El Fantasma de la Opera.

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Tenía un vago conocimiento de esta obra musical. Había escuchado algunas de sus melodías  en un DVD de Sara Brighman, dando un recital en el Royal Albert Hall de Londres, donde presenta a su amigo y casi mentor, Andrew Lloyd Weber, autor de la comedia musical. Canta, después de escucharse la obertura del Fantasma, “The music of the night”, bellísima canción de uno de los momentos más dramáticos de la obra. Tenía ganas de conocer la totalidad de la historia y, por esa fortuna tan propia de las casualidades, en el vuelo de LAN a Sao Paulo de este verano, estaba incluida en el repertorio de música a bordo. Rápidamente me puse los auriculares y me dispuse a disfrutar de esta encantadora opereta. Poco a poco fui internándome en el mundo casi mágico de la música de Weber, con melodías que casi sobrecogen y que tienen un poder de penetración pocas veces percibido por mi sensibilidad musical, especialmente si vienen de música no clásica.

La historia es algo sofisticada, semejante en parte al Jorobado de Notre Dame, de Hugo, pero en este caso el monstruo deforme es un maestro de música que vive escondido en los recónditos pasadizos de un teatro en París, La Opera Popular, comunicado con las alcantarillas subterráneas donde ha establecido su morada en un ambiente fantástico dedicado a la música, que es casi un culto para él.  Con medio rostro carcomido por horribles cicatrices, atormentado por su aspecto, dolido por el abandono del cual ha sido objeto,  oculta su apariencia detrás de una máscara. Tras ella también oculta el lado oscuro de su personalidad, una crueldad y deseos de venganza de todos los que pretenden ignorar su posesión del teatro y las reglas que él ha impuesto a los antiguos dueños. Sólo logra atenuar sus oscuras pasiones el amor obsesivo que tiene por una bella y joven cantante, Christine, a quien ha enseñado el arte del bel canto desde la oscuridad del anonimato, haciéndose pasar por el ángel de la música, aquél que la visitaría un día según le prometiera su padre al momento de morir.

El Fantasma provoca accidentes y hasta muertes en demanda de hacerse respetar y evitar que otras cantantes reemplacen a Christine como diva de la ópera. Más cuando su antiguo enamorado de la infancia, el vizconde Raoul de Chagny, se ha hecho cargo del teatro, la reconoce y se enamora también nuevamente de ella, después que un “accidente” con un telón que cae sobre la diva Carlotta, permite que Crhistine cante por ella “Think of me”, melodía que ya nos anuncia un mundo de nuevas emociones musicales.

En el crucero de vacaciones, durante uno de los shows nocturnos, una pareja de cantantes de mucho talento interpretó el dúo “All I ask of you”, sentida declaración de amor que Raoul y Christine cantan soble el techo del teatro en una nevada noche sobre París, mientras el Fantasma los observa oculto detrás de una chimenea mordiéndose los celos y jurando una terrible venganza.

No contaré como termina la obra, pero sí diré que llegando a casa busqué la película en el Blockbuster y disfruté en la privacidad de mi hogar con el subwoofer a todo dar, las delicias de esta comedia musical. Una muy bien lograda versión, nominada a 2 óscares en 2004, dirigida por Joel Schumacher y con Gerald Butler como el Fantasma, Emmy Rossum como Christine Daaé y Patrick Wilson como Raoul.  Más tarde, impresionado por la obra y su música, compré la versión en CD, con el reparto original de la comedia musical, encontrándome que la mismísima Sara Brighman era la intérprete de Christine.

Si desean saber algo más de la vida del Fantasma, su origen y cómo llegó a ser el habitante misterioso de la ópera Garnier de París, lean la novela de Gastón Leroux, publicada en 1910, que relata en forma novelada algunos hechos reales ocurridos por esos años en ese edificio, atribuyéndolos a la presencia de un fantástico personaje que vivía en el interior del teatro y que era conocido como el fantasma de la Opera.

Proablemente también sucumban ante la hipnótica mirada del Fantasma y éste quede en la profundidad de sus mentes, como con Christine,  y estoy seguro que las melodías del Angel de la Música rondarán en sus memorias una y otra vez.

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