Casapueblo.

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Tenía ganas de conocer este lugar. Es mucha la publicidad que se hace de este sitio, construcción blanca y original del artista uruguayo Carlos Páez Vilaró. El mismo declara haberla ido construyendo con sus propias manos y estados de ánimo, siguiendo los dictados de su inspiración, altrededor de su primer taller frente al mar, allí en Punta Ballena, frente a Punta del Este. Claro que hoy se encuentra transformado en un museo personal de Páez, en manos de una Fundación, y ha sido entregado a un hotel que aprovecha la extensión de la obra para atraer a los turistas de todas partes del mundo.

casapueblo3.jpgLlegamos a Punta Ballena una mañana de tiempo revuelto, con nubes amenazantes y anuncios de tormenta para esta parte del litoral uruguayo. El edificio y su ubicación impresionan de verdad. Una construcción blanca, brillante a la luz del sol, polifacética, pero con aires moriscos y gaudianos. Su aspecto blanco a orillas del mar, tan mediterráneo, recuerda las construcciones de las islas griegas, con sus cúpulas y redondos techos, balcones con arcos y ventanales mirando a la inmensidad del océano.

Su interior es tan sorprendente como el exterior. Pasillos, escaleras, rincones, salones y miradores se entremezclan en un dédalocasapueblo7.jpg de pasadizos a modo de un laberinto alegre, lúdico y que te lleva a exposiciones de arte de diferentes artistas que exponen temporalmente. Hay obras de escultura nacidas de la mente soñadora de Páez Vilaró, de sus inspiraciones modernistas, robots, pájaros de hierro, relojes andantes a la manera de Dalí. Las terrazas muestran rincones decorados con figuras azules de animales marinos, temática recurrente en este lugar, sirenas, y soles, muchos soles, de diferentes formas y rostros, uno por cada signo del zodíaco que sirven después para decorar tazones de recuerdo en venta en el mesón-tienda del museo.

casapueblo2.jpgEs imprescindible empezar la visita entrando a una pequeña sala de cine donde se muestra una película con la vida y obra del autor de esta genial idea de casa-taller-pueblo junto al mar. Carlos personalmente va relatando sus experiencias, sus viajes, que fueron muchos, su pasión por el africanismo que tuvo relevante influencia en toda su obra, los personajes que conoció y con quienes vivió importantes momentos de su vida, como esa relación con Albert Schweitzer en Lambarene, sobre la cual él mismo declara que tuvo la oportunidad de conocer a un santo. O esos mmentos vividos con Marlon Brando en las islas de la Polinesia Francesa, decorando una de sus viviendas.

casapueblo5.jpgAparece también Chile en esta película, y de manera notable. Un mural que pintara en la Escuela Juana de Ibarbourú en Santiago, la decoración del Radio Club de Talca y otro mural en el Hospital de San Fernando. Pero fue el hecho dramático de la sobrevivencia de su hijo Carlos Páez Rodríguez, accidentado en el avión Fairchild de la Fuerza Aérea Uruguaya el 13 de Octubre 1972 en la cordillera chilena frente a San Fernando, lo que nos hizo emocionar al escuchar su vibrante relato, su alegría al saber del rescate, el momento del abrazo enre padre e hijo: “Entre mi hijo y yo, la luna”, título de un libro que escribiera Páez Vilaró después con su terrible experiencia. Decía respecto a este documento: “La luna era el único objeto que ambos podíamoscasapuebo6.jpg ver, sin vernos. Con elevar la vista hacia el cielo era suficiente”. Nosotros también vivimos esa experiencia con la angustia de saber cómo se prolongaba la búsqueda, cómo se abandonaba la exploración de la cordillera sin obtener resultados, y cómo se lograba el milagro del rescate después que el arriero Sergio Catalán se encontrara con Roberto Canessa y Fernando Parrado ese 21 de Diciembre de 1972. Juntos vivimos la alegría de su hallazgo y re-encuentro con las familias de esos jóvenes deportistas uruguayos.

Algunos rayos de sol nos permitieron tomar fotografías más luminosas en medio de los intermitentes chubascos. Salimos de Casapueblo con la satisfacción de haber aprendido algo nuevo, de rozar un poco esa exquisita sensibilidad de un artista notable y saber que habíamos compartido con él, en la intimidad del anonimato, una emoción solidaria en los mismos momentos. La misma luna que miraban padre e hijo recibía también nuestras miradas. Y El, en el Más Allá, recibía al unísono nuestras mismas oraciones.

La tormenta nos agarró más tarde, ya de regreso, festejando con rayos y truenos nuestra experiencia en Casapueblo.

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Una respuesta a “Casapueblo.

  1. bellísimo lugar… vacacioné hace muchos años en el complejo y la verdad a uno no le alcanzan los ojos para admirar semenjante obra arquitectónica… tanta belleza… volví el año pasado con mis hijos a enseñarle el lugar donde sus padres habían pasado días maravillosos…. es para volver una y mil veces… no pierdo las esperanzas de regresar… siempre se descubre un rincón para explorar….

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