Florencia.

La flor más bella de la Toscana. Cuna del Renacimiento, sus calles son un museo al aire libre. Recorrer el centro histórico es llenarse con imágenes traídas desde el tiempo de Lorenzo el Magnífico, cuando la ciudad-estado se consolidó como la más poderosa de la región. A través de una serie de antiguas diapositivas, tomadas durante un memorable viaje a esa región de Italia, me encontré con recuerdos de una experiencia inolvidable.

Llegamos a Florencia en ferrocarril desde Roma y conseguimos alojamiento en una hermosa hostal, cercana a la estación, llamada Albergo Palazzo Vecchio. Una antigua casona con pisos de mármol, espaciosas habitaciones y como no contaba con cocina, nos llevaban el desayuno a la cama. Un lugar ideal para empezar a recorrer a pie el centro histórico.

La primera parada obligada fue la Piazza de la Signoria, abierta en el siglo XIII, escenario de los grandes acontecimientos de la ciudad, entre ellos el auto de fe que quemó a Jerónimo Savonarola, cuyo recuerdo está inmortalizado en el piso del lugar. El Palacio de la Señoría, con su bella torre almenada, se rodea de otros edificios no menos notables, como la Lonja de la Signoría, podio que ocupaba el gobernante para dirigir los eventos, hoy transformado en museo abierto donde admiramos sin reservas el Perseo de Cellini (1554), cuya historia recuerdo haberla leído en esa novela trepidante de Alejandro Dumas llamada Ascanio. Aquí también están El Rapto de las Sabinas de Giambologna (1583) y sobre las gradas del palacio, Judith y Holofernes de Donatello (1460). Para quedarse embelesado fotografiando gastando rollos de diapositivas, como se hacía entonces. El Palacio de los Uffizi, uno de los museos pictóricos más importantes del mundo, está cercano y recorrerlo nos llevó un medio día completo. Desde una de sus ventanas se podía contemplar hermosas vistas de río Arno y del Ponte Vecchio, el cual tengo en una pintura que realicé copiando esta diapositiva. Me costó, pero logré una buena semejanza.

Sin dudas el centro más majestuoso de la urbe está en la Piazza del Duomo o Catedral. Aquí hay tres construcciones recubiertas de mármol: la catedral, el baptisterio y el campanil, ideado e iniciado por el Giotto. Las 3 puertas de bronce del baptisterio son notables, obras de Andreas Pisano y Lorenzo Ghiberti. La tercera, del lado este, de Ghiberti (1425-52), con escenas del Antiguo Testamento, fue considerada por Miguel Angel como “digna de ser las puertas del Paraíso”. La catedral de Santa Maria del Fiore, comenzada por Arnolfo di Cambio en 1296, fue rematada por Filippo Brunelleschi con la majestuosa cúpula que la distingue, en 1436. Esta llena de obras de arte de Paolo Ucello, Giorgio Vasari, Ghiberti, Donatello, Andrea del Castagno, Luca della Robbia y la Piedad de Miguel Angel.

La Capilla de los Medici merece una visita aparte. Remata la Iglesia de San Lorenzo, también plena de obras de Andrea del Verocchio, Filippo Lippi y Donatello. Desde aquí se accede a la Bibioteca Laurenziana, con escalera y arquitectura de Miguel Angel. Más allá, se llega a la capilla de los príncipes donde la Sacristía Nueva construida por Miguel Angel, verdadera sacristía sepulcral, alberga los restos de los Medici. Las tumbas de Lorenzo y de Julián son obras del genial florentino.

Florencia es interminable en obras de arte y palacios llenos de admirables recuerdos del esplendor del Renacimiento, que llegó a su apogeo durante el gobierno de Lorenzo de Medicis, el Magnífico (1469-1492). Una iglesia en particular nos llamó la atención, la basílica de la Santa Croce, llamada también “el Panteón de la Toscania”, ya que en su interior se encuentran las tumbas de muchos notables, entre ellos Miguel Angel, Machiavello, Rossini, Cherubini, Galileo, Ghiberti, y el Cenotafio a Dante.

El Palacio Pitti y los jardines de Boboli, con impresionantes vistas al centro de la ciudad, son lugares imperdibles. Hay que estar ahí para entender lo que se siente al maravillarse con el paisaje y gozar de la tranquilidad de un paseo que nos retrocede en quinientos años de la historia de la humanidad. Y que permanece vivo.

Una excursión a Fiesole en una tarde soleada de verano completó nuestra visita a la zona. Es facil llegar, basta tomar un omnibus de la locomoción colectiva. El fantástico teatro romano y las hermosas postales de Florencia en el fondo del valle recompensaron la iniciativa. Aún conservo y en uso una hermosa cartera de cuero que adquiriera en una feria de artesanos en Fiesole.

Detalle de “La Puerta del Paraíso” de Ghiberti, Baptisterio.

Basílica de La Santa Croce.

Vista desde los Uffizi hacia la Plaza de la Señoría.

Vista de Florencia desde los Jardines del Boboli.

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