¡Cuidado con los “piercings”!

Perforarse el pellejo es hoy en día una costumbre casi generalizada en cierta juventud deseosa de destacarse a través de cualquier cosa más o menos exótica. El taladro ha pasado a ser un instrumento de belleza. Pero ¡cuidado!, hay grandes peligros envueltos en esta afición de poner argollas, tapones, tarugos, clavos enroscados, alambres y otras menudencias semejantes que más bien parecen elementos de tortura que encantadores adornos.

La piel es uno de los principales órganos de nuestro cuerpo. Esta envoltura que nos rodea está viva y constituye la barrera natural más eficiente paar mantener la indemnidad de nuestro medio interno, defendernos de agentes físicos agresivos, como son el calor y el frío, y también de otros agresores vivos, como parásitos y bacterias. Regula la temperatura corporal a través de las glándulas sudoríparas, lubrica nuestro cuerpo con las gándulas sebáceas, nos avisa de un problema alarmante con las terminaciones nerviosas del dolor y nos entrega ternura con las sensaciones tactiles.

Maravilloso órgano es la piel. Sin ella la vida no es posible. Lo sabemos cuando escuchamos el devenir trágico de los quemados. Ya un 40 % de compromiso cutáneo es de riesgo vital. Y es irreemplazable. También mantiene la armonía y belleza de nuestro cuerpo. Cicatrices y deformaciones causan sensaciones de terror, tanto para quienes las padecen como de aquellos que las observan.

Una piel sedosa y fragante constituye uno de los elementos más inequívocos de la sensualidad y excita el deseo. Y ahora lo estamos viendo convertido en un depósito de alfileres y ganchos. Como las almohadillas de la costura que empleaban nuestras abuelitas. Hoy me he encontrado con rostros y cuerpos desfigurados por argollas y clavijas ensartadas en labios, mentones, lengua, mejillas, narices, cejas, orejas, cuero cabelludo, axilas, pezones. Y no una sola, suelen ser múltiples en los mismos individuos. A veces de color negro, resaltando aún más el tono demoníaco de un ser que aparenta estar torturado expiando sus faltas o pecados. O que goza las delicias de un martirio sadomasoquista.

No quiero entrar en detalles aquí de otros lugares más recónditos donde me he encontrado estos curiosos adminículos. Baste decir que su presencia allí me resulta incompatible con la exploración del sano placer sensual en individuos de inclinaciones normales. Sólo mirarlos me hace correr por el medio de la espalda un calofrío de espanto e incredulidad, especialmente si la portadora es aparentemente una candorosa criatura.

Muchas de estas perforaciones son ejecutadas por personas inescrupulosas que no emplean elementos esterilizados para ello. Y hay complicaciones severas y hasta fatales por querer “lucir” una argollita en la nariz. Gérmenes muy agresivos nos acechan y si entran en el torrente sanguíneo pueden provocar una septicemia muy grave. La literatura médica está llena de casos relacionados con complicaciones derivadas de estos procedimientos y también por tatuajes realizados sin cuidados de asepsia.

Protejamos y cuidemos nuestra piel. Mostrar una apariencia agradable es la mejor carta de presentación ante los demás. La sonrisa franca y amistosa vale más que mil pendientes y colgajos de dudoso buen gusto y seguro riesgo de más de alguna complicación.

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