Mérida (Yucatán): cultura entretenida.

El año 2001 tuve la oportunidad de estar en esta hermosa ciudad del México yucateco por algunos días, mientras visitábamos los sitios arqueológicos de la ruta Puuc, las haciendas, el litoral y Progreso. Nos llevamos una muy grata sorpresa, maravillados por el ambiente festivo de sus habitantes, la prodigalidad del Ayuntamiento para entretener a los residentes y turistas, como fuimos nosotros, a través de bailes populares todas las tardes en diferentes plazas, espectáculos folklóricos y conciertos. Y todo el año es así, no sólo en verano. Con razón fue distinguida como la capital de la Cultura en América el año 2000.

Mérida, tomando el nombre de su homónima extremeña, fue fundada por los conquistadores españoles en 1.542, un 6 de enero, cuando Francisco de Montejo y León, “El Mozo”, la estableció dedicándola a Nuestra Señora de la Encarnación. Se erigió sobre las ruinas monumentales de una población maya llamada Ichcaanziho (cinco cerros), más tarde conocida como T’ho. Las ruinas le hicieron recordar a Montejo las romanas de Mérida en España y por eso denominó igual a la nueva ciudad.

La pureza y sencillez de sus construcciones coloniales la distinguen con sobriedad elegante, destacando los colores claros en un ambiente siempre muy cálido, luminoso. Se ha ganado con merecimientos el nombre de Ciudad Blanca con el cual se la menciona con frecuencia. En la Plaza de la Independencia, hermoso sitio sombreado por frondosos árboles, se encuentra la Catedral, erigida entre 1561-98 y dedicada a San Ildefonso. Otra construcción notable es el Palacio Municipal, sede del Ayuntamiento, con una torre que destaca y en la cual se luce un reloj monumental. Aquí hay una gran pinacoteca desde donde se domina todo el panorama de la plaza.

Varias experiencias novedosas nos tocó vivir en esos días en Mérida. Disfrutar la exquisita comida yucateca en restaurantes con gran ambiente regionalista, tomarse un café el los locales del centro, con música en vivo y libros para saborear al mismo tiempo un trozo literario. Entrar al teatro José Peón Contreras, llamado así en honor del poeta, dramaturgo, médico y político yucateco, hoy transformado en uno de los polos culturales de mayor significado para la ciudad, con sala de exposiciones y conciertos. Sus hermosas escaleras de mármol de Carrara entregan una visión de grandiosa elegancia a los espectadores.

La historia de la riqueza de Mérida está ligada indefectiblemente a la exploración de la planta del henequén, cuyas fibras servían para la confección del cáñamo de sisal, de gran empleo en embalajes, cuerdas para navíos, cordajes en general, tejer alfombras y sacos de acarreo, fue el mayor producto de exportación de esta zona. Los terratenientes edificaron fabulosas haciendas que hoy son explotadas con fines turísticos. Visitamos la de Katanchel en una cena que nos hizo transportarnos a la Belle Epoque con loza inglesa y cubiertos de fina platería. El Paseo de Montejo, amplia avenida de 5,5 km de longitud, alberga el Monumento a la Patria, altar monumental tallado directamente en la piedra, único en el mundo de este tipo. En este paseo se conservan algunas de las grandes mansiones de las familias ricas de la época del henequén. Esta planta, variedad de ágave, producía la fibra de sisal, que en el siglo XIX fue un verdadero “oro verde” para Yucatán. Desde aquí salieron el 90 % de las sogas y bolsas del mundo hasta la Primera Guerra Mundial, cuando la fibra sintética y cultivos en otras partes del mundo debilitaron el monopolio yucateca.

Mérida tiene una carretera periférica de circunvalación que cuesta agarrarle el ritmo para entrar al centro. Dimos varias vueltas de balde hasta aprender a salir en el momento apropiado para ir a nuestro hotel. Muchas calles tienen los afamados “topes” que limitan la velocidad de los conductores, a veces cada 100 metros, llegan a ser odiosos, pero por algo los ponen. Correr en radio urbamo parece ser una muy mala costumbre de los latinos.

El clima de Mérida es caliente de verdad. Hay que andar muy ligero de ropas. El traje tradicional es la camisa guayabera, que importaron de Cuba y perfeccionaron. Los hombres la usan como prenda diaria, es de tono elegante y resulta muy fresca. Son caras, sin embargo.

Cerca de la capital de Yucatán se encuentra el puerto de Progreso con hermosas playas. También es digno de una visita el parque arqueológico de Dzibichaltún, con su característica Casa de las Muñecas y la construcción escalinada más larga de Yucatán.

Es un lugar al cual dan ganas de volver algún día.

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