¿Qué tal si almorzamos hoy en el Mercado?

Por qué no. Hay excelentes lugares donde tener la oportunidad de disfrutar de un buen almuerzo a precios razonables y abundantes raciones que no nos dejarán con el diente a medio llenar. Chile cuenta con reconocidos mercados citadinos que hacen las delicias de los parroquianos conocedores de estas locaciones y las bondades de sus mesas. Ya son tradicionales, algunos se destacan por especialidades locales que ayudan a reponer el cuerpo después de una trasnochada, otros gozan de fama internacional.

El más importante, sin duda, es el de Santiago. El Mercado Central fue construido en los terrenos donde funcionaba el insalubre Mercado de Abastos o recova santiaguina desde tiempos de la Colonia. La hermosa estructura de fierro, fabricada en Inglaterra, siguiendo modelos imperantes en Europa, data de 1872. Fue el edificio público más importante de la época, su contrucción estuvo dirigida por Fermín Vivaceta, ornamentado por Nicanor Parra e inaugurado por el presidente Federico Errázuriz Zañartu para albergar una biblioteca o museo de bellas artes. Declarado Monumento Histórico en 1984. Este mercado solucionó algunos momentos de zozobra alimentaria durante nuestros tiempos de estudiante al permitirnos una cazuela sabrosa o una buena presa de merluza frita con papas y arroz, al alcance de nuestro exiguo presupuesto.

Recuerdo otros mercados notables, en los cuales pude degustar las exquisiteces de nuestro mar y hacer gala de una buena mesa servida en abundancia y con pintoresco entorno, donde no faltaron cantores populares y vendedores de cuanta curiosidad podemos imaginar.

En Iquique eran ya tradicionales nuestras visitas para saborear los mariscales calientes con queso, servidos en fuentes de greda de tamaños respetables, hirviendo, con el ají de color decorando las burbujas que sobresalían desde la superficie, todo un banquete por pocos pesos. La tacita de “te frío” (vino blanco) tan característica de estos lugares, servía para enfriar un poco los ardores de la fuente rebosante de los mariscos más variados.

En Antofagasta los lugares eran más distinguidos, como la Caleta del Chico Jaime, en el segundo piso, donde a la entrada recibía a los comensales un traje de buzo completo. Ornamentado con gran profusión de elementos marineros y de pescadores hacía las delicias de los más exigentes con los mejores lenguados a la mantequilla.

En La Serena, la Recova tradicional, con su estructura de arcos coloniales y aires andaluces, también ofrecía una gran carta gastronómica. En el segundo piso se juntaban, junto a los numerosos turistas, los serenenses que sabían aprovechar el placer de pasar un domingo de cálido sol junto a un Serena-libre o pisco-sour en el balcón del mercado, mientras llegaba el plato de machas a la parmesana o las empanaditas de marisco.

En Chillán la cosa es brava. El recinto ferial es enorme, con gran profusión de mercaderías de las más variadas naturalezas. Y la sección de cocinerías es amplia y variada. Recuerdo un día haber llegado a Chillán en un viaje a dedo por el sur y pasar a almorzar al mercado con muy poco dinero. Sólo alcanzó para unas tortillas de rescoldo, tradicionales, con pebre cuchareado, especialidad chillaneja. Me llamó mucho la atención, entonces, que las damas de las tortillas, en delantales blancos, las sacaban de los hornos y empezaban a escofinarlas con las mismas escofinas que en Santiago conocíamos para limar los callos de los pies. Me causó risa y curiosidad. Pero las tortillas estaban de maravilla. Bueno, con hambre no hay pan malo.

En el antiguo mercado de Concepción, que estaba cerca de la Plaza de Armas, recuerdo haber conocido la ensalada de ulte, esa alga de color verde que tiene un sabor un tanto exótico, pero muy agradable. Las mesas estaban en la periferia de los puestos de venta de mariscos y pescados, de tal suerte que literalmente saltaban del mar al plato.

En Temuco el mercado es tradicional. Hoy remozado y recuperada su ornamentación antigua, luce muy semejante a cuando fue construido en 1930. Hay unos 140 locales generales con buenos restaurantes en el sector que se acerca a la calle Bulnes. De ellos, destaca La Caleta, siempre atestado, muy bien atendido, sabrosos platos de mariscos y pescados, no falta la sopaipilla con pebre y el merquén. Recomendable.

Invito a comentar las experiencias en otros mercados de Chile, mi repertorio es limitado. Pero deseo destacar que la aventura de explorar una merienda en el mercado de la localidad es una alternativa que vale la pena experimentar alguna vez, especialmente si hay tradición en ese lugar. Seguro que no se van a llevar una desilución, como ocurre en mi caso, que suelo hacerlo en Temuco.

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Una respuesta a “¿Qué tal si almorzamos hoy en el Mercado?

  1. Los pescados fritos mejor preparados..están en un local del mercado..de mi ciudad voy casi todos los sábados, no soporto olor a fritura en casa…además me quemo y se me deshacen..simplemente no resultan .. jajaja.

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