vive en los estadios y en las barras pasa por estas injusticias que se viven en la cancha, frustraciones no superadas por los hinchas burlados por árbitros sin criterio o incapaces.

La FIFA se opone a modernizar al fútbol. Claro. Eso le haría perder control sobre todo este tremendo negocio. Y siempre queda una atmósfera de duda, una nube difusa de trasparencia poco clara, una intención mal explicada.

¿Habrá llegado el momento de cambios?

Creo que sí.

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Una respuesta a “¡Cambiemos el fútbol ahora!: necesitamos urgentes reformas.

  1. Yo creo que ya hace largos años el fútbol se fue poniendo “mezquino”: en la mayoría de los casos gana el que mejor defiende y no el que mejor ataca. Creo q la clave estaría en evaluar los pequeños cambios en las reglas del juego para que sin dejar de ser en absoluto el deporte que es, se logre, y tal vez de apoco, por que no,
    :aumentar la cantidad de goles, la cantidad de llegadas, favorecer al ataque, desanimar al juego defensivo desmedido (porque no penalizarlo). Me imagino en miles de posibilidades, pero tampoco quiero que sea otro deporte, así que supongo que los cambios deben ser buen estudiados y de apoco!
    Porque a pesar de que hay mucha gente que para justificar el juego defensivo extremo, jugar de contragolpe y con pelotazos, dicen que el fútbol no es solo ataque sino también es defensa y otras tantas pelotudeces (entre otras cosas esos son los mismos q defienden los penales y que dicen que no son cuestión de suerte), no podemos negar que el juego que desplegó Cappa con Huracan no nos llenaba de ilusión de que existe un fútbol mejor y mas leal, el ofensivo de Bielsa de ir siempre adelante nos llena de orgullo y nos hace creer, como en otros niveles en la vida, que existe la actitud honesta de decir esta quiero y por ello voy y no especulo. Y hasta el ocarácter ofensivo del fútbol de Maradona será talves lo mas loable o lo menos discutido de su paso como DT en el mundial.

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