La popularidad es “emífera”.

Sorprendimos a Tucón y Mayita conversando sobre la popularidad. Extraño bien otorgado por las masas siguiendo patrones más bien aleatorios. Frágil, esquiva y veleidosa. Nunca estable, de ahí el acertado adjetivo definido por el célebre Peter Veneno.
T.: ¡Hola pajarita! Qué bien te veo hoy. Tan colorida y vistosa. Te aseguro una popularidad instantánea.
M.: Gracias amigo. Pero sólo quiero vivir tranquila y poder peinarme mis plumas sin apremio. La popularidad termina ahogando, destruyendo y matando. Y no dura nada, por lo demás. Es más falsa que pechuga de silicona.
T.: Tienes razón. Muchas veces es creada por la prensa que se dedica a levantar falsos ídolos con el fin de mantener la atención y vender más y más imágenes. Los sujetos objeto de la popularidad terminan transformados en esclavos de la adoración pública.Sin vida privada, manoseados, obligados a responder a eso cuando se tragan la píldora. Si se encandilan con la radiación, están fritos.
M.: Y después son cruelmente derribados por los mismos que crearon los mitos. Hay que darle la pasada a un nuevo candidato a gil. A otro más rutilante y menos exigente que el otro que ya se creyó el cuento y se puso pesado.
T.: O peligroso. Acuérdate de lo que le pasó al Leo Farkas. Mucha prensa le dio vuelo para que se creyera posible candidato a la Presidencia, y como el hombre tiene facha y es millonario y, además, benefactor nato, agarró vuelo el asunto y su creciente popularidad comenzó a sacar ronchitas en otras epidermis, léase políticos ansiosos del poder…perdón, de gobernar.
M.: Pero otros no necesitaron mucho de la prensa, como fue el caso de la Presidenta Bachelet. Ella se ganó su popularidad a puro ñeque, creo yo, con carisma y prestancia en el exterior. Mira que habla de corridito como 4 idiomas. Y eso cuenta al momento de codearse con los mandarines de fuera. Además, le valió mucho su empeño de tratar de igualar el respeto de los géneros. Las féminas se cargaron para su lado.
T.: Mmmmmm, aunque a veces eso fuera perjudicial para el país, había algunas que ni la cara le salvaban la pega.
M.: ¡Eres un pesado! Hoy las mujeres estamos para cosas grandes, si nos dan la pasada ya verían los hombres que somos capaces y ….. blá…blá…blá….
P.: ¡Para, para! Ya, termina, que eso nos dará para otro copucheo. Pero donde la doctorcita popularizada la anduvo embarrando fue en no dar a tiempo la orden al ejército de salir a las calles para controlar los desmanes que siempre se producen en las catástrofes. Se pensó que la politiquería había sido capaz de domeñar a la masa salvaje en 20 años. Error. Al revés, parece que ahora los chilenos son más salvajes que antes. Da la impresión que se han anestesiado los frenos morales.
M.: Claro, si en estos 20 años han prevalecido los agnósticos y los demo cristianos fueron submarineados por la izquierda no creyente. Eso se ve en el comportamiento general de la población, un poco ley de la selva, cada cual hace lo que le viene en gana.
T.: ¿Se habrá demorado con los militares por el fantasma de don Pino? Sabiendo que habría toque de queda…eso pesa en el espíriru de una ex-detenida y exiliada. Claro que en esa época ella era de la ultraizquierda, por lo que probablemente su conciencia no debía estar cien por ciento tan tranquilita. Pero comentan que ella no fue la que dudó, sino sus asesores del 2º piso de La Moneda que la aconsejaron no hacerlo porque afectaría a su popularidad e imagen. Su imagen ante la izquierda, creo yo, ya que ante la comunidad toda quedó como el unto ¡Qué patanes!
M.: Una pena, los hechos demostraron que fue un error de los mayúsculos.
T.: ¿Sabes? Me llama la atención que todos esos políticos que aseguraban ser fanáticos por Chile y se sentían paladines del servicio público no han ni aparecido en los escenarios del terremoto. Ni siquiera para figurar. Frei y Enríquez  estaban en el extranjero, Arrate se eclipsó, después que volvieron sólo se han dedicado a criticar, no los he visto sumándose a las campañas solidarias, ni siquiera tratando de construir una mediagua…¡Nada! En cambio Farkas, tranquilito, sin bulla, se fue con 17 camiones llenos a repartir comida. También me llama la atención que la Dra. B, en su calidad de médico, no haya ido a echar una manito. Hoy somos todos chilenos, estamos todos con los que sufren, pero parece que los políticos no son capaces de sobreponerse a sus diferencias doctrinales, tan mezquinas…
M.: Sabias palabras pajarito. Pero ahora me voy a hacer mis cachirulos y te dejo. Mira que me cuesta peinar la pluma larga y tengo para rato.
T.: Bueno, yo me voy a mirar un rato del partido del Zaragoza con el Chupete.
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