Neuschweinstein: la última locura de Ludwig II de Baviera.

Dicen que Walt Disney se inspiró en el castillo de Neuschweinstein para diseñar los escenarios centrales de los parques de diversiones patentados por él. Es posible, pero sus maquetas no pasan de ser una pobre imitación, porque en este caso la realidad supera con creces a la fantasía. Cuesta creer que alguien haya edificado un lugar así como Neuschweinstein para recrearse y pasar el verano y nunca haber vivido de verdad en este sitio. Cosa de locos. Pero así era realmente Ludwig II de Baviera, un poco loco. Para beneficio de los miles de turistas que vienen aquí cada año. Entre los cuales me incluyo.

Ludwig II de Wittelsbach fue un gobernante excéntrico, amante del teatro y la música. De hecho, fue el protector de Richard Wagner, su verdadero mecenas y hacia el cual sentía una admiración y amistad especiales, vilipendiada por muchos al suponer inclinaciones homosexuales secretas del rey hacia el músico. Decoró parte de su castillo con escenas de las óperas del genial y temperamental Wagner. Gastó gran parte de su erario construyendo castillos monumentales, algunos quedaron sin terminar, como Neuschweinstein, que demoró su ejecución más de 16 años entre 1869-1886. Los revestimientos de madera tallada del dormitosio principal del castillo demoraron cuatro y medio años en terminarse por 14 astesanos de primer nivel. Así era este rey, fastuoso y derrochador en las cosas que él creía debía dejar para la posteridad. Alejado de la política, falleció en 1886 junto a su médico en el lago Stanberg, toda vez que había sido declarado insano por el Gobierno de Bavaria ¿asesinados? Otro misterio en esta época romántica de pasiones explosivas y desatadas. Digno del final de una ópera wagneriana.

Estando en Munich, decidimos pasar el día en el castillo. Pare ello tomamos un tren hasta Füssen, desplazándonos luego hasta el castillo, que está edificado a 200 metros sobre el nivel del valle. Hay que caminar bastante y en subida para llegar a las puertas de entrada, pero vale la pena el esfuerzo. La vistas son tan irreales como las imágenes extraídas de un cuento de hadas, especialmente las que se toman desde la altura del Marienbrücke, como la que ilustra este post (invierno).

La imágenes (algunas originales) hablarán mejor que mil palabras.

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