¡Terremoto en Chile!

Nuestro país ha sido otra vez castigado por esta Naturaleza indómita que se resiste a ser domeñada por el avance de la tecnologia humana. Un nuevo remezón que descubre nuestras falencias, destaca nuestras fortalezas y exterioriza lo más atávico del comportamiento cívico de nuestros conciudadanos. País de records poco gratos. El terremoto-maremoto de 1960 es el más grande que se registra desde que hay mediciones de la potencia de los movimientos sísmicos. Equivalió a tres bombas de Hiroshima. Este de Cobquecura, es el quinto en secuencia. Es decir, dentro de los “top five”, Chile ostenta el orgullo de contar con dos registros. Nada despreciable.Y un terremoto es mucho más de lo que se muestra a simpre vista después de que pasa el primer momento de angustia, después de sacudirse el polvo y calmar el espíritu. Al levantar la vista se aprecia el daño objetivo que es obvio a ojos desnudos. Pero después de explorar las viviendas, recorrer los edificios y analizar los destrozos provocados por el seísmo, nos empezamos a dar cuenta que hay una situación de tipo “iceberg”.  El daño es muchísimo más importante dentro de las viviendas y edificaciones. Muchas de ellas quedarán definitivamente inutilizables por daños estructurales incompatibles con la seguridad de sus moradores, a pesar que por fuera todo pareciera estar más o menos bien. Es lo que se está viendo en este terremoto.

Las normas de construcción en Chile son muy estrictas respecto a la sismicidad y se construye siguiendo patrones muy severos. Lo demuestra el hecho que un terremoto de la magnitud del de ahora con 8,8 grados Richter en el foco del epicentro y más de 7 en un vastísimo territorio, comprometiendo siete regiones y casi al 70 % de la población del país, apenas ha causado una convulsión transitoria de 48 horas, reanudándose los servicios básicos y aprovisionamientos en forma paulatina y eficiente. Eso habla de una buena cultura sísmica y organización social adecuada a la emergencia. Fenómenos de menor magnitud en otras latitudes han causado caos y terror irrecuperables por años, miles de muertos y damnificados y secuelas indelebles.

Pero no debemos engañarnos. Nuestra realidad sobrepasa la apariencia. Si bien los edificios no se derrumbaron aplastando a sus moradores, con escasísimas excepciones, las fuerzas naturales han terminado por dañar irreversiblemente algunas estructuras funcionales, incluso modernas, que hacen externder sorpresivamente los daños hasta cifras incalculables. Pasa a ser un terremoto mentiroso. Por eso, la ayuda exterior es necesaria. La solidaridad internacional debe tender una mano a Chile, así como nosotros lo hemos hecho con generosidad hacia aquéllos que lo necesitaron en su momento de angustia.

Otra cosa es el hecho deleznable de los saqueos observados en Concepción y otros sitios afectados. Criticamos en su momento, arrugando el seño y pontificando, cuando fuimos informados de los saqueos ocurridos en Haití. Atribuimos esos lamentables hechos a la pobreza y precariedad de ese pueblo, a la incultura y el atraso de sus habitantes, a la desorganización social existente, a sus antecedentes de terribles dictaduras y represiones, hambre y enfermedades ¿Y nosotros? ¿Somos parecidos a ellos? ¿Somos iguales? ¿Vivimos en medio del desorden y en la anarquía acaso? ¿Estamos desfalleciendo sumergidos en la hambruna y hemos sido azotados por graves epidemias? ¿Somos un pueblo ignorante y atávico?

Estas preguntas hay que contestarlas a la luz de los hechos, observando el comportamiento de nuestros conciudadanos frente a esta catástrofe que nos afectará a todos, directa o indirectamente, que necesitará de toda nuestra entereza moral como pueblo y de toda nuestra generosidad como seres individuales, para superarla dentro de  la mayor brevedad posible. Pero hay una mancha en estas otras fuerzas oscuras que están aflorando en nuestra sociedad, algo a lo cual no estábamos acostumbrados, gérmenes nocivos que se posesionan en el interior de muchos semejantes volviéndolos salvajes e incontrolables. Hay una ruptura social grave que es necesario detener. Que ahora se muestra como un cáncer que se exterioriza con violencia en momentos de debilidad, pero que allí estaba oculta y en relativo silencio. Debemos hacer un gran esfuerzo en averiguar las causas de ese comportamiento y tratar de detener este flagelo con toda la energía necesaria. Nuestra seguridad y la de nuestros hijos y nietos dependerá de la convivencia civilizada futura, nunca de la violencia y la anarquía.

Esta eventualidad, dentro de la desgracia, servirá para corregir muchas deficiencias chilenas que estaban ocultas detrás de una máscara de modernidad encandilante: tecnología digital, comunicaciones de avanzada, redes en línea, automóviles sofisticados, casinos deslumbrantes, TV de alta definición, etc. Detrás de la fachada, del maquillaje y la careta, de la postura teatral, aperecen la pobre realidad de la falta de educación, la mezquindad y la avaricia, el desorden y la rebeldía sin sentido, la violencia, la delincuancia y la droga, la banalidad de las aspiraciones y la vanidad inconsecuente.

¡Arriba Chile! Unete al cambio verdadero, al futuro seguro, a una auténtica cultura chilena cimentada en la seguridad y en aspiraciones valóricas que hacen a un pueblo digno ser llamado grande.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s