Mi Magister en Ciencias de la Educación: un logro inesperado.

Inesperado es un decir. Por supuesto que esperaba aprobarlo, por lo mismo que ingresé a él. Pero nunca me imaginé que de esa forma, con honores, con la máxima calificación. Obtener este rendimiento en la tercera edad, junto a compañeros más jóvenes cuyos entusiasmo y dedicación terminan por contagiarte, constituyó una experiencia trascendente en mi vida.

El año 2007, a un año de haber tomado la administración del Hospital Clínico de la Frontera, en Temuco, y transformarlo en el Hospital Clínico de la Universidad Mayor (ver “Breve historia del Hospital…”), esta universidad ofreció a los profesionales que laboramos en este establecimiento la oportunidad de entrar a este Magister, con la intención de estimularnos a colaborar en la docencia de las carreras de la salud que comenzaban a desarrollarse en sus aulas. La acreditaciones universitarias exigen, hoy día, que sus docentes tengan, al menos, una maestría.  Nos otorgaron una beca del 50 % del arancel, franquicia no despreciable, dado el elevado costo de estos estudios en general.

Acepté. Hacía 30 años que me encontraba desligado de actividades académicas. El año 1977 había abandonado la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en Santiago, donde me desempeñaba a tiempo completo, especialmente en docencia e investigación en Parasitología, en la Sede Oriente de la U en la capital. La vida universitaria exclusiva no daba para vivir dignamente, hay que reconocerlo, apenas para subsistir, aunque la producción científica fuera prolífica y llena de satisfacciones intelectuales. Numerosas publicaciones, participación en congresos y cursos, viajes al extranjero y contacto directo con muchos alumnos de Medicina, Enfermería y Obstetricia, sin contar con los intercambios frecuentes con otros docentes más experimentados y con las mentes más preclaras de la medicina nacional, alguna vez admiradas desde lejos y ahora dentro del círculo de pares, llenaban las aspiraciones de un médico joven, docente e investigador.

Pero cuando la esposa lo espera a uno en la puerta de la casa con los zapatos rotos del hijo y le dice: hay que comprarle zapatos nuevos, éstos ya no dan más, y uno se mira los bolsillos y no tiene un cobre, y la cuenta bancaria está sobregirada y faltan 15 días para el pago del sueldo, entonces es que ha llegado el momento de aterrizar y repensar la vida. La obligación de un padre es proporcionar a su familia el bienestar básico, al menos eso. Y fue lo que hice, dejé la universidad y me contraté en Codelco Chile, en El Salvador. Cambio y fuera. Meterse de lleno en la clínica y empezar a ganar dinero. Un nuevo paradigma estaba a punto de nacer. Y del cual nunca he llegado a arrepentirme. Gracias a los 10 años pasados en el norte, después en Chuquicamata, logramos un bienestar nunca imaginado, una unión familiar ejemplar, un porvenir asegurado que de otra forma habría sido difícil de construir. Claro que con sacrificios, y muchos, pero recompensados con creces.

Por eso, ahora que se presentó la oportunidad de acercarse nuevamente a la universidad, de volver a vivir una experiencia que estaba profundamente arraigada en el subconsciente estructural del intelecto, no lo dudé. Me matriculé en el Magister en Ciencias de la Educación con mención en Pedagogía Univeristaria y Educación Superior de la Universidad Mayor, Sede Temuco. Sin saber con certeza en dónde me estaba metiendo. Sin considerar que se trataba de un Magister en Educación, no en alguna rama de la Medicina, donde uno se desplaza con cierta soltura, sino que habría que virar el “switch”, desde el pragmatismo positivista empirista hacia el humanismo hermenéutico, las ciencias sociales, la filosofía y la epistemología interpretativa. Adentrarse en los laberintos de las teorías curriculares, la psicopedagogía, los puntos de vista de los metodólogos educativos, evaluación, didáctica, comunicación y lenguaje, administración, planificación estratégica, fundamentos e historia de la universidad como fenómeno social, etc. Nada fácil. Más bien, tremendamente difícil.

Largas sesiones de estudio y discusión en grupo para solucionar los problemas planteados por la academia, obligaciones de trabajos a presentar, mucho leer cosas poco acostumbradas de enfrentar, trasnochadas junto a los libros, apuntes y al computador. Fue duro, a veces cuestionándome si era necesario seguir en esto, por qué debía hacerlo, si tal vez no me serviría después mucho, considerando los años y la proximidad de un retiro merecido. Pero se impuso el desafío y la tozudez de un carácter llevado conmigo por 63 años. Superé la paralogización momentánea y llegamos hasta el final. Con mi socio de tesis, sobre comprensión lectora en estudiantes de Medicina, el Dr. Silvio César Gutiérrez, pediatra-neonatólogo, salimos airosos este 13 de Octubre de 2009. Aprobados con nota máxima en el Examen de Grado.

Este Magister me faculta para trabajar en gestión universitaria, aparte del aula. Puede que alguna institución se interese por mis servicios. No estaría de más considerar una opción académica ahora, más tanquilo y con menos carga asistencial. Hacer valer más la experiencia que la capacidad física de resistencia. Esta maestría viene a coronar 40 años de vida médica junto a los enfermos. Quizás ha llegado el momento de entregar esta experiencia a los más jóvenes, que necesitan más que nunca una mano firme, aunque nudosa, que los guíe.

Me siento orgulloso de haberlo logrado. No lo niego. Al menos este blog, que me pertenece, me brinda la ocasión de decirlo en voz alta. No tengo vergüenza en declararlo. Es mi derecho.

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Una respuesta a “Mi Magister en Ciencias de la Educación: un logro inesperado.

  1. El estudio y actividad intelectual ,forman parte de su calidad de vida se mantiene activo vital,abierto al desarrollo,a las nuevas tegnologìas y a todo lo que indique progreso útil,fundamentalmente optimista,tiene deseos de vivir y hacer…lo definírìa como atrevido, lo cual no le queda pequeño, la disposición de enfrentar nuevos desafíos le acompañan a pesar del paso de tiempo ,la mejor carta de presentación de un educador es el lenguaje ,y la mejor forma de educar es el ejemplo diario *CUALIDADES*que ud tiene de sobra..su motivaciòn de un futuro entregado a los mas jóvenes,su historias son tan fuertes tan motivantes como su trabajo. Simbolo del optimismo*FELICITACIONES DOCTOR CALDERON*
    De corazòn.

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