¿De qué chilenidad estamos hablando?

Llegan las Fiestas Patrias y todos se ponen a hablar de chilenidad. Que la Semana de la Chilenidad, que la música criolla, que los homenajes a los folkloristas destacados, que siempre son los mismos, pareciera que no se generan nuevos exponentes de mérito, que los juegos tradicionales, los volantines y vámosle dando a los platos de la llamada cocina criolla…Pero todo eso suena a falso. Y voy a presentar pruebas de mi opinión.

Veamos primero algo de nuestro criollismo dieciochero. De ese que se ensalza y aumenta desmesuradamente por estas fechas. Pero al final va quedando un saborcillo a comercio y deseos de ganar dinero detrás de todo ello. Aunque sea un derecho legítimo, se exagera al extremo. Como sucede con muchas de las ocasiones especiales de jolgorio. El aspecto comercial borra el verdadero motivo de la fiesta. Pues bien, se inauguran las fondas en el Parque O’Higgins y en la ramada Oficial, donde la Presidenta debe concurrir para cortar la cinta y dar por oficialmente iniciadas las celebraciones, el dueño de casa que la recibe es…colombiano. Sí señor, seguramente ganó la licitación por ofrecer mejores precios. Y ahí, después de la cueca obligada inaugural, reinarán los sones de las cumbias y los ballenatos. No caben dudas.

Antes el traje de china era confeccionado por modistas artesanas que se esmeraban en fabricar una prenda elegante que la portadora pudiera lucir con coquetería y verdadero orgullo. El traje de huaso igualmente era confeccionado con materiales de calidad. Y las mantas, tejidas a telar y las espuelas, de plata. Era caro, por supuesto, pero lucir el atuendo típico nacional con la galanura adecuada tenía su costo. Era un lujo, una satisfacción, una identidad con la nacionalidad que salía desde adentro, un sentimiento que no se presta, que no se transa, que se defiende hasta la muerte. Hoy, estas vestimentas han pasado a la categoría de simples disfraces. Se arriendan o compran en baratillos y ferias. Total, las prendas son …made in China. Sombreros de cartón, mantas de fibra sintética simulando tejidos, espuelas de hojalata, trajes de china que vienen de la China.

La música chilena de corte folklórico o tradicional resulta, a la larga, muy monótona. Las cuecas son claramente para bailarlas, su estructura y melodiosidad es cuestionable a la hora de escucharlas. Muy repetitivas. Y las baladas, no se han renovado en décadas. Al menos hubo un intento de hacer algo diferente con los Cuartos y las Brujas, que ayudaron a innovar el ambiente musical criollo. Pero eso se agotó muy rápido. Y para muestras, un botón. Para animar estas fondas se levantan de sus lugares de reclusión todos los notables vejestorios que aún respiran, más que cantan, se sacuden el polvo y ahí están: Luis Dimas, Lucho Barrios, Cecilia, Palmenia Pizarro, Buddy Richard, el “Pollo” Fuentes…todo un Jurasic Park ¿quién dijo que los dinosaurios extaban extintos?

También la comida criolla ha variado. El choripán es un producto importado desde Argentina. Al igual que las parrilladas con cortes diferentes, como los asados de tira y bifes de chorizo. Los tacos, desde México. Apenas vamos rescatando las empanadas y las sopaipillas. Y tal vez los sandwiches “de potito”, un invento local. Y de los tragos, ni hablar. La chicha se ha visto reemplazada con creces por la cerveza, el pisco por el ron, el vino por la cachaza y el tequila, el mote con huesillo por la crema catalana y el tiramisú, nuestro tradicional clery por el ponche ” a la romana”, la cazuela “en champaña” y la ron-cola. Los margaritas, los mojitos y las caipiriñas hacen quedar en la trastienda a nuestros piscos sour ¿Quién come charquicán o un buen valdiviano en estas fiestas? Seguro que preferirá una chorrillana con suspiro limeño de postre.

Los mentados juegos criollos son un chiste, sacados de una postal de la colonia o de un dibujo festivo de Lukas. Nadie los practica. Los niños juegan al play-station y a los pokemones. Ni saben tirar un trompo, no hay campeonatos de emboque, y los volantines hoy son águilas orientales y barriletes…de Taiwan.

Hasta la Parada Militar está contaminada con cupos para extranjeros que desfilan junto a los compatriotas. Delegaciones y becados, claro, se les da la oportunidad de intentar lucirse junto a nuestro ejército. Pero este desfile era un patrimonio nacional, un auténtico orgullo patrio de rendir homenaje a soldados que no han sido jamás vencidos. Un sentimiento de chilenidad pura. Ahora parece irse tiñendo con tonos de espectáculo internacionalista. Americanista o mundialista. No sería raro que en el futuro desfilen también delegaciones del Ejército Rojo y brigadas venezolanas enviadas por Chávez. Quizás algunos representantes pacifistas de las FARC. Quién sabe.

Los chilenos somos poco nacionalistas. Siempre privilegiamos lo extranjerizante. Como que nos avergonzamos de nuestra mediocridad en vez de luchar por vencerla. Cada vez más estamos influenciados por lo extranjero. Lo folklórico ha estado ligado históricamente a un sentimiento de vulgaridad por parte de la sociedad. Se le relaciona con el campo, la rusticidad y lo precario. Por lo tanto, es poco o mal apreciado. No despierta sentimientos de orgullo y deseos de fomentar lo auténtico. En algunos países de Europa o en Oriente la población entera se viste con sus galas típicas, incluso en días corrientes. Es elegante lucir el traje tradicional, que cuesta caro, pero se aprecia. Se promueve y valoriza  la cultura regional. Se vive la cultura nacional ¿Cuál es la nuestra?

Está bien recibir a los extranjeros, ser solidario, tal como dice la canción de Chito Faró, pero no llegar al extremo de identificarnos con todo lo que viene de fuera y sucumbir a las influencias de otras culturas mejor arraigadas que la nuestra. Como ha sucedido con todo lo argentino, todo lo mexicano, todo lo del Caribe, mucho de lo brasilero, peruano y hasta boliviano ¿Será el turno ahora de los chinitos?

Lo que es yo, brindaré este 18 con un vaso de buen vino chileno y me mandaré al pecho una empanada bien “cardúa”. Y el asado me lo prepararé “al palo”.

¡Viva Chile, mierda!

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2 Respuestas a “¿De qué chilenidad estamos hablando?

  1. Absolutamente de acuerdo …pero?….estaba con resaca ,por la opinión a nuestros artistas Chilenos?..creo …merecen respeto por su trayectoria.

  2. Nadie lo duda Karitam. Tuvieron su momento de gloria y recibieron lo que merecieron. Hoy los recordamos con cariño. Pero me refiero a que deben salir a dar la cara, que no ha habido renovación, que aún en su condición senescente están en la trinchera otra vez. No quise ofender, sólo expresarlo con un poco de humor, nada más.

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