Condoritos y Yayitas.

Desde un tiempo a esta parte se han puesto de moda los llamados “condoros”, en particular en algunas elevadas esferas de la administración superior de este valle de lágrimas largo y angosto. Se podría tender a relacionar estas denominaciones con el popular y simpático personaje de Condorito, verdadero héroe popular del comic local, creado por el dibujante Pepo (René Ríos Boettiger) por allá por 1949 y que apareciera por primera vez en el semanario de aventuras OKAY. Nada más inexacto. Si bien a Condorito le suelen pasar chascos y situaciones equívocas, que lo hacen exclamar “¡exijo una explicación!”, nunca es culpable de meter la pata, o el ala, hasta el fondo.

Las versiones de que en la cárcel los internos se van al baño a defecar y se limpian con las páginas de la revista Condorito, originando la frase “me voy a mandar un condoro”, aludiendo al acto de defecar y del aseo con la revista mencionada, lectura abundante entre ellos, no parece adecuada. Dicen que eso dio origen al sinónimo de “condoro” con “cagada”. Pudiera ser, pero no parece probable que los internos ocupen un elemento de distracción reconocido y valioso como papel higiénico.

Más probable es que el término haya nacido en septiembre de 1989, cuando la Selección Chilena de Fútbol jugaba en Maracaná con Brasil por las eliminatorias del Mundial de Italia 90 y el arquero chileno Roberto “Cóndor” Rojas, alegando haber sido agredido por una bengala, se autoinfiere una herida en la frente para detener el partido, que Chile perdía hasta ese momento 1- 0. Ese habría sido el primer “condoro” de la historia, nada que ver en él nuestro abnegado Condorito. Lo que es justo, es justo.

A partir de ese momento, la embarrada brutal, la metida de pata, el error punible, se pasa a llamar “condoro”. Como los que hemos estado viendo, hospital de Curepto, parto en el baño de hospital clase A de la capital, cambio de guaguas en Talca, fondos de educación mal rendidos, Transantiago, ferrocarriles desaparecidos…para qué seguir. Lo que sí tiene atingencia con el personaje animado es la frase “¡exijo una explicación!” que todos los chilenos hoy lanzamos a voz en cuello para entender por qué se están haciendo tan mal las cosas, ahora, que hay más dinero que nunca, que las cifras macro causan admiración en los comités extranjeros a los cuales asisten los ministros de Economía y Hacienda, que todo parece un mundo feliz en nuestro país…

Y algo de Yayita, esa novia eterna y fiel del pajarraco, que nadie comprende cómo con tal cuerpo y talla se haya fijado en ese mamarracho…algún encanto tendrá el plumífero, probablemente sólo conocido por ella. Esa Yayita curvilínea y despampanante, natural obviamente, admirable y deseable, no pasa – por estos días –  de ser un prototipo femenino nacido de la imaginación de Pepo que va ya quedando sólo en el papel de esta tira cómica. Las Yayitas de hoy en la vida real están resultando más falsas que Judas, con el perdón de este apóstol que también ya ha sido rehabiltado a través de su Evangelio propio. Las divas tipo Yayita que van apareciendo ya no tienen nada autóctono, se han ido estirando, comprimiendo, inflando, limando, aspirando, sujetando, elevando, reabsorbiendo, implantando y coloreando a más no poder. Nuevamente la apariencia por sobre la realidad, el parecer en vez del ser, impresionar en vez de encantar. Lo artificial en reemplazo de lo natural.

Esta situación es parte también de nuestra cultura desechable de hoy. Total, si algo no te gusta, lo cambias. Aunque sea la esposa o marido, la pareja o la relación afectiva. La felicidad se busca como un producto fácil, de liquidación, el ofertón de fin de semana. Ya nadie piensa que hay que construirla con sacrificios, entregas y concesiones, amor y confianza. No. El concepto utlitario del placer efímero se impone. Y por eso es que estamos así, lamentándonos, pero sin hacer nada efectivo para cambiar las cosas.

Nuevamente me refiero a la cruzada de Pilar Sordo, a quien comentara expresamente en otra entrada, donde ella trata de colocar a la mujer en el justo pedestal que le corresponde, sin confundir femineidad con feminismo,  por lo mismo junto al hombre, no compitiendo con el hombre. Los géneros son distintos, no hay caso. Y complementarios.

¡No más “condoros”! A Condorito sus méritos y que Yayita siga siendo una mujer bien dotada por la Naturaleza y admirada por ello, pero más por lo que tiene dentro de ese encantador envase que constituye la belleza real de una mujer.

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