Kid López, “sheriff” de Sierra Gorda.

Los extraños llegaron un amanecer con carromatos entoldados, guardias armados y extrañas maquinarias. Cerraron los dos accesos al pueblo, dejaron a todos confinados  a sus casas y comenzaron a rodar una película. El ayudante de alguacil, el típico jovenzuelo copuchento y fisgón, fue raudamente a la casa de Kid López a denunciar el hecho. Anormal, inaudito, sorpresivo, el pueblo bloqueado por una tropilla de cineastas sin permiso, alterando la paz bucólica del polvoriento y adormecido poblado del desierto.

Kid se levantó como impulsado por un resorte y montando en su 4 x 4 apta para patrullar esa extensa zona de arenales y salares, se lanzó hacia el grupo de impertinentes, atropellando y haciendo valer su autoridad a voz en cuello. La película que se vivía en la realidad en esos momentos era más interesante y de de más recia acción que la que se intentaba filmar con nada menos que Bond, James Bond, el agente secreto preferido de su Británica Majestad, el invencible, el arrogante conquistador, el inmutable.

En esta ocasión, un intrépido “sheriff” rural fe capaz de atemorizarlo y hacerlo huir por el desierto, levantando polvo escondiéndose detrás de una duna. Claro quela autoridad no la sacó barata, porque el grupito traía fueros y venía protegido por la corte imperial del Reyno de Chile. Kid López debió someterse al peso de una mayor fuerza y mediante algunos resquicios legales, de esos que en forma tan experta y eficaz saben manejar las comitivas oficiales, fue reducido y retenido por no haber pagado un parte vial. Es que se había estacionado en un lugar no autorizado, debajo de la sombra del único pimiento de la calle mayor, a las 4 de la tarde, a contramano.  Pero a la sombra, cosa fundamental en el desierto mas árido del mundo. Nada valió, pero su grey o respaldó y hubo protestas.

Cuando James Bond salió desde detrás de la duna, se sacudió el polvo con elegancia, y mirando con gallardía hacia el frente, sin visualizar la figura de Kid López en las cercanías, con el  escenario ya despejado, se hizo presente para la siguiente toma, en la cual debe besar apasionadamente a la chica ukraniana. A la distancia, Kid López  observa detrás de una ventana de raídos visillos, vigilado muy de cerca por la guardia imperial.

¡Qué lástima que iniciativas como éstas, de filmar una película en Chile, con actores taquilleros, se pierdan de hacer participar a todo un poblado alejado del centro del país y de la vida más dura que sea posible llevar! Se dilapida la oportunidad de entregar a esas personas una experiencia única que compense su aislamiento y sacrificios. Si sólo se necesita una inversión previa modesta en información y participación de la autoridad local. No, se llega allí acaballadamente, ignorando el valor de la idiosincrasia local, ninguneando las posibilidades de un aporte significativo extra. Por eso estoy con Kid López, me gustó su accionar, defendió lo que le corresponde defender, quizás no con la pulcritud esperable en un edil, pero sí con una actitud valiente de un chileno bien nacido.

Conozco Sierra Gorda, pasé muchas veces por allí, me alegro que hayan encontrado una mina importante en ese lugar, me alegro que esos chilenos puedan tener un mejor pasar.

¡Eeey, iuuu, Silver!

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