Córdoba y su magnífica mezquita.

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Visitar Córdoba, así como otras ciudades de Andalucía, es adentrarse profundamente en la historia de estas tierras, cuando el cristiano, el judío y el moro convivían en relativo equilibrio, mezclando sus culturas y enriqueciendo el vivir de la época. No podemos desconocer el aporte de los siete siglos de dominio árabe en España en nuestro propio devenir como raza. Tanto en las ciencias como en el arte. Y del judío, su ingenio mercantil y la medicina. Esta ciudad, la antigua Corduba ibérica conquistada por los romanos,  llegó a ser la importante capital de la provincia de Baetica,  y después de la invasión islámica en el 711 se elevó hasta formar el Califato de Códoba, el más grande centro musulmán fuera de Oriente Medio. 230-mezquitaDesde Sevilla, nos desviamos un tanto de nuestra ruta a Málaga para hacer una visita a  Córdoba y conocer la maravillosa mezquita, que hoy atrae a tanto turista y estudioso de la historia, siendo patrimonio de la Humanidad junto con la Judería cordobesa. Hicimos una cena muy típica en un establecimiento de la Judería, con tierra apisonada de polvo de ladrillo, paredes vetustas encaladas y mobiliario simple de maderas oscurecidas por el tiempo. Después de pasar la noche en una hostal bastante conveniente, despertamos temprano para pasar la mañana visitando la mezquita.

Este edificio impresiona. Su construcción empezó con Abderramán I, en 756, último heredero 227-mezquitade la dinastía omeya, expulsada cruelmente desde el califato oriental de Damasco. Se fundó sobre las bases de una iglesia visigoda (San Vicente) que tenía basamentos de un templo romano anterior. Posteriormente su hijo Hisham, luego Abderramán II y Abderramán III, durante cuyo reinado en el siglo X Córdoba obtuvo su mayor apogeo, fueron agrandando la estructura. Pero fue Hakam II quien hizo las ampliaciones más majestuosas, que persisten hasta hoy.

Córdoba llegó a ser la mayor ciudad de Europa durante el reinado de Abderramán III. Y la más próspera, superando incluso a Bagdad y Bizancio en ciencias, cultura y educación, llegando casi al millón de habitantes. El desarrollo de la mezquita fue paralelo al de la ciudad. Almanzor en el año 1000 terminó su expansión final, llegando a su esplendor de hoy, con 1.293 columnas de mármol, 280 candelabros y 1.445 lámparas. Entre estas lámparas colgó la campana de la catedral de Santiago de Compostela. Almanzor ordenó que los prisioneros cristianos la cargaran sobre sus hombros desde Galicia, proceso que se realizó a la inversa cuando Córdoba fue conquistada por Fernando el Santo en 1.236.

Rodeada por el patio de los naranjos, clásico espacio islámico en toda mezquita para abluciones preparatorias a la oración, conserva sus árboles y fuentes. El espacio interior es sobrecogedor con su bosque de columnas de mármol  rematadas en arcos con piedra rosada y blanca en franjas, recuerda los 220-cordobajuderiaoasis de palmeras, tan queridos por los habitantes del desierto. La uniformidad se rompe sólo en el lugar más sagrado, el Mirhab, coronado de una cúpula y rodeado de cámaras recubiertas de exquisitos mosaicos bizantinos dorados, rojo óxido, turquesa y verde. Una maravilla disgna de ser admirada por horas. El Mirhab estaba en el lugar que orientaba hacia  La Meca, es decir, hacia donde debía ser dirigida la oración. Y estaba construido bajo esa cúpula excavada en un solo bloque de mármol para amplificar las palabras del imán cuando presidía los actos religiosos.

224-mezquitaEn 1.523 se construyó en el centro de la mezquita un coro cardenalicio renacentista, junto conuna capilla mayor, como parte del ideal cristiano, logrando superar la oposición tenaz del municipio, que logró mantener el edificio original durante 300 años. Fue Carlos V el rey que finalmente aceptó apoyar el proyecto, aunque más tarde se dio cuenta del error que ello significó al exclamar ante el Cabildo cuando vio la obra terminada: “Habéis construido lo que podíais haber levantado en cualquier parte, pero habéis destruido algo único en el mundo”.

Cerca de la Puerta del Perdón, en la esquina del patio de los naranjos, se levanta el campanario, que sigue las líneas de la Giralda sevillana.

Después de tomar muchas fotos, meditar en el interior del recinto y elevar nuestro espíriru hacia el inconmesurable espacio espiritual ideado por los constructores de este magnífico templo, recreándonos al mismo tiempo que nutriendo nuestra alma del vigor de la espiritualidad presente en cada piedra y en cada nicho, nos fuimos de Córdoba con la sensación de haber logrado un hito en nuestro viaje.

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