Lugares exclusivos para fumadores: un absurdo sanitario.

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Mucho se ha escrito sobre el tabaco y la salud, y también enorme evidencia se ha acumulado relacionada con el daño que el tabaquismo produce en la salud humana. Hemos ya hecho algunas menciones al problema en este mismo blog (Fumar es un placer…Día D para los no fumadores…etc) y en otras publicaciones, pero nunca está demás destacar los aspectos negativos que el hábito de fumar genera.
En esta ocasión quisiera destacar la absurda situación que se produce en los llamados “lugares para fumadores” que se han establecido en restaurantes y otros lugares. Son una especie de gettos que se han creado para encerrar a los que gustan de echar humo por todas partes. Se ha delimitado un espacio para que sea contaminado por ellos sin alterar el buen aire que desean respirar los demás contertulios del local. Quedan relegados a una prisión fumarolada de espeso ambiente que debe ser compartida igualmente por los empleados del recinto que los atienden. Lo cual no me parece de justicia, ya que ellos no necesariamente pueden estar de acuerdo con aspirar el tóxico humo de los cigarrillos. En Inglaterra se solicitó una orden de protección por parte de empleados de pubs llenos de humo para salvaguardar su salud. Y con razón, ellos tenían su trabajo y se desempeñaban bien ahí, pero no tenían por qué exponerse a enfermar por el hecho de trabajar en ese lugar. Hay jurisprudencia que defiende los derechos de los trabajadores para laborar en lugares y condiciones seguras para su integridad física. La polémica se resolvió impidiendo el humo de tabaco en todos los lugares públicos. Y es tan extremo, que no se permite fumar en los estadios ni en las playas, como ya ocurre en el Estado de California. Los fumadores tienen que convencerse finalmente que su propio hábito es nocivo para los demás y que hay que respetar los derechos de los otros que no fuman.

Pero analicemos un poco esto de los espacios para fumadores. Es un absurdo. La autoridad, ¿defiende o no la mejor salud de la población? ¿Está preocupada por mejorar los estándares de salud de la comunidad? ¿Sigue las recomendaciones de la OMS que reconoce que suprimiendo el hábito de fumar mejoraría radicalmente la salud mundial, disminuyendo en forma dramática la frecuencia de infartos y accidentes vasculares, cáncer y enfermedad respiratoria crónica del adulto? ¿Y habría millones de dólares disponibles para invertirlos en programas destinados a luchar contra el hambre, las enfermedades trasmisibles y el SIDA?

Una investigación difundida por el Ministerio de Salud determinó que los costos directos anuales de la atención médica de las enfermedades atribuibles al consumo de tabaco en el servicio público alcanzaban en 2001 en Argentina a casi 4.900 millones de pesos, un monto que representaba el 17,6 por ciento del total de gasto de salud. El tabaco desangra los recursos de la economía mundial a razón de 200.000 millones de dólares anuales, según el Banco Mundial. Los ingresos tributarios del tabaco no compensan estos costos. En los países de ingresos altos, la atención de salud para tratar las enfermedades causadas por el tabaco constituye entre el 6% y el 15% de todos los gastos sanitarios. En Chile, por ejemplo, sólo el tratamiento adecuado de todos los casos de cáncer de pulmón causados por el tabaco representaría el 6% de los gastos en salud. El tabaco en la actual década es el causante del 30% de las muertes ocurridas en la población de 35 á 69 años, del 21% de las muertes coronarias, el 18% de los accidentes cerebro-vasculares, el 82% de las enfermedades bronco-pulmonares obstructivas crónicas y el 87% de las muertes por cáncer de pulmón. En EEUU origina 13.000 millones de dólares por impuestos, pero afecta la economía con gastos por alrededor de 100.000 millones. Estas cifras muestran elocuentemente el mal negocio que para la humanidad ha significado mantener una adicción tan extendida y nos estimulan a ayudar al fumador a dejar el tabaco y a impedir que los jóvenes incursionen en su consumo. El Gobierno del Uruguay, liderado por el Dr. Tabaré Vázquez, médico oncólogo, asegura que “luchar contra el tabaquismo es una de las tareas más importantes de nuestra política sanitaria; debemos seguir atendiendo las consecuencias del cigarrillo sobre la salud de la gente, pero fundamentalmente, tenemos que trabajar para evitarlas.”

Hay informaciones que indican que los pobres tienen mayor probabilidad de fumar que los ricos y las familias pobres gastan un mayor porcentaje de sus ingresos en tabaco. En México, en 1998, el 20% de los hogares más pobres gastó casi 11% de sus ingresos en comprar tabaco, mientras que el 20% más rico gastó sólo el 1,5%. Como resume el informe Tabaco y Pobreza de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “el tabaco contribuye a la pobreza a través de la pérdida de ingresos, pérdida de productividad, enfermedad y muerte. Juntos, tabaco y pobreza conforman un círculo vicioso del que a menudo es difícil escapar”.

Considerando todos estos antecedentes, resulta incomprensible que se den facilidades a los fumadores para desarrollar su pernicioso hábito. Fumar, a mi juicio, es una opción personal, y habrá que defender el derecho a tenerla de cada uno, independientemente de que sea nociva. Por supuesto que hay que favorecer las políticas tendientes a desmotivarla y apoyar a quienes desean librarse de ella. Es un problema mayor de salud pública y la autoridad debe propiciar conductas no motivadoras del tabaquismo, en ningún caso favorecer su mantención. Por eso la autorización de lugares aptos para el consumo de tabaco, cerrados, con elevado nivel de contaminación por humo tóxico, aparece como una conducta inadecuada y no consecuente con el propósito final de controlar el hábito de fumar. Cada cual puede hacerlo, pero no como derecho público, sólo como opción personal, deletérea y de riesgo sanitario que cada cual debe asumir con responsabilidad propia y la autoridad sanitaria deberá enfrentar como una forma más de adicción que atenta contra la salud, la calidad de vida y la longevidad.

Quizás habría que seguir a Joaquín Sabina cuando dice:…”Enciendo un cigarrillo y otro más, un día de estos he de plantearme muy seriamente dejar de fumar con esa tos que me entra al levantarme…”

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2 Respuestas a “Lugares exclusivos para fumadores: un absurdo sanitario.

  1. Para saber cuanto tiempo llevás sin fumar, visitá http://www.defumar.com.ar

  2. Nuevamente creo haber anticipado lo que hoy está ocurriendo con la nueva Ley del Tabaco. Se suspenden estos lugares trampa de humo que solamente ayudan a que los fumadores se mueran más pronto y no protegen a los que están al otro lado del muro, tal como ha quedado científicamente demostrado. Por fin hay una actitud de verdadera defensa del derecho a respirar aire limpio de los que no desean fumar. Y permanecer sanos ¡Ahora sí podré ir a los casinos y divertirme igualmente que los fumadores, quienes gozaban de los mejores derechos! Los no fumadores fuimos discriminados por largo tiempo en beneficio de quienes echaron humo. Ahora les toca a ellos.

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