¿Dónde está la bala?

Este título podría ser el nombre de un juego. Pero de un juego mortal. Las balas extraviadas se refieren a las de los carabineros, que hoy no pueden hacer uso de su arma de servicio so pena de sumario y justificación al dedillo del motivo del disparo, de sus consecuencias y de si era o no prudente que se hiciera tal demostración de fuerza. Como si los forajidos pidieran permiso para disparar. Al contrario, actúan a mansalva. Demostración al canto: nuevos mártires de carabineros esta semana, ametrallados alevosamente. Hoy se pide a voz en cuello desde todos los sectores que se refuerce la dotación, que se les entregue mejores elementos disuasivos, mejores recursos de defensa, mejores armamentos y protección anti-balas…mejores…,mejores…, ¿y de qué sirve? Como si no tuvieran elementos adecuados hoy. Es absurdo clamar por cascos y chalecos anti-balas, vehículos blindados y otros pormenores por el estilo, para defender al carabinero y evitar que sea muerto al ser agredido a balazos ¿No sería mejor darle atribuciones para no ser agredido? ¿Para generar en la población el concepto que con ellos no se juega? ¿Que si vamos a entrar al juego de buscar la bala, frente a carabineros tendremos oportunidades de encontrar una? No como ahora, que ellos se ven atados de pies y manos para no “herir al atacante ni tampoco las susceptibilidades de los que defienden los derechos de los que están agrediendo a carabineros”, que parecen tener más fuerza que la misma policía. Al final, los que deben proteger a la ciudadanía salen a la calle atemorizados y con escaso respaldo de quienes los envían a las calles. Eso no es invento mío, se desprende claramente de las declaraciones que han salido a la prensa pública en estos días. Porque el asunto parece estar tocando fondo. Lamentablemente, a costa de las vidas de quienes no se echan para atrás en el momento de dar la cara: los carabineros.

¿Cuántos más deberán caer heroicamente en el cumplimiento del deber para que nos peguemos la palmada y de una vez por todas demos batida de frente a la delincuencia? Hay que adecuar las leyes, por supuesto. Hay que permitir la detención por sospecha. A nadie lo detienen por estar en misa, probablemente los detenidos por sospecha se encuentran en situaciones sospechosas o alrededor de hechos delictuales. Es verdad que a veces pagarán algunos justos por pecadores, pero no hay que irse a meter entre las patas de los caballos. Curiosos, entrometidos, pajarones, debieran irse acostumbrando a alejarse de cualquier evento irregular. Sólo quedan por los alrededores precisamente los sospechosos. Esa política es disuasiva, no las de ahora que aceptan “proteger” a cualquiera que no sea sorprendido en el delito mismo, in fraganti, lo cual es difícil de poder hacer con efectividad.

Los políticos tienen mucha responsabilidad en esto. Son ellos los que dictan las políticas a seguir y fabrican las leyes a aplicar. Y no son ellos precisamente los que salen a las calles a enfrentarse con el malhechor y los riesgos de ir en desventaja ¿Qué tal si acompañaran a las patrullas de vez en cuando? Podrían hacer turnos con los jueces. Seguro que de hacerlo la realidad otra sería muy prontito.

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