Los temblores.

¿Quién no se ha despertado alguna noche con un buen remezón? Al menos en este país, donde se nos mueve el piso frecuentemente y a todo nivel. Si no, que lo digan en La Moneda. Pero no quiero referirme a estos movimientos de suelo, sino a los reales, a aquéllos que causar pánico, a los que hacen arrancar a la gente.

Para mí han sido momentos de impresiones fuertes los del 65 y 71 en Santiago, el del 78 en El Salvador, en el cual veníamos llegando de vacaciones y el terremoto me pilló en la ducha. Como estaba sin ropa, debí entretenerme atajando cosas que se caían desde arriba de los muebles mientras la familia arrancaba a un despoblado en el desierto que empezaba al otro lado de la calle. Este fue muy fuerte, acabó con lo mejor del campamento clásico de Potrerillos, allá al otro lado de la cuesta Del Jardín. Después ví con nostalgia las huellas de la destrucción en las magníficas viviendas donde vivían los supervisores, algunas de las cuales conocí: tenían un subterráneo enorme que repetía la distribución de la vivienda, a la usanza de algunas casas europeas de climas duros. Se notaba que habían sido construidas por extranjeros.

Mi madre era muy asustadiza con los temblores y nos contagió esa aprensión. Por eso cada vez que siento un temblor, se me acelera el pulso. Mi padre era inerme ante esas emociones, muchas veces se quedaba donde estaba y declaraba a mi madre, que se afanaba por salir corriendo conmigo a cuestas, “no sacas nada con arrancar, afuera está temblando también”. Tenía razón, la mayor cantidad de lesionados y fallecidos en los terremotos ocurren en las calles, golpeados por elementos que caen desde las alturas o arrollados por otros que huyen atolondradamente.

El terremoto del 60 en Valdivia fue el más grande del mundo desde que se tienen registros de la intensidad de los seísmos. Creo que fue equivalente a tres bombas de Hiroshima. Yo estaba en San Felipe esa tarde del 21 de Mayo, como a las 4 PM, con mucho calor, como suele ser en esta zona del país, paseando con mi amiga Sandra Jacques, cuando nos sentimos algo mareados de pronto y nos dimos cuenta que era el suelo el que se movía, que la ciudad entera se bamboleba, como sobre una ola gigantesca. Era el terremoto de Valdivia, el de más intensidad, que se trasmitía hasta esa distancia, unos 900 kilómetros, con la magnitud necesaria para ser detectado con fuerza en San Felipe. Ese terremoto cambió la geografía del país, sumergiendo extensas zonas después de un tsunami feroz.

Por eso la construcción es cara en Chile. Debe resguardar una serie de normas y ordenanzas de seguridad que tienden a aminorar las consecuencias de un sismo de cierta magnitud. En general, los edificios resisten bien. Pero muchos se han derruido a consecuencias de múltiples movimientos telúricos que afectaron definitivamente su estructura vital, siendo demolidos por seguridad ante la imposibilidad de rescatarlos. Eso ha significado una pérdida irreparable del patrimonio arquitectónico de nuestro país. Lo poco que queda en pie, suele ser afectado por incendios devastadores. Como ocurrió en Valparaíso hace poco en la calle Serrano. Una lástima, agregada a la ausencia de sanas políticas de conservación patrimonial. Ha prevalecido el interés económico por sobre la planificación territorial, de eso estoy convencido. Basta mirar cómo han evolucionado nuestras ciudades y cómo lo han hecho otras capitales de países vecinos. Hay diferencias a ojos vistas.

En el próximo temblor, no hay que arrancar. Basta con ponerse en el dintel de la puerta y…rezar.

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2 Respuestas a “Los temblores.

  1. Al leér este escrito me hizo recordar momentos de grán angustia…buen consejo ponerse bajo el umbral de la puerta..pero en teoría.. difícil en la práctica, no olvidaré jamás el terremoto del 60..tenía 6 años..mi Padre me tomo en brazos..a duras penas lograba mantenerse en pie,el suelo flotaba,un grito desgarrador de mi Madre /ALEJENSE VA A CAER/ que papá escucho lo hizo dirigirse a la vereda,y?..en ese instante cayo toda la esquina de nuestra casa..nos habría aplastado, era inexplicable y terrorífico…e interminable. /PAVOR /no logro aún dominar ese temor.

  2. Increíble experiencia, Tammy, gracias por el relato, es una contribución muy valiosa al tema.

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