Mechoneo: ¿celebración juvenil o atavismo humillante y vergonzoso?

Llega un nuevo marzo y aparecen las típicas manifestaciones de esta época del año: regreso masivo de veraneantes, nuevas congestiones urbanas, la locura del primer día escolar, que en algunos colegios se transforma casi en un show mediático con filmaciones y fotos para el recuerdo, los gastos que revientan los bolsillos, la amenaza del pago de las patentes automotrices, las renovadas huelgas y paros de diversos sectores, terminadas las vacaciones para todos. Y el nuevo año universitario. La legión de estudiantes que por primera vez pisarán esos templos del saber y del conocimiento para aprender una profesión con la cual ganarse la vida después que lleguen a la adultez, algunos, los menos parece ahora, antes que otros, los más.

Y con este entreabrir de las puertas de la universidad, se cuela adentro también el germen de la barbarie que dejamos atrás. Aparece la fiesta mechona, el bautizo de los incautos, de los ingenuos alumnos nuevos que hay que poner rápidamente al mismo nivel de los otros que ya pasaron por esa especie de bautismo de fuego en el cual la humillación y el escarnio se adueñan del ambiente general y los aspirantes a profesionales deben morder el polvo del ridículo sometidos a la tiranía de los estudiantes más avezados.

¿Es esta una fiesta sensata? ¿Obedece a una tradición que enaltezca el espíritu universitario?¿Que prepare a los futuros alumnos a una reflexión sobre qué significa la universidad y qué se espera de ellos?¿Que establezca un contacto creador y solidario con aquellos que ya han avanzado en el camino a recorrer? ¿Que sirva para consolidar el orgullo de haber llegado hasta allí y reafirme los propósitos de triunfar, apoyados por los más antiguos? ¡De ninguna manera! Todas estas preguntas se pueden resumir en una sola respuesta con letras mayúsculas y destacadas: NO!

Está bien recibir a los nuevos estudiantes. Es necesario, y que lo hagan los pares, mejor. Da más confianza, es más aceptado y los círculos juveniles se sienten más apoyados. Pero civilizadamente, por favor. Aprovechar la instancia del comienzo para crear lazos de amistad y camaradería. Para aprender a apreciar a la universidad como lo que realmente es desde los primeros momentos. Se podría aceptar un espíritu festivo con bromas de calidad, originales, que encierren una elaboración creativa propia de un ambiente universitario, más elevadas, notables, por qué no. Ese sería un desafío inteligente. Pero qué vemos hoy: actos barbáricos de destrucción física y moral, entes semidesnudos que se exhiben por las calles mendigando una limosna para rescatar las ropas u otras pertenencias, humillados, sucios, malolientes, denigrados hasta ser confundidos con salvajes salidos de historietas anacrónicas. Y después las guerras con elementos contundentes altamente peligrosos, como esa de castañas que casi hace perder un ojo a un estudiante de Concepción, o el empleo de materiales cáusticos o tóxicos que se absorben por la piel, producen quemaduras o lesionan gravemente los cabellos y anexos pilosos del rostro. El ingreso a la universidad será para muchos un evento traumático del cual habrá que vengarse posteriormente con los que vengan detrás, creando un círculo vicioso que se agranda en una vorágine de dificil pronóstico hacia el futuro. Hay tristes recuerdos de alumnos fallecidos en estas manifestaciones y que en la universidad nunca llegaron más allá del mechoneo.

Las crónicas de las fiestas de mechoneo van adquiriendo un tono cada vez más espeluznante, cada año más caótico que el anterior, cada año más genuina la barbarie y el atavismo en el cual la peor esencia del ser humano aflora escudada en el anonimato de las masas y en la cobardía de la protección de grupo fortificado liderado por uno más brutal que el resto o más ebrio que el resto. Porque alcohol y drogas también juegan un rol en estas mal llamadas fiestas, el sexo aflora en el medio como culminación de la excitación colectiva, más ahora con la desinhibición lograda en la igualdad de los géneros, en la cual finalmente siempre es la mujer la que termina perdiendo más, y no sólo de la virginidad estamos hablando. Por allá por diciembre, junto a los exámenes académicos, muchas jóvenes suelen rendir un examen de mayor envergadura y significación en alguna maternidad.

Jóvenes, meditad. No es necesario volcar en los novatos toda esa carga de rebeldía insatisfecha y transformar estas fechas en una bacanal desatada tan alejada del sensato devenir de la vida universitaria, para muchos de nuestra generación tan llena de recuerdos imborrables de los mejores años de la vida. Además, estas manifestaciones no obedecen a tradición alguna, no son carnavales arraigados a raíces culturales específicas, no son fiestas validadas por la historia, no aparecen como un símbolo de iniciación de origen metafísico o esotérico, nada de eso. Se han ido transformando en una tradición, pero en una tradición malsana, cada año más decadente, cada vez más humillante para los afectados y para todos los demás que debemos contemplar con estupor el grado de estupidez en que nos envuelve la juventud de hoy. Y que se vanagloria de lograr el sometimiento de los mechones a los ritos más degradantes.

¡Elevemos el nivel, por piedad! Salgamos de la barbarie alguna vez, y esta no es la manera de conseguirlo. Es mi opinión.

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2 Respuestas a “Mechoneo: ¿celebración juvenil o atavismo humillante y vergonzoso?

  1. Donde está el limite de la decencia de los estudiantes?..un espacio que debería ser de encuentro y acogida,creo una responsabilidád exclusivamente de los planteles: actos que atenten contra el respeto humano? /EXPULSIÓN/…..ASI DE SIMPLE..el mechoneo es una estupidéz .

  2. Totalmente deacuerdo entrañables jovenes.
    Es una analogia perfecta de la “Ley del Gallinero”

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