Comelibros 2009.

Este fue un año de bastante lectura, tanto de entretención, como de tipo técnico. Mucho estudio, mucha bibliografía para el Magister de Educación Superior y un interesante abanico de literatura de las más variadas temáticas que paso a describir a continuación. 

Hubo un buen comienzo con El Ultimo Catón de Matilde Asensi, escritora entretenida que teje la intriga de la novela siempre de manera cautivante, tanto que no se puede abandonar la lectura hasta terminarla. El Secreto de Wilhelm Storitz, novela algo desconocida de Julio Verne, recientemente descubierta, me retrotrajo a mis años de mocedad, cuando este autor hacía las delicias de los adolescentes de medio siglo atrás. Terminé enero con Hielo Ardiente, entretenida acción de Clive Cussler, en el género intriga espionaje. Ya en febrero, La Clave está en Rebeca, de Ken Follet, resultó ser un buen título para el verano con un relato al estilo de este autor, siempre apasionante y sirvió de antesala para el grandioso Un Mundo sin Fin, del mismo autor, continuación de Los Pilares de la Tierra y que sólo lograra terminar en marzo. Un texto técnico, Saussure para Principiantes, fue la continuación, de W.T. Gordon y A. Lubell. En abril Trovador de Clara Pierre me entretuvo con una liviana historia medieval. Julia Navarro y su Biblia de Barro empezaron mis días de mayo con esta entretenida historia de intriga arqueológica. Todo el mes de junio me tuvo ocupado El ABC de la Felicidad, de Low Marinov, apasionante punto de vista sobre filosofías orientales, donde la personalidad de Buda es ensalzada como equilibrio entre aristotelismo y confusionismo. Estados de Emergencia, del sudafricano André Brink empezó el segundo semestre del año, algo política y localista, para seguir con La Sangre de los Inocentes, nuevamente con Julia Navarro, volviendo a las historias cátaras y Monségur, tan impresionantes como terribles en la historia de la Iglesia. Conocí a Sidney Sheldon en septiembre, con sus relatos trepidantes, al estilo de Frank Yerby, empezando con Más Allá de la Medianoche. El mes de la Patria terminó otra vez con la pluma misteriosa de Dan Brown, esta vez con La Conspiración, en el mismo estilo ya conocido. Para calmarme un poco, ataqué los cuentos modernistas de Italo Calvino en Los Amores Difíciles. Me sorprendió Matilde Asensi con Todo Bajo el Cielo, una historia muy original en la China tras la pista de un enigmático acertijo que llevaba al tesoro de un emperador Ming. La Búsqueda del Santo Grial, de Graham Hancock, me llevó una vez más al mundo templario, donde el misterio nunca ha sido develado. Dan Brown atacó nuevamente con otro éxito de campanillas, El Símbolo Perdido, que fue devorado rapidamente antes que terminara el año. Pero como ya me presentaron a Sidney Sheldon, en 4 días despaché Venganza de Angeles. Fue una buena manera de resumir este 2009, lleno de sorpresas y de páginas de sorprendentes aventuras.

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