Los libros de la señora Marlene.

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A veces se encuentran sorpresas curiosas en este deambular de aquí para allá. Situaciones que se presentan de improviso, hechos que están un poco fuera de sitio, sin llegar a ser inadecuados en sí mismos, sólo que te sorprenden al encontrarlos en el lugar menos esperado. Y es lo que me ha pasado en la Plaza de Armas de Pitrufquén con el puesto-kiosko-librería-de viejo de la señora Marlene.

En plena plaza de este simpático pueblo situado a 30 kilómetros al sur de Temuco, en medio de una modesta feria de pequeños locatarios que venden de un cuanto hay, me encontré una librería de viejo, como esas antiguas que visitaba en la calle San Diego del Santiago de mi juventud, llena de antiguas novelas, de libros de autores ya descoloridos por el abandono de sus lectores más fieles, revistas y publicaciones varias. Sorprendente, como algo un tanto anacrónico, un pequeño oasis de cultura en medio de la nada, una voluntad deseosa de poder ganarse el sustento a través del intercambio de lecturas…y creer que es posible todavía, un alma romántica sobreviviente, encomiable. Por eso deseo destacarlo. No había visto nunca nada semejante en Chile, de verdad.

Me acerqué al kiosko con curiosidad. La señora Marlene me atendió, muy afectuosa, muy orgullosa de tener este lugar para intercambiar libros y vender lecturas antiguas. Me permití hurgar entre algunas de sus “novedades” y me encontré dos libros de Frank Yerby. Gran autor, acompañó largas horas de incitantes aventuras literarias de mis años mozos y hoy casi un desconocido. Cómo no recordar sus novelas más clásicas, como “Cuando la ciudad duerme” de 1946, rotundo éxito, y “Pasiones humanas” de 1947. Le compré a la Sra. Marlene “Entre la ambición y el amor” (Pride’s castle o Promesas rotas), novela escrita en 1949 y que no había leído. Libro impreso por Editora Zig Zag en Santiago el año 1950, apenas un año dspués de su publicación en Estados Unidos. “El cielo está muy alto” me impresionó de gran manera cuando lo leí a los 16 años. Este autor nació en Augusta, Georgia, USA, en 1916, como descendiente de afroamericanos y se le atribuye haber tenido dificultades con el Ku-Klux-Klan, recibiendo amenazas, por lo que debió emigrar a Madrid, donde falleció en 1991.

Tal vez la señora Marlene, dentro de su sencillez de habitante de una pequeña localidad provinciana, alejada de las congestionadas urbes, está contribuyendo, casi sin saberlo, a ser un motor de difusión de la cultura, fomentando el hábito de la lectura amena, solucionando por poco dinero las necesidades escolares, haciendo patria por un Chile mejor y más culto. Quizás se necesiten muchas más señoras Marlene y no tantas reformas educacionales que nadie entiende. Leer sigue siendo el gran vehículo del desarrollo de los pueblos.

Como escribió Fabiana Daversa:”Cuanto más se ejercita el lenguaje a través de lectura y escritura, más se amplía la percepción del universo”. Y tener una visión cabal de éste es indispensable para volar más alto.

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2 Respuestas a “Los libros de la señora Marlene.

  1. No es tán improcedente encontrar kioskos como el de la señora Marlene,en mi ciudád se encuentra instalado uno,hace años..en verano colocan tablones,que sirven como base para poner los libros que son vendidos a muy bajo precio,es muy relajante curiosear en la busqueda de alguno,que nos llegue para llevarlo…la ciudad ha la que me refiero es la cuna de:Neftalí Ricardo Reyes Basoalto…que en 1917 adoptó el seudónimo conocido como :Pablo Neruda….PARRAL.

  2. Bien Amparo, me alegro que en la cuna de don Neftalí se preocupen de difundir la cultura escrita. Es casi un deber de esa localidad, y no con tablones, creo yo…

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