Conguillío: un Parque Nacional mal aprovechado.

Visité el Parque Nacional Conguillío hace unos pocos días atrás, después de 15 años. Recuerdo que la primera vez me impresionó llegar hasta los faldeos del Llaima y admirar  los ríos de lava solidificados que cuentan la historia de las erupciones más feroces de este macizo sureño. Las lagunas de aguas trasparentes y coloridas, verdes y azules, con milenarios árboles sumergidos, hicieron las delicias de mi cámara. La infraestructura y mantención del Parque eran las adecuadas para esa época. No así ahora.En la nueva visita, aprovechando un día soleado y cálido en esta primavera tan lluviosa, mi enfoque se orientó desde un punto de vista más crítico que el realizado en la primera vez, cuando todo el paisaje de la Araucanía resultaba una novedad admirable. Durante mis viajes he tenido la oportunidad de visitar otros parques nacionales en el extranjero, especialmente de Argentina, y más, en la zona vecina a la nuestra del sur, en un paisaje, si no igual, semejante, con lagos hermosos, bosques, montañas y glaciares ¡Qué diferencia se presenta allí con nuestra realidad! ¡Cómo manifiestan los argentinos la exaltación de sus bellezas naturales, con el aprovechamiento al máximo de las alternativas turísticas y un desarrollo pleno con infraestructura cómoda, moderna, segura y variada! Hace placentera la experiencia turística e invita a repetirla.

Conguillío es un lugar maravilloso. Una localidad de salvaje belleza junto a uno de los volcanes más activos de América, donde araucarias milenarias vigilan desde las alturas al frondoso bosque nativo que rodea las alturas con nieves eternas, como son la Sierra Nevada y el mismo volcán.  Pesca deportiva y observación de fauna silvestre, caminatas por senderos que suben a miradores increíbles, acercarse a lagunas cordilleranas formadas por tapones de lava que encajonaron los cursos de agua, son algunas de las alternativas de distracción. Pero es la sensación de ese contacto directo con la naturaleza indómita el que sobrecoge y atrapa. Basta con sentarse y mirar, caminar o respirar ese aire puro, no contaminado, para sentirse plenamente satisfecho por haber llegado allí. Y probablemente es lo que más aprecian nuestros visitantes extranjeros, aunque deban soportar las inclemencias de nuestro precario bajage turístico.

Nos falta mucho para competir de igual a igual con el turismo argentino, quienes han logrado asociar la palabra “Patagonia” al paisaje allende los Andes, promoviéndola con ventajas en el extranjero. Melipeuco, ese poblado que subsiste a la vera del volcán y del Parque, debiera ser acá un primoroso lugar lleno de novedades y comodidades para el turista que se apronte a visitar Conguillío. La puerta de entrada a este Parque Nacional, uno de los más connotados y visitados por turistas extranjeros. En mi día de paseo encontré tres grupos de origen foráneo, alemanes, colombianos y de USA, que apenas estuvieron allí un par de horas, pues nada más había para atraer mejor su atención y hacerla más prolongada. Vi a uno de los colombianos acercarse al lago preguntando por la posibilidad de arrendar un bote para dar un paseo en las tranquilas aguas, teniendo detrás el magnífico escenario blanco de Sierra Nevada, incomparable paraje para ser recordado siempre. Nada. Ni siquiera una explicación razonable por parte de autoridades del Parque, porque no había nadie. En cualquier otro lugar aquí habría toda una industria turística sacándole provecho al Parque. Hay que pensar que el Llaima tiene tres accesos, por Melipeuco al sur, Curacautín al norte y Cherquenco al centro, que da paso a canchas de ski y refugios de invierno. Es decir, hay múltiples posibilidades de crear un centro de atracción mundial. El imán del volcán activo es muy poderoso en la mentalidad aventurera de los visitantes foráneos.

Sin embargo la infraestructura es precaria en la actualidad. Los caminos son malos, apenas aptos para vehículos grandes o de doble tracción, a menos que alguien se atreva a  arriesgar la integridad de su vehículo menor. Además, suelen estar fuera de uso en temporadas de lluvias en algunos importantes tramos. No hay buenas habilitaciones para turistas, como oficinas de información, alimentación, baños o entretenciones: caballos, botes, guías, fuera del verano. Una concesión entregada cada año para la temporada estival resulta insuficiente para la importancia y magnitud de este Parque. Se pierde una oportunidad cierta de mejorar la opción turística, crear nuevos polos de atracción para extranjeros, dar facilidades para inversionistas, a través de políticas de Estado tendientes a estos fines. Nada de eso se ve al transitar por allí. Se desestima que el turismo es la gran industria sin chimenea que puede mejorar efectivamente el nivel de vida de localidades vecinas a estos lugares de privilegio natural y a regiones enteras que gozan de paisajes únicos. Ejemplo de esta opinión, lo que ha ocurrido en San Pedro de Atacama, donde la inversión en turismo ha modificado radicalmente los ingresos de los habitantes del interior de la provincia de El Loa. O el resurgimiento de Puerto Natales, puerta de entrada al Parque Nacional Torres del Paine, otro lugar de incomparable belleza y patrimonio de la humanidad.

Tenemos una naturaleza pródiga en recursos naturales excepcionales. Y tan poca cultura turística. Tan poco respeto por lo que significa nuetro entorno y los ecosistemas naturales. Estando en Playa Bonita contemplando en silencio los muertos troncos centenarios blanqueados por la nieve y el sol, llegó una familia de chilenos en medio de una algarabía insolente, rompiendo mi solaz. Dos mozalbetes comenzaron de inmediato a perseguir con un palo a dos lagartijas, que como yo, tomaban el sol en paz. Y de paso, acorralaron a dos sapitos aterrados que huyeron debajo de los troncos. Por supuesto, ninguna palabra de atención de parte de sus padres ni intentos de educar el comportamiento respetuoso de sus hijos. Claro, tampoco ellos lo tienen, seguro. Estaban más procupados de ver dónde se iban a sentar a tomar unas cervezas que llevaban.

Estamos sentados en una mina de oro aún por descubrir. Conguillío es una de ellas. No cabe dudas.

Y una tarea enorme de educación y desarrollo verdadero de nuestro turismo, empezando por nosotros mismos. Aún no la hemos empezado con seriedad.

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Una respuesta a “Conguillío: un Parque Nacional mal aprovechado.

  1. solo, decir que tienes toda la razon…conguillio. que desperdicio de lugar con todo lo que ofrece lejos se merece ser un centro de atraccion mundial,sin duda..

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