Comelibros 2007.

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Siguiendo una tradición que resume mi actividad lectora durante el año que ya termina, paso a comentar muy brevemente los títulos leídos en el periodo. Fueron muchos, afortunadamente, algunos muy entretenidos, otros más técnicos debido a mis estudios este año en un Magister de Educación Universitaria en la Universidad Mayor, que demandó lecturas propias.

Tempranito el verano cmenzó con El escándalo Modigliani, de Ken Follet, aventura artístico-policial bastante original. Ya a mediados de enero las emprendí con Pasiones griegas de Roberto Ampuero, que había recibido para Navidad. En su estilo Ampuero es notable, te mantiene en vilo y despierta sensaciones en las fibras interiores. De vacaciones en un crucero por Brasil, llevé un libro gordo, Assassini, de Thomas Gifford, en la línea de las sectas secretas que pretenden desacreditar a la Iglesia Católica, muy de moda en estos tiempos desde El Código de da Vinci. Terminé el verano con La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, una historia alucinante sobre un incunable en la Barcelona modernista. Estupendo. Andanzas por Rusia, de Pablo Huneeus, sirvió de relleno, entretenido, de ahí tomé algunas ideas para comentar los artículos del Transantiago que empezaba ya a hacer tristes noticias. Vino después Operación Conejo Rojo, de Tom Clancy, un remake de espionaje al estilo de la Guerra Fría, para seguir más tarde con Jesús o el secreto mortal de los templarios, de Robert Ambelain, que se relaciona directamente con La revelación de los templarios, de Lynn Picknett y Clive Prince que leí después. Cada libro en esta línea va develando un misterio aún no resuelto: la existencia y destino real de los monjes soldados y su papel en la historia. Lain Ribeiro me mostró que El éxito no llega por casualidad, lo cual es una gran verdad. Ahora llegó Pilar Sordo y Viva la diferencia, impresionándome más de la cuenta al percatarme que mi propia línea de pensamiento estaba orientada en la misma dirección que la de esta destacada psicóloga. Defiendo con calor sus planteamientos. La cena secreta, de Justo Sierra, me hizo desear poder visitar el Cenacolo alguna vez en Turín. El mono obeso, de José Campillo Alvarez, me abrió todo un mundo de comprensión hacia la evolución de la resistencia a la insulina y el origen darwiniano de la obesidad. Llegó el turno de empezar la saga de Arturo Pérez Reverte con El capitán Alatriste, junto a Carlota. La maldición de Copérnico, de Philipp Vandenberg, recrea notablemente la época de las primeras imprentas. El primer libro de Valerio Massimo Manfredi que leí fue uno de sus más recientes trabajos: El imperio del dragón. Por estas fechas terminé de leer La inteligencia emocional de Daniel Goleman, libro empezado años atrás y que fue necesario repasar con ocasión de mis estudios. La Evaluación en una concepción de aprendizajes significativos, de Pedro Ahumada, fue otro libro técnico necesario, al igual que Lectura y éxito escolar, de Eric Janet. El libro de mi amigo Fernando Vigorena, No levante muros, construya puentes, fue un agradable refresco a estas alturas del año. Finalizando casi el periodo, Muerte a los latinos de Fernando Villegas aparece como una novela shock muy típica de este sociólogo. Y termino con César Vidal y Los hijos de la luz, apasionante relato de oscuros intereses vinculados a movimientos filosóficos secretos. Son 21 títulos, buena producción de lectura en una variada gama de temas y estilos. Quedo satisfecho.

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