Hay que empezar a vivir como Tarzán…

Ya no nos está quedando más que empezar a ensayar de balancearnos en una liana para sobrevivir en esta selva en que se está transformando la convivencia en nuestro país. Hay que ponerse a practicar la “ley de la selva”, la que opera allí donde sobreviven sólo los más aptos, los que se logran adaptar mejor a los cambios violentos del ambiente, al ataque de los depredadores y a las agresiones físicas, químicas y biológicas. Los astutos, los hábiles, los poderosos.

Sí, cada día es más patente la necesidad de entrar al juego de la defensa personal, al adiestramiento en técnicas de sobrevivencia, al estudio de las anomalías del medio que te rodea para poder sortearla sin grandes contratiempos y no verse involucrado en hechos desagradables, empujados por circunstancias no buscadas, contaminados por esa vorágine incontrolable que te arrastra cada día, que te empuja y te lleva con la fuerza de una marea brutal contra la cual toda resistencia es casi inútil.

Me estoy refiriendo a la pérdida paulatina, pero sostenida e irrefrenable, del control social que hace que la vida sea agradable vivirla en comunidad. Poco a poco vamos constatando que se va haciendo más y más complicado desenvolverse en medio de los demás, en las ciudades y en los lugares donde nos toca deambular. El chileno se va transformando en un ente independiente, anárquico, egoísta, incivilizado. No respeta ya nada. Invade toda propiedad ajena, sobrepasa todo el derecho que no es propio, le da lo mismo. Veamos las calles: peatones que atraviesan donde están parados, sin importarles si vienen o no vehículos transitando, lo hacen en las esquinas, pero con la luz verde, transitan en medio de las calzadas, costumbre ésta que se ha popularizado entre algunos jóvenes. Se ha intentado dirigir a la fuerza a la masa incivilizada colocando vallas en las veredas, transformando al centro de las ciudades en verdaderos corrales, pero en vano. Los ciclistas transitan en contra del tránsito o por las veredas como quien ve llover. Y en las autopistas, se cruzan hasta con niños de la mano o con bebés en brazos, a pocos metros de las pasarelas destinadas justamente para eso. Como burlándose de su presencia. Me toca verlo a diario, hay fotos y videos de eso.

Toda esta gente no toma en cuenta que invade el derecho a libre tránsito del que ocupa su derecho a vía, lo distrae, le impide circular sin obstáculos, con seguridad, relajado, alegre y confiado. En vez de eso, debe ir a la defensiva, extremar sus recursos, tenso, temeroso de cometer un error involuntario por la irresponsabilidad e imprudencia de otros. Y sin considerar que esta irresponsabilidad y falta de respeto están también presente en otros conductores, que viven igualmente su propia versión de la “ley de la selva”.

Y la delincuencia va llegando a límites insospechados en medio del estupor ciudadano que ya no sabe cómo defenderse de todas las agresiones. Se roba a diestro y siniestro, y a todos los niveles, desde el monrero callejero que atrapa un colgante de fantasía o una cartera, hasta grandes estafas y millonarios desfalcos en esferas oficiales, que nadie se atreve a mencionar por su verdadero nombre: “UN ROBO MAS”. Claro que se les trata de difuminar llamándoles “desórdenes administrativos”, “errores involuntarios”, “falta de experiencia subsanable”, “problemas de gestión”.

Llevamos 20 años de gobiernos democráticos, que tenían en la cima de su ideario político principal, la preocupación por aumentar y preservar el bienestar del pueblo. Y ese pueblo vive hoy peor que cuando gobernaban otros considerados menos democráticos. Deteriorando justamente los dos pilares maestros sobre los cuales se cimenta el bienestar: educación y salud. Con ellos es posible salir de la pobreza: educación, para subir en la escala cultural y de competencias laborales, mejorando los desempeños y aumentando los ingresos. Salud, para poder vivir con seguridad social, crecer y desarrollar capacidad intelectual. Las políticas de subsidios crecientes para los pobres, que no disminuyen, no lleva a ninguna parte.

Cultura no es hacer fiestas en las plazas con todo tipo de saltimbanquis. No es el ruido y el colorido, no es aturdirse con el circo, no es entretener a las masas para que no piensen y debatan. Recordemos que un pueblo inculto y pobre es el mejor terreno donde se asientan las tiranías que finalmente controlan todo desde el Olympo del poder absoluto.

Para allá parece que nos estamos dirigiendo. Por eso creo que es conveniente empezar a tratar de aprender algunos de los trucos de Tarzán. Eso nos puede salvar la vida en medio de la jungla…

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Una respuesta a “Hay que empezar a vivir como Tarzán…

  1. Mejor preocupense y hagan conciencia amigos chilenos, porque de seguir asi en una años van a llegar a los niveles que tenemos en Mexico. Da miedo salir a la calle, despues de cierta hora (9 de la noche) es preferible ya no salir para no ser victima de asalto incluso de la misma policia. En ciudades como ciudad Juarez, los secuestros y asesinatos estan vinculados con las fuerzas del orden. De dia son policias y de noche secuestradores y asaltantes. Por favor no dejen que su pais llegue a los extremos que tenemos en Mexico, ya quisieramos de verdad poder tener la seguridad que ustedes todavia tienen, no la dejen perder.

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