Perderlo todo: el triste destino de Chaitén y Futaleufú.

No hay drama más agobiante para una familia que perderlo todo. Como sucede en el caso de incendio de la vivienda. Quedar con lo puesto. Verse expuesto a la vergonzante situación de pasar a depender de la caridad y generosidad de otros, llámese Estado o particulares. Pasar de ser un núcleo social independiente a otro totalmente dependiente. Al menos, durante un tiempo indeterminado.La fuerza de una naturaleza indómita que marca los deslindes de este Chile nuestro, tan bendecido, pero también, tan golpeado, y quizá tal vez por eso mismo genera periódicamente diferentes muestras de solidaridad, ha provocado otra vez un acontecimiento que remece las conciencias nacionales. O debiera remecerlas. La erupción del volcán Chaitén, dormido por siglos, en su despertar soñoliento de hoy, ha provocado el desarraigo violento de unas 10.000 personas, de dos pueblos completos.

La vida en las cercanías de la erupción no es viable. Por eso se ha decretado la erradicación completa de un radio de 50 kilómetros del centro del volcán. Habrá intentos de rescatar algunos animales después de evacuar a toda la población. No sé si será factible paliar de esta manera la debacle económica de las familias. El Hudson en su oportunidad, con un tipo de erupción semejante a ésta, mató 50.000 cabezas de ganado.

Las familias evacuadas, todos los residentes dentro del área determinada por la autoridad, lo han perdido todo. Este todo es muchísimo más amplio que la pérdida de los bienes materiales. Casa, enseres, vehículos, animales, el patrimonio físico reunido tras largos años de sacrificio y lucha en una zona aislada y de recursos primarios apenas satisfechos, quizá ya heredados de otros que empezaron antes que ellos la transformación de esta naturaleza tan hermosa como rebelde. No. Hay también la pérdida del arraigo, del sentido de pertenencia, del pueblo que los vio nacer, la escuela donde se educaron, la iglesia donde fueron bautizados, el club, el teatro…la cultura local que ellos mismos construyeron en su entorno. Y esa sí que es una pérdida fundamental. Transforma al ser en un ente confundido y desorientado. Las esperanzas y proyectos también quedaron debajo de las cenizas. Sus líderes naturales también han quedado anonadados, aplastados bajo el peso de una realidad inmodificable.

Llega la hora de la solidaridad abierta y generosa. No por cumplir, no por compromiso, no por decir “ahí estoy yo”, no por robar pantalla. Debiera ser un sentimiento nacional y general. Un deseo genuino de acoger a estos expatriados en su propio país. Esta desgracia no es como un terremoto, en el cual los afectados, bien o mal, quedan junto a sus restos y se esfuerzan por reconstruir lo que fue, son más capaces de recuperar las fuerzas, hay una esperanza entre las mismas ruinas. Ahora no. El terreno ha quedado inhabitable, sin saber cuánto más va a durar esta erupción, cada día que pasa será más complejo ver claridad en las posibilidades de repoblar la misma zona.

Habrá que buscar soluciones integrales, entre las cuales aparece la de reubicar a la gente en un nuevo poblado, lejos de la zona de peligro, a resguardo de la furia de este Pillán maloliente. ¿Pero en estas latitudes, existe la seguridad que no va a despertar otro volcán? Hay tantos por ahí tan desapercibidos como el Chaitén ¿No debieran extremarse los estudios científicos para mejorar las técnicas de exploración de volcanes en Chile? Invertir en este tipo de ciencias parece ser una necesidad urgente ¡Llevamos dos erupciones notables en menos de seis meses! Y la actual no fue ni siquiera imaginada.

No creo en la explicación teleológica de los acontecimientos naturales, pues ello significaría una intervención sobrenatural. Y eso es materia de dogma, no de ciencia. Pero respeto a quienes creen que hay signos inexplicables, formas de sugerir conductas que vienen desde dimensiones desconocidas. Mirado así, la erupción del volcán Chaitén significará, a la larga, un poblamiento inteligente de la Provincia de Palena y quizás de otras zonas también. Es una clara invitación a nuestra clase política para plantear sanas políticas de Estado referente a áreas extremas y deshabitadas, o escasamente habitadas. Dejar de lado de una vez y para siempre aquel majadero discurso centralista y preocuparse con seriedad de las regiones apartadas, donde también hay chilenos haciendo patria. Allí no hay votos, hay ciudadanos que sobreviven en rigores no imaginados. Allá no se dirimirá una elección, pero se está en forma anónima construyendo la Nación.

Que como el ave Fénix, esta vez literalmente, Chaitén y Futaleufú resurjan con más bríos debajo de sus propias cenizas, las de su volcán, y sea la ocasión que estaba haciendo falta para que nos pongamos a pensar en profundidad en una Patria grande, soberbia, justa, autónoma, solidaria y que abarque realmente a todos. No basta ganar las elecciones, hay que construir una Nación soberana para los que han de sucedernos en esta loca geografía.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s