Corcovado: bendición divina para Rio de Janeiro.

Cuando André Filho escribió la “marchinha” Cidade Maravilhosa para el Carnaval de 1935 ya hacía cuatro años que el Cristo Redentor estaba en lo alto del Corcovado. Contribuyó, sin lugar a dudas, para hacer más maravillosa la impresión del visitante a Rio de Janeiro, inspirando de mejor manera al músico que vio en esta ciudad la materialización de lo que él consideraba digno de maravillar. Luego, casi por consecuencia lógica, esta canción se transformó en el himno de Rio de Janeiro.

Hoy el Cristo es una de las nuevas 7 maravillas del mundo. No tal vez por su envergadura, que es mucha, 38 metros, ni a la altura en que está, a 710 metros sobre el nivel del mar, ni por la magnífica vista de la hermosa ciudad que desde sus pies se contempla. No, es por la impresión de estar allí, ya que llegar a lo alto, pasando a través de la Floresta de Tijuca, la mayor floresta urbana del mundo, trepar las escaleras, subir los ascensores instalados allí en 2003 con escaleras mecánicas que reemplazaron los antiguos 220 escalones, aturde y deja sin aliento. Y el Cristo te mira desde su altura monumental, te extiende sus brazos en actitud fraterna, te bendice y te emociona, de manera profunda, casi mística. A pesar del gentío que te rodea siempre, las aglomeraciones de turistas y el bullicio, hay un minuto de silencio en tu interior en el que realmente te comunicas con El. Eso es lo que hace de este lugar una verdadera maravilla.

Hoy es un sitio de peregrinación para la Iglesia Católica. No sólo para los turistas, que llegan en casi 2 millones cada año. Es el lugar turístico más frecuentado de Rio. Las fotografías que se pueden tomar desde el mirador te pueden hacer famoso. La vista sobrecoge.

Llegamos un día soleado con nuestros amigos brasileros Eduardo y Luciene. Trepamos el Corcovado en auto, en un magnífico paseo a través del bosque o mata atlántica, admirando el paisaje y la vegetación. Es frecuente que Río tenga algunas nubes que llegan a ocultar el Cristo, como nos ocurrió en otra visita a Rio en la cual no pudimos subir por estar el cerro cubierto de neblina.

La historia de este monumento se remonta al primer centenario de la independencia del Brasil, en 1922, cuando el arzobispo Sebastiao Leme quiso que un símbolo religioso honrara a la nación independiente y que se pudiera ver desde cualquier distancia. Se entregó el proyecto al ingeniero Heitor da Silva Costa quien lo desarrolló junto al pintor Carlos Oswald. Contrataron al artista francés de origen polaco Paul Landowski y a Albert Caquot para ayudar a la realización de la obra. Da Silva decía que cara (3,75 m) y manos (3,20 m) eran una verdadera escultura, pero que el cuerpo era una obra de ingeniería. Por eso esas partes se hicieron en Francia y se enviaron a Brasil en 50 fragmentos. Heitor Levy fue el constructor jefe de obras, que comenzaron en 1926, inaugurando el monumento el 12 de Octubre de 1931 en presencia del Presidente Sr. Getulio Vargas.

El financiamiento estuvo a cargo de la Iglesia y donaciones durante una semana de todos los fieles de las parroquias de Brasil. Los andamios que rodearon la obra fueron los rieles de los tranvías de Río, que estaban siendo levantados por aquellos años.

La presencia del Redentor en el punto más alto de la ciudad maravillosa parece perdonar, cada año, los excesos cometidos durante la fiebre del Carnaval. Una peregrinación hasta sus plantas, a modo de penitencia, pudiera dejar limpios los espíritus…hasta el año siguiente.

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