¡Basta ya de rayados!

En la entrada “El precio de la decencia” comentaba la indignación que genera el ver nuestras ciudades arruinadas por los rayados de las paredes, puertas, pasos bajo nivel, carreteras y cuanta superficie limpia se presente a disposición de la mano portadora de un spray asesino. Hay un daño severo a las propiedades privada y pública que queda sin sanción alguna. Cada vez que se intenta reparar la superficie, llega otro terrorista del spray para arruinarla. Y así indefinidamente.

¿Cómo no habrá alguna disposición legal, decreto, reglamento o acuerdo que impida estas manifestaciones de agresividad territorial y patrimonial? ¿Hay registros de que se haya castigado alguna vez a los graffiteros, como sucedió en Perú, ejemplo para otros países? No tengo información al respecto, y me gustaría tenerla.

Recuerdo una vez visitando República Dominicana, la ciudad de Santo Domingo, tan blanca, tan limpia y pulcra, tan digna. El pueblo dominicano es más bien pobre, la luz se corta al atardecer para ahorrar petróleo con el que funcionan las plantas termoeléctricas, la infraestructura general está en desarrollo inicial, las carreteras son malas, los recursos, escasos. La fantasía de Punta Cana y otros lugares de ensueño en la isla sólo equivalen a territorio extranjero, pues corresponden a litoral licitado a hoteleras internacionales que lucran para ellas mismas. El común del visitante llega al aeropuerto de Punta cana, que fue construido por Julio Iglesias y Oscar de la Renta para que los turistas de Europa llegaran directamente a sus grandes inversiones en Alto del Chavón y otras, y se dirigen de inmediato a uno de los grandes complejos de “todo incluido” casi sin entrar a territorio dominicano común.

Sin embargo las ciudades se observan limpias de rayados. A pesar del gran empleo del blanco, apariencia frecuente en el Caribe, donde la luz invade todo el paisaje. Pregunté un día a un dominicano que cómo era posible que la ciudad se viera tan pulcra, sin la maldición del rayado contaminando todo. Me contestó que “así era antes, mi hermano, pero se cansaron de que los moliéramos a palos”. Buena respuesta, a ellos les dio resultado.

Acá en Temuco da vergûenza transitar por las calles. Causa verdadera ira y frustración ver cómo se arruina sistemáticamente cualquier esfuerzo de embellecer una vivienda o edificio. Como el largo muro del Hogar de Ancianos de las madres Misioneras de María en la calle Senador Estébanez, que fue repintado hace un tiempo y duró con decente apariencia exactamente…dos meses. Hoy está casi como estuvo antes de la reparación ¿Qué costo tuvo esa pintura? Trabajo perdido. O la Escuela nueva de Millaray, hermosa y digna para cientos de escolares de nuestro pueblo, esfuerzo encomiable del Ministerio de Educación para proporcionar escuelas de infraestructura moderna y sólida, hoy contaminada groseramente en sus pinturas nuevas. No basta el edificio, evidentemente, para educar al pueblo. Hace falta algo más. Con seriedad. Con respeto al derecho ajeno. Con castigo ejemplificador al que viola esos derechos.

¿No será el momento de imitar a los dominicanos?

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